Cap. 37

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Los Yeun ignoraron ese ruido ya que pensaron que podría tratarse del contacto con los piedras del camino. Por lo que continuaron su recorrido.

  —Spencer, el padre de ____ te dará el dinero.— dijo Kai por teléfono mientras conducía su Harley, tomando un atajo para llegar a donde Spencer tenía a su chica, no a donde se reuniría con el padre. Gracias a los intensos rastreos telefónicos que su amigo le había brindado, pudo dar con el verdadero paradero de su novia. 

  —Hermano, hermano. ¿Acaso tienes los oídos sucios? —escupió Spencer.

  —¿Y a ti te importa quien te entregue el dinero? Si al fin y al cabo tendrás hasta para limpiarte el culo con esos billetes. Ganas tú, así que quiero a mi chica. 

 —No creí que fueses tan astuto, Kim. Pero bien, lo aceptaré. Sólo porque ya me aterra tener a esa perra loca conmigo. 

  —Hijo de puta.  —espetó Kai. Con cuidado, colocó el celular en una bolsa que tenía al costado de su motocicleta. Se bajó el casco y continuó su camino internándose en un terreno cubierto de malezas y serpientes. 

A su lado, montado en una Black Shadow, iba Norman, su amigo el detective. Le servía de guía a Kai para poder llegar al destino. El plan que habían creado constaba de llegar al lugar que Norman había rastreado en su oficina, que era el lugar donde se había efectuado la llamada de Spencer a Kai pidiéndole la mercancía. Aprovecharían que en el lugar no haya nadie, ya que seguramente los demás hayan ido junto con Lincoln a negociar. 

Los Yeun aparcaron sus camionetas a un costado de la ruta. 

  —¿Cargaron sus armas?—preguntó John cargando la suya. 

Todos respondieron al unísono, menos Claudio. Él sólo se limitó a alejarse un poco de su familia para ir a afilar su cuchillo sobre una piedra que había por allí. 

  —Vamos, no me digas que usarás esa mierda, hermano.  —largó Pedro gritándole. 

  —Usaré lo que yo crea conveniente, estúpido. Si tenemos que matar al sicario, no lo haré a base de armas.

  —Ya ya, dejen de comportarse como niños. Hijo, debes estar prevenido, así que toma un arma, por favor.  —pidió Jacob. Le extendió una de las armas que había sacado de su cinturón y apretó su hombro. —Para todos es difícil esto. Y créeme, yo también quiero agarrar a ese desgraciado y partirlo a la mitad. 

 Jacob entregaría el dinero, tal como le había dicho Tobias. John y Paulina se dispersaron por una zona, Pedro y Lautaro vigilarían las espaldas de su familia. Tobias y Claudio se mantendrían junto a su padre a la hora de entregar el dinero.  

Se acercaron sigilosamente con las armas en alto. Daban cada paso con firmeza y temor. Jacob temía por la vida de su hija, su única hija. Y trataría de ser lo más precavido posible ante ese maldito engendro. 

A lo lejos pudieron identificar una silueta de una persona cabizbaja apoyada contra un tronco. Ellos la reconocieron al instante. Era ____. Su padre tuvo el impulso de correr hasta ella, aunque a mitad de camino un pelado fortachón lo frenó. Y como si fuesen muñequitos, los secuaces de Spencer fueron saliendo uno a uno de sus escondites, logrando que los tres hombres queden rodeados. 

  —¿Quién es Spencer?  —preguntó John. Nadie le contestó. Nadie se movió. Nadie hizo nada. Sólo se mantenían en guardia. 

  —Ding dong, ding dong. —se oyó a lo lejos. Era un hombre alto, completamente diferente a lo que se hablaba de él. Y efectivamente era el sicario. Se acercaba con sus manos manchadas de sangre, y un reloj de bolsillo en una de ellas. 

A los Yeun les hirvió la sangre. Pues de quién más sería la sangre que Lincoln tenía pegada a su piel. 

Jacob giró su cabeza mirando a Tobias, el cuál asintió y sin decir una palabra, sacó colocó una bolsa de consorcio transparente enfrente de todos. Eran los 18 millones de dólares. 

  —Mi hija. Devuélveme a mi hija.  —ordenó el padre de ____. Spencer sonrió maliciosamente. 


                                                                                    ❌❌❌

Kai y Norman frenaron sus motocicletas al dar con un viejo galpón, en el que en general se guardaban las reservas de nafta de un tren que solía pasar por allí, pero que ya no lo hacía debido a la poca frecuencia de pasajeros. 

Sin notar que a su alrededor varios ojos los miraban, intentaron abrir la puerta. Probaron fuerza bruta y alambres, pero nada. Hasta que Norman divisó una oxidada palanca de hierro. La tomó e hizo presión en el borde de la puerta. Hasta que se abrió. 

Sólo vieron una cama en medio de aquel gran salón. Una cama con sábanas celestes, mezcladas con rojo. Parecían pétalos de rosa, como un detalle en aquella tela. Pero su mente los engañaba. Kai se acercó y se dio cuenta de que aquello no era un simple diseño. Era sangre seca. 

Al instante se oyeron chillidos. Reaccionaron fugazmente y fueron a ver de quien provenía aquel sonido. Con la esperanza de que fuese su chica, atravesaron una puerta llegando a un pequeño baño. 

Las cortinas de la ducha habían sido arrancadas y alguien se envolvía en ellas en un rincón de aquel baño. 

  —____, ¿nena, eres tú? —preguntó Kim asustado. Cuando destapó aquel cuerpo, se desilusionó. Era una mujer, pasada de edad. 

  —Se la llevó. Está en una garita, al lado de la estación de trenes. Ten cuidado, su gente es mucha. Esto puede ser una tragedia.  —exclamó Patricia al borde del llanto.

  —Y lo será. ¿Vienes? —preguntó Kai, extendiéndole la mano a aquella mujer. 

  —Ve por tu chica, yo puedo sola.  

Kai asintió y salió del lugar corriendo. Norman lo siguió por detrás y ambos cogieron sus motocicletas. Aceleraron lo más que pudieron. 


Cuando Kim y su compañero se hicieron presentes en el lugar, notaron que había una montonera de personas rodeando algo. Logró divisar al padre de ____ y a su cuñado. Era una buena señal. 

Se acercó sigilosamente, fingiendo ser un hombre más de Lincoln. Y no podía creer lo que veía. Su ____ tirada en el suelo, respirando muy agitada. Y muy golpeada, demasiado. 


  —Vete, Spencer. Ya tienes lo que querías.   —escupió Kai con veneno rompiendo el hielo. Apuntó a la frente del sicario, y éste último, lo imitó pero apoyando el arma en la cabeza de su novia.

  —¡No maten a mi mami!  —dijo un pequeño cuerpo lanzándose al cuerpo dolorido de ____. Era Tomas, y con él tenía un papel. —Mami, mamá. Mamita, te extrañé mucho. —y la abrazó, la abrazó como si no hubiese mañana. 

Se oyó un disparo. El cuerpo de Tomas cayó rendido junto al de ____. Uno de los hombres de Spencer le había atravesado la cabeza de un balazo. 

Ella, al percatarse de eso, se derrumbó. Sus mejillas ardían debido a los cortes que tenía. Pero no le importó el dolor físico. Su corazón era el que dolía.

Como pudo, se levantó con todo el odio del mundo. Y mordió a Spencer en el cuello, tan fuerte que comenzó a sangrar. 

Otro disparo se oyó. Le habían dado en la zona baja del abdomen. 

Kai comenzó lo que aquella mujer le había dicho. Una tragedia. Y volaron balas por todos lados. Pudieron liquidar a toda la manada de Spencer. Pero no a él. 

Destructora (Kai y tú)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora