—O en este preciso momento llamo a tu familia y es informo de nuestra relación.
—Hazlo, me vale. ¿Y sabes? De antemano, esto termina aquí, Kim. —dije. No podía creer que me amenazara con eso. Si mi familia se enterara, probablemente me matarían y se sentirían muy defraudados. Soy la única hija de papá y la única hermana de los 5 hombres. Papá se enfadaría mucho, lo sé. No por el hecho de que esté de novia, si no porque mi novio es el hijo de su peor enemigo. Pero si así lo decide Kim, cagarla, pues que se la aguante. Desde pequeña mi familia se encargó de subir mi autoestima tanto que me atrevo a decir que soy una mujer que no se encuentra en ningún lado.
Mi enfado era tan grande en ese momento que logré que Kai soltara mi mano. Me di la vuelta y de una vez por todas me decidí a matar a aquella perra.
Sentí que caí al piso muy brutalmente. Me quejé por el dolor ya que mis nudillos se habían pelado tras el intento de detener mi rostro antes de que se estrellase contra el piso. Elevé mi rostro y vi que Kai estaba mirándome. Miré para todos lados tratando de encontrar a la tipa y no estaba. Había escapado. Di un grito de impotencia muy fuerte. Me di cuenta de que el que me había aventado fue Kai, la joven no tenía fuerzas ni para parpadear.
—¡Te odio, maldito hijo de puta! ¡Te odio! —sin más me retiré del lugar. Me sentía defraudada y a la vez sentí que había defraudado a Anne. La actitud de Kai me había parecido bastante sospechosa, ¿defender a alguien que deja al borde de la muerte a una criatura indefensa? Eso ya era el colmo.
— ____, ¡Espérame! —gritaba Kai detrás mío. Aceleré mi paso y traté de escapar de él. Mi destino era llegar al hospital para estar un rato con la bebé. Tomé un camino diferente, más largo. Pero aún así debía escapar de Kim.
Llegué muy agitada ya que venía con toda la adrenalina y el dolor encima. En recepción pregunté por Anne y me dijeron que estaba en terapia intensiva, y que podía entrar sólo si me ponía un traje. Pregunté en donde lo conseguía y me enviaron a la guardia de hospital, en la portería. Lo retiré con un ticket que me habían dado y me lo coloqué sobre la ropa. Cuando estuve completamente lista, fui al sector de terapia. Era muy, muy grande. Cada camilla estaba separada de las demás con una cortina. Pasé por un largo pasillo lleno de personas internadas hasta que casi en la mitad hallé a Anne. Tan chiquita y luchando por su vida. Me daba mucha pena verla ahí, con sus ojitos cerrados y sus pestañas reposando sobre sus enormes cachetes. Tenía tubos en la nariz y cables en todas partes del cuerpo. Que más hubiese deseado que quien estuviese aquí fuese yo y no ella. Pero no podía regresar el tiempo atrás.
Acaricié su cabecita suavemente y comencé a hacerme preguntas sobre ella. Quiénes eran sus padres, qué hacían allí, qué ritmo de vida llevaban, su nombre verdadero, todo ese sinfín de preguntas que cualquiera se haría. Esa niña de un día a otro se había vuelto importante para mí, tal como pasó con mi pequeño Tomas.
Mi celular comenzó a sonar y contesté rápidamente para no molestar a quienes estaban en la sala.
—¿Hola? —dije en tono bajo.
—¡Mami! Te extraño mucho —oh, era Tomas. Qué bien me hacía oír su voz en estos momentos.
—Cielo, te extrañamos mucho también. En unos días estaré de nuevo contigo, está bien?
—Pero quiero que estés conmigo ahora —dijo y comenzó a llorar, se notaba por su tono de voz. Oh, rayos... me rompía el corazón, me encantaría estar con él ahora mismo.
—Oh, bonito. No llores que te hace ver feo, te prometo que pronto estaré contigo. Quién dice que mañana no aparezco por allí.
—Está bien, mami. ¿Y mi primita?
—Este....mm. Tu primita está durmiendo ahora. — mentí. Obviamente no iba a decirle que estaba internada.
— Dile que acabo de encontrar un autito de juguete de color rosa, y se lo guardé para que juegue conmigo
— Ohhh, cariño. Yo le diré. Nos vemos, sí? Te quiero.
— Yo te quiero hasta Júpiter, adiós mami. —y cortó.
Bien, que reconfortante me hizo sentir esa llamada. Quería hablar con el doctor que atendió a Anne para ver cuando podría salir de aquí. Lo busqué hasta que lo encontré en un pasillo hablando con sus colegas. Llamé su atención y enseguida vino hasta donde me encontraba yo. Hablamos un rato sobre la situación y me comunicó que si continúa así, por la mañana la pasarán a sala normal para su revisión, y la podré llevar a casa.
Estaba segura de que mañana nos iríamos de aquí. Ahora debía buscar su ropa, que gracias al cielo aún no había bajado en el departamento del primo de Kai. Fui hasta el auto que habíamos estacionado un poco más adelante del hospital y busqué unas mudas de ropa. Como en la sala de terapia intensiva no había sillones ni camas para los acompañantes, decidí quedarme en las sillas de espera que había fuera de terapia. Allí pude ver un tipo que me miraba mucho, como inspeccionándome.
—¿Tú vienes a ver a la bebé, Anne? —preguntó. Supongo que a mi ya que no había nadie más que nosotros dos en el pasillo.
—Si, ¿quién eres? —pregunté un poco confusa.
—Me llamo Carlos, soy el mejor amigo de Kai. Supongo que eres la novia, ¿no?
—¿Cuidaste a la bebé mientras él no estaba aquí?
—Así es.
—Muchas gracias.
—No hay de qué. ¿Dónde está él?
—Por ahí, tal vez. No lo sé.
—¿Cómo no vas a saberlo?
—Pues no soy un gps.
—Pero eres su novia.
—Ya no lo soy, campeón. Puedes irte a descansar, gracias por cuidar a Anne.
—Pues, que buen pedazo de carne se pierde.
—Lo sé.
—¿____? —dijo una voz bastante conocida, y ahora, irritable. Kim.
ESTÁS LEYENDO
Destructora (Kai y tú)
Fiksi PenggemarNoralí Yeun pertenecía a una familia narcotraficante. Un día, los Vélez quisieron tomar su territorio y comenzó una gran guerra de familias. ¿Alguna de éstas dos familias ganará? Para los jóvenes de las familias la guerra es casi inexistente.
