ANDREA ANDERSON
Estamos llegando a la mansión Anderson. Ningún miembro de la familia quería quedarse un solo minuto más en Alemania luego de que Cristhian y yo les contáramos nuestra conversación con Alexsa.
Son alrededor de las siete de la mañana cuando entramos al salón. Estamos agotados; fue un viaje de más de diez horas. Sin embargo, nadie quiere ir a descansar. Tampoco hemos hablado mucho desde que les explicamos todo. En cierto modo, no sabemos qué decir; han sido demasiadas emociones en solo tres días. Sabía que el viaje a Alemania marcaría un antes y un después en mí, pero jamás esperé lo que realmente sucedió.
En todo el vuelo no he dejado de pensar y analizar cada situación que he vivido desde que llegué a Nueva York. Definitivamente todo es una maraña de problemas y confusión, pero en mi vida, ¿qué no lo ha sido?
Tampoco se me va de la cabeza la idea de que quizás yo no sea la única víctima de Alex. Hay una vocecita insistente que me dice que mi querida primita no es tan perra como aparenta.
-Martha, sirve el desayuno, por favor -pide Marcia a la encargada de la mansión.
-Pensé que primero tomarían un descanso, señora -responde ella. Sería lo normal si alguno pudiera pegar ojo.
-No, Martha -interviene Esteban mientras todos tomamos asiento en el gran salón.
-Tú sí deberías intentar dormir un par de horas -me dice Irina, con la preocupación grabada en el rostro.
-Lo haré luego de comer algo -de verdad lo intentaré.
Mis bebés son mi prioridad, y si por ellos tengo que dormir, así será. Ninguno de los hijos de puta que me trajeron a este mundo podrá impedirlo.
-Bien -murmura mirando a Cristhian, sin saber qué más decir.
El silencio se vuelve denso, tormentoso. Siento que nadie se atreve a pronunciar una palabra por miedo a hacerme sentir mal o por lástima, lo cual me resulta mucho peor.
-A ver, ya -los miro fijamente-. El hecho de que el cabrón de Alex haya usado sus contactos para sacar a Dereck de la cárcel con la esperanza de que me mate tampoco es para tanto -todos me miran como si mi cordura se hubiera quedado en Alemania-. ¿Qué? Ya lo intentó una vez. Alexsa no contó nada original. Esta película ya la vi y no hay razón para hacerse los sorprendidos.
-Primero, Dereck no te va a tocar un solo cabello. Segundo, no minimices la situación -me exige Cristhian, apretando la mandíbula con una tensión palpable.
-Sé que no me pasará nada -le digo con absoluta convicción-. Y no estoy minimizando la situación, simplemente no es nada nuevo para mí. Me niego a que todo esto siga dictando mi vida -me pongo de pie-. Tengo el trabajo de mis sueños, estoy casada con el hombre que amo, voy a ser madre -algo que nunca consideré una opción- y al fin tengo una familia que me quiere y a la cual quiero. ¿Es un pecado querer enfocar mi atención en eso y no dedicar ni un solo minuto a los que llevan toda una vida haciendo fila para joderme? No. Quiero disfrutar mi presente y mi futuro, y no voy a permitir que esas escorias me roben eso.
Veo orgullo, y algo mucho más profundo, en los ojos del hombre que me ama y a quien amo con la vida.
-Estoy de acuerdo contigo, Andreita -dice Marcia, colocándose a mi lado para apoyarme.
-Sí -coincide Esteban-, pero igual hay que triplicar la seguridad de todos. Esta vez no quiero sorpresas -todos en el salón entendemos el peso de sus palabras. Esteban no se perdonaría jamás si sucediera lo mismo que pasó con mi suegro.
-Yo me encargo de eso, papá -interviene mi tocayo.
Esteban asiente, visiblemente agotado. Se levanta y toma la mano de su esposa.
-Vamos a cambiarnos antes de tomar el desayuno -le dice, guiándola hacia las escaleras.
Todos volvemos a un profundo silencio, supongo que ellos también tienen que acomodar sus ideas y es algo completamente razonable.
-Me tranquiliza mucho que estés consciente de que no vale la pena perder energías en esa pandilla de ratas -Eli retoma la conversación mientras se acomoda en su asiento, incómoda.
Sé que hay algo más que la tiene intranquila, y por la forma en que Damián la observa, él también se ha dado cuenta.
-¿Qué sucede, princesa? -le pregunta él, acariciándole la mano con ternura.
-¿Soy la única que no puede dejar de pensar en Alexsa? -pregunta con un hilo de voz, midiendo cada palabra-. A ver, tengo claro que Alexsa siempre se ha comportado como una grandísima hija de puta. Yo fui la primera en odiarla y hasta hace nada creía que si había alguien fiel a Alex hasta la médula, era ella. ¿Pero realmente soy la única que piensa que tal vez la están obligando a casarse con ese abogado? La noche de la fiesta de compromiso la vi siendo la misma zorra de siempre, pero esa misma noche llamó a Cristhian para alertarlo de que se llevara a Andrea. También les dijo lo que sabía sobre las intenciones del viejo decrepito de Alex respecto a Dereck. Es más que obvio, como nos comentó Andrea, que fue Alexsa quien envió las grabaciones, y está claro que lo hizo para que ambos supieran que no se habían acostado. Sigue siendo una perra, después de todo hablamos de Alexsa, pero está ayudando. A su manera, pero lo está haciendo.
-No, Eli, no eres la única que piensa en ella -le confieso-. Estuve todo el vuelo dándole vueltas a todo y también creo que ese compromiso es un mero negocio.
-Por lo que escucharon en la llamada, ¿creen que la maltrata? -inquiere Andrés, con la intriga dibujada en los rasgos.
Un escalofrío me recorre el cuerpo. Cristhian lo nota de inmediato y me rodea la cintura desde atrás, pegándome a su pecho.
-No sabría decirles, tío -le responde Cristhian-. Aunque no le vi moretones ni marcas cuando fue al hotel.
-Ni las vas a ver -intervengo-. Aunque estén ahí, nadie las verá jamás -la tensión vuelve a apoderarse de la habitación con mi comentario.
Eli me mira y en sus ojos veo la absoluta comprensión de mis palabras.
-Alexsa es demasiado orgullosa como para permitir que alguien la vea herida -asiento en respuesta a la aclaración de mi mejor amiga.
-Por eso minimiza todo con la excusa de que no le pasó nada, incluso el hecho de que Alex la drogara y permitiera que sus hombres la desnudaran, a sabiendas de que pudieron haber abusado de ella -añado.
-A cualquier mujer le destrozaría el alma saber que su abuelo, la persona que más debería protegerla, la puso en una situación tan vulnerable -coincide Irina, con un tono lleno de gravedad.
-Alexsa no es la excepción. Ella sabe perfectamente la magnitud del peligro que corrió aquella noche y el que aún corre, pero por algún motivo prefiere mirar hacia otro lado -menciona Patricia.
-No es que elija mirar a otro lado, es que es el único lado que conoce -le aclaro-. Lo digo por experiencia.
-No digas eso, tú decidiste salir de las garras de Octavio -me recuerda Cristhian, apretando suavemente su agarre.
-Logré salir porque sus garras no eran tan largas como las de Alex. Además, yo podía huir sin mirar atrás; Alexsa tiene a sus padres, quienes es obvio que desconocen toda la pudrición que los rodea.
-Podría refugiarse en ellos -insiste Irina.
-No cuando te adoctrinan. No cuando te inculcan el miedo desde pequeña. Ustedes mismos me han dicho que Alex fue quien la crió, porque Olek y su esposa vivían primero en Alemania y luego se encargaron de los negocios en Francia.
-¿En serio creen que el viejo le pegaba desde niña? -pregunta Damián, consternado.
-Hay maltratos mucho más eficaces que los golpes, Damián -le respondo con firmeza.
-Me da pena -admite Patricia-, pero siempre fue una hija de puta con Eli.
-Ser una hija de puta no es un pecado cuando representa tu única opción de supervivencia -los miro a todos; me observan como si me hubiera vuelto loca-. Vamos, ¿realmente soy la única que piensa que Alex tenía planeado este supuesto matrimonio desde hace mucho? El compromiso no surgió de la nada.
-¿Qué estás insinuando, sirenita? -inquire Cristhian.
-Digo que estoy casi segura de que Alexsa nunca odió genuinamente a Eli, al menos no al principio.
-No entiendo -Damián arquea una ceja mientras abraza a Eli.
-Alexsa estuvo primero interesada en ti, Damián, ¿verdad?
-Sí -responde Patricia.
-Bueno, era obvio que tenía a Eli como contrincante, aunque Alexsa nunca hubiera estado realmente enamorada de ti. Recuerdo que la primera vez que la vi, lo que más noté fue su afán por llevar el apellido Anderson. Era lógico que fuera una perra contigo - señalo a mi mejor amiga-. Cuando ustedes dos se casaron de repente, su objetivo pasó a ser Cristhian; de ahí vino el odio hacia mí. Y si a eso le sumas que somos amigas, pues el amigo de mi enemigo es mi enemigo. Cristhian y yo nos casamos, y la última carta la jugó Alex cuando los drogó y me envió las fotos para intentar separarnos. Vio que no lo consiguió y automáticamente pasó al plan B: Yam Oskay. Una semana después de las fotos, Alexsa fue a mi oficina a decirme que se iría a Alemania y a ratificar que ninguno de los dos había querido que pasara lo que creíamos que había sucedido. Ella nunca estuvo interesada en ninguno de ustedes y, desde luego, no ama a ese abogado.
-¿Crees que solo quería el apellido? -pregunta Irina.
-Creo que Alex solo quería un apellido, el que fuera, siempre y cuando lo ayudara a multiplicar su imperio. También creo que el apellido Oskay estuvo entre los primeros de la lista, pero se nota a leguas que ese abogado está cortado por la misma tijera que Alex. Así que, ya que Alexsa tenía que amarrarse a un apellido importante, más le valía que su futuro esposo no fuera una copia de su abuelo. Justo ahí entran los Anderson. Solo que no lo consiguió y terminó en las manos de su futura pesadilla. Analicen los puntos: todo fue demasiado rápido como para no estar fríamente planeado.
-Tiene sentido -admite Cristhian, pensativo.
-Desde luego que lo tiene -lo apoya Andrés.
-Siempre supe que no estaba enamorada de Cristhian ni de Damián; lo tomaba como un capricho que su abuelo le permitía. Pero visto lo visto, no me sorprende que sea como dices -analiza Irina.
-Aún así, eso no justifica su modo de actuar -Patricia se lleva las manos a la cara, exhausta.
-Cada uno intenta sobrevivir como puede, Patri -le digo con suavidad.
-A ti intentó matarte tu propio padre y no por eso le estás jodiendo la vida a los demás -me recuerda.
-No. Por suerte los conocí a ustedes. Por suerte Irina me dio aquella beca. Porque si hubiera tenido que seguir sola... -trago saliva, sosteniéndoles la mirada-, siendo completamente honesta, no sé hasta dónde habría sido capaz de llegar -hago una pausa pesada-. Cuando estás en la mierda, no piensas en lo correcto. Piensas en sobrevivir. En no hundirte. En levantarte al día siguiente aunque ya no te quede nada por dentro. Y yo habría hecho lo que fuera para seguir adelante. Lo que fuera. Incluso pasar por encima de quien se interpusiera en mi camino -mi voz no tiembla-. Porque solo quien ha estado realmente en el fondo sabe lo que cuesta no quedarse allí. Sabe lo que duele luchar cada día contra la sensación de que vas a hundirte un poco más. Y cuando sobrevivir se convierte en tu única opción... descubres que eres capaz de cosas que jamás imaginaste -me miran con una mezcla de orgullo, amor y comprensión que me estremece-. No justifico las acciones de Alexsa, pero sabiendo que lo más probable es que haya vivido un infierno parecido al mío, no la juzgo.
¡Hola!
Mis amores espero que este capítulo les guste y de todo corazón esperare con ansias sus comentarios, quiero leer todas sus conjeturas sobre los análisis hechos por Andrea sobre Alexsa. Necesito saber que piensan de todo esto.
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POR UN CONTRATO
Romansa✅EN FÍSICO Y EN DIGITAL A TRAVÉS DE AMAZON Dicen que el presente solo dura un segundo y que toda tú vida puede cambiar en ese mismo tiempo. Justo eso le pasó a Irina, su vida cambió radicalmente, de una forma que ni ella misma esperaba . Irina Jenn...
