Cap. 27

43 2 1
                                        

Comimos en paz, hasta que pasa algo inesperado. La niña comienza a emanar coágulos de sangre provenientes de su nariz, y enseguida comenzó a vomitar. Pude reconocer rápidamente esos síntomas. Me fijé en su comida y había pequeños trocitos de veneno para ratas. Que hija de la gran puta. 

Tomé en brazos a la niña y le pedí a Kai que me llevase a un hospital. Debía de ser tratada urgentemente. 

  —¡Rápido, Kim! Esto no puede ser tomado a la ligera, maldita sea.  —dije notando que Kai estaba ocupado buscando algo en sus bolsillos, seguramente el dinero para pagar la cuenta. —O te apuras o me voy, ahora. —amenacé. 

  —Es que debemos pagar, ____. 

 —Luego me encargaré de eso, personalmente. Anda, ya! —dije corriendo hasta el auto y Kai siguiéndome por atrás. Destrabó el auto y subí inmediatamente. Kai hizo lo mismo y condujo como loco. En cada esquina había semáforos, pero los pasábamos. El tiempo era cuestión de vida o muerte. Unos metros más adelante logré ver el letrero de un hospital. Kai estacionó y bajé desesperada. Apenas entré, unos médicos me recibieron. Actuaron rápido y buscaron una camilla para llevarla a emergencias. Estaba con el corazón en la boca. 

  — ¿Puedes explicarme que está pasando, nena?  —preguntó Kai tomándome por mis hombros.

  —La niña ingirió veneno para ratas, estoy completamente segura. Los síntomas que tienen dicen claramente que se trata de eso.  

  —¿Pero en que momento? ¿En el restaurante?  

  —Exactamente, Kai.   

 Me dirigí rápidamente hasta la zona de emergencias y vi unas luces rojas encendidas encima de las puertas. Ojalá logren salvarla. Que irónico. No quise dejar a Anne en la casa porque no la cuidarían bien y conmigo termina en un hospital al borde de la muerte. Es que estoy regada de mala suerte, maldita sea. 

  —Tranquila, amor. Estuve varias veces en este hospital y te aseguro que la atención es excelente. Pronto tendremos a Anne con nosotros.  —dijo Kai enredando sus manos en mi cintura mientras apoyaba su mentón en mi hombro izquierdo. Al menos había alguien conmigo en este momento. Esperamos mucho tiempo en esa posición hasta que el doctor se dignó a salir de la sala. 

  —¿Cómo lo lleva, doctor?  —pregunté deshaciéndome del agarre de Kai.

  —Logramos estabilizarla, pero eso no quiere decir que siga así. Puede empeorar. ¿Sabe por qué ingirió eso? ¿O cómo? —preguntó el doctor.

  —Comimos en un restaurante cercano, y para cuando acabábamos comenzó a vomitar y sangraba por la nariz. 

  —Entonces deben hacer la denuncia, lo que sucedió es muy grave.  —dijo razonando. Claro que no iba a hacer la denuncia. Esa tipa conocerá a alguien mucho peor que un oficial de policía. 

  —Lo haré, gracias.  —dije. Miré mi reloj de mano y daban las 11:35 p.m, el local seguiría abierto hasta las doce de la noche, como la mayoría de los locales supongo. —Kai, debo pedirte un favor.

  —Dime

 —Vela por la niña mientras yo no estoy, necesito hacer unas cosas. ¿Vale?

  —¿Qué tipo de cosas, ____? Espero no sea lo que estoy pensando.  —dijo tomando mi mano. 

  —Asuntos un tanto personales. Me urge. Adiós. 

Y me fui. 

Una vez estuve fuera de hospital, revisé mi pequeña cartera. Sí, llevaba conmigo el cuchillo y el arma. No podía salir a la calle sin estas dos cosas encima, me hace sentir vulnerable al resto el no tener algo con que defenderme. 

Hice un par de cuadras y llegué al maldito local. Aún quedaba una pareja de edad media, por lo que decidí esperar a que se retiraran. Mientras tanto, vigilé los movimientos de la joven. Estaba con total tranquilidad, por lo que pude notar. Que lástima que le durará muy poco. 

Se hicieron las 12:15 pm y los camareros del lugar estaban limpiando todas las mesas. Afuera hacía un frío que congelaba, y claramente me estaba cagando de frío. 12:30 y el personal se retiraba, algunos en bicicleta, otros en automóvil, otros en taxi. Inesperadamente, la última en salir era mi presa de esta noche. Se iba por el lado contrario al que yo me encontraba. La seguí sigilosamente hasta que nos adentramos en un barrio muy precario. En un momento, se dio vuelta. Está sospechando. 

Cuando se topó con una esquina sin final, aproveché el momento para correr tras ella y la acorralé. La tomé por sus cabellos y la tiré contra el pavimento. Alzó sus manos torpemente y a fuerzas elevó su rostro. 

  —Tú, sabía que eras tú.  —dijo tartamudeando. Noté que su nariz sangraba y su tabique estaba un poco fuera de lugar. 

  —¿Pensaste que me quedaría de brazos cruzados después de lo que le hiciste a la niña? —dije. Puse una de mis rodillas sobre su espalda y presioné un poco. 

  —Creí que si. Supuse que el bombón que tienes como pareja más tarde te daría y así lo olvidarías. 

 Ese comentario logró enfurecerme un poco más. Giré su cuerpo para que quede mirando hacia arriba. Le pegué con un puño en su ojo y me levanté. Comencé a darle patadas en su estómago mientras veía como se retorcía de dolor.  

  —Tu escoges. Pistola o cuchillo. Como vas.  —dije enseñándole las armas que terminaba de sacar de mi cartera. Su cara de pánico me hizo reír, claro que internamente. No quería perder mi postura de chica mala. —Ups, tu tiempo se agotó. Y... gana el cuchillo. Ahora verás lo que es el sufrimiento en carne viva. —dije guardando la pistola. 

Agarré el cuchillo con fuerza para enterrarlo en su pecho hasta que una mano me detuvo. Recé para que no fuese un policía o algo por el estilo. Me di la vuelta sin perder de vista a la joven. 

  —Detente, ____. No solucionarás nada así.  —vaya vaya, quien era. Kim. Maldita sea. 

  —Vete, Kai.  —dije amenazante. 

  —No me iré hasta que sueltes esa navaja y la pongas en el piso. 

 —Entonces eres muy afortunado. Verás una muerte lenta y dolorosa en vivo y en directo. 

  —Quiero que abandones el lugar. Las cosas no cambiarán si haces eso. 

  —¿Y que me importa? Soy una narcotraficante, Kim. Y tu sabes muy bien que a las personas que impiden el curso correcto de mi camino, terminará tres metros bajo tierra. Suéltame.  —dije tratando de zafarme de su agarre. Pero me fue imposible, estaba ejerciendo mucha fuerza. 

  —Deja el arma y ven conmigo o si no...

 —¿O si no qué?

 

 


   


 


 

 




Destructora (Kai y tú)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora