Cap. 14

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En este momento podría llamar por teléfono a papá, pero no tenía celular. Maldita sea, cuando estemos en el pueblo debemos comprar celulares para todos.

Decidí ir a ver como iba Tony, así que me dirigí a la sala de cirugías. Esperé un rato a que saliera alguien, mientras tanto me la pasé leyendo revistas de vida sana y esas porquerías. La espera me volvía loca. Después de largo rato, salió un doctor mirando para todos lados, seguramente tratando de hallar a algún familiar.

- Es usted familiar del paciente Yeun? - preguntó dirigiéndose a mí mientras se sacaba los guantes de látex empapados de sangre.

- Soy su prima. Vengo en parte de toda la familia, verá, acaba de fallecer nuestro tío y soy la única que puede quedarse aquí.

- Bien. Disculpe mis palabras, pero el paciente está realmente jodido. Si bien no corre riesgo de vida, la pierna malherida corre peligro.

- Pero, ¿como? ¿No se puede hacer nada?

- Lamentablemente en este caso, no. La única manera es amputar su pierna.

- Mierda. Pues, no soy quien para tomar esta decisión pero, adelante.

- Agradezco su valentía. La cirugía será dentro de un par de días, deben estar preparados para todo ya que este tipo de operación conlleva muchos riesgos.

- Está bien doctor. ¿Que pasará con mi primo en este momento?

- Está sedado y no despertará hasta después de unas horas.

- Bueno, yo debo irme. Hasta luego -

- Espere, que ha pasado con su hombro?

- Ehhh... también me balearon, pero no es nada.

- Señorita, eso es muy grave. Debe atenderse cuanto antes.

- Volveré dentro de un rato, si? Ahora debo irme a ver a mi tío.

- Entonces la espero en el consultorio 5 de la tercera planta, ¿vale?

- Vale. Adiós.

Rayos, más y más complicaciones. Pero bueno, vendré a atenderme ya que mi hombro dolía bastante.

Aprovechando que mi primo estaba sedado, pude ir hasta la sala de velatorios de la ciudad a pie, claro. Ya me las pagaría Kim, y muy caro.

Una vez llegué, tuve que adivinar en qué sala estaba mi tío. Las salas estaban ordenadas por letras hasta la H. Recorrí los pasillos y finalmente encontré la sala, era la F. 

Ahí estaban todos, y cuando digo todos, también me refiero a las mellizas, mi abuela, mis cinco hermanos, mi padre, mi tía y el pequeño Tomas. 

Me dolió la imagen que veía. Carl empapado de lágrimas con su cabeza pegada a la frente de su papá y Alexa abrazando a su hijo por detrás con sus ojos rojos. Cuando entré a la sala, todos elevaron sus cabezas hacia donde estaba yo. Papá, y todos los demás estaban sentados en unas sillas que estaban pegadas a la pared en lo largo de toda la habitación. Tomas estaba a upa de mi abuela, dormido. 

Me acerqué hasta donde estaba mi primo y toqué su hombro, él levantó su cabeza y aflojó el agarre de los brazos de su madre. Instintivamente lo envolví en un abrazo muy fuerte. Carl lloraba en mi hombro mientras yo frotaba su espalda en señal de pésame. 

- Discúlpame, sé que debí donar sangre para el - dije suavemente en el oído de mi primo. 

- No iba a bastar con tu sangre ___. Agradezco tu disposición prima. - contestó Carl casi sin poder articular bien sus palabras. Nunca imaginé verlo así. Él y su padre no se veían nunca, y no puedo entender de donde nació ese cariño entre ambos que ahora descendía en forma de lágrimas por las mejillas de Carl. 

Luego de romper el abrazo, decidí ir a hablar con papá. Me acerqué y estaba serio, lo entendía. Yo no podría ni siquiera pensar en perder a alguno de mis hermanos, por más inútiles que sean. 

- Papá

 - ¿Qué le ocurrió a tu hombro, ___?

- Eso no importa, Tony está en el hospital grave.

- Maldición, tenemos toda la mala suerte del planeta. ¿Qué pasó?

- Pues, los Kim nos balearon. Y se robaron la camioneta de Carl.

- Desgraciados, juro que cuando pase toda esta mierda, los mataré uno por uno con mis propias manos. 

- Obviamente no lo dejaremos pasar, ahora, solo vine a dar mi pésame. Tengo que ir a ver como está Tony y debo revisar mi hombro. Cualquier cosa estoy en el hospital central. 

- Está bien. Oye, ¿y esa campera?

- Ehhh, es de Tony. 

- Ah, vale. 

Justo cuando me preparaba para irme, por la puerta entró Claudio. Lo miré muy mal. Gracias a su miedo mi primo estaba a punto de ser amputado. Antes de que cruzara la puerta, lo frené posicionando mis manos en su pecho. 

- Dame las llaves del auto. 

- ¿Para qué las quieres? - contestó de mala manera.

- Mira, no te hagas el ofendido porque si no hubiese sido por mi y tu primo, que por cierto está en el hospital grave, el que estaría en un cajón serías tu, ¿vale? Entrégamelas. 

- Estaba en shock, no podía hacer nada.

- Estabas cagado, marica. Dame las llaves.

Claudio refunfuñó y me las entrego aplastándolas duramente contra mi mano, la que estaba conectada con mi hombro herido, y por ende, hizo que me doliese más de lo que me dolía. 

Antes de retirarme del lugar, decidí llevar al niño conmigo, no se veía tan cómodo en la falda de mi abuela. Tampoco quería que estuviese en un ambiente así, era muy pequeño para esas pasar por esas cosas. Me acerqué y lo agarré a upa, y sin más me retiré de allí. 

Una vez ubiqué el auto, subí a Tomas en el asiento trasero y le puse su cinturón. Él no se dio cuenta ya que iba profundamente dormido. Me di cuenta que iba muy desabrigado, por lo que tuve la obligación de abrigarlo. 

Recorrí la ciudad hasta que encontré un local de ropa mixto. Bajé con el niño en brazos y busqué algún buzo que le quepa. Cuando terminé de pagar, nuevamente lo subí al auto ya con su abrigo puesto. Ahora sí, emprendí viaje al hospital. 

Camino hacia éste, sentí que algo andaba mal. Tuve la sensación de que algo o alguien me seguía, hasta que vi un auto blanco polarizado que venía justo detrás nuestro, ahora que recuerdo, ese auto me seguía desde que salí de la sala de velatorios. Iba a averiguar quién era el que conducía ese vehículo, y qué quería.








Destructora (Kai y tú)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora