Cap. 33

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  —¿No creerás que me voy a pasar toda la noche aquí, verdad?  —dije dirigiéndome a Kai, que no dejaba de mirarme fijamente a pesar de que yo le volteaba la cara. 

  — No nos quedará de otra, si sales terminarás tres metros bajo la nieve. Y el bosque a éstas horas es peligroso. 

  —Para eso tengo a mis beb.. —dije tocándome mi cintura en busca de mis armas, pero no estaban. — Oh mierda. —de seguro las había olvidado en casa, cuando me desvestí para bañarme. Era la primera vez que salía sin mi pistola y el arma blanca encima mío. Y me sentía como un maldito cubo de hielo en medio de una fogata. 

  —Mi destructora ya no es más mi destructora.  —dijo. 

Le lancé una mirada maligna y crucé mis brazos sobre mis pechos un poco enojada y temerosa. Sumándole el frío que hacía. Kai había apagado el coche y gracias a esto la calefacción también perdió su vida, llevándose con ella mi calor corporal, claro. Estaba cagada de frío. 

  —Tus pechos se ven más grandes cuando haces eso.  —comentó Kai mirando descaradamente hacia mis pechos, mientras hacía movimientos circulares con su lengua sobre sus labios. 

  —Calentón.  —dije tratando de ignorarlo. Aunque la acción de lamerse los labios me había encendido, poco pero lo había hecho. 

  —Tú haces que me ponga así. 

 —Te recuerdo que ya no somos nada, campeón. Aleja tu vista de mi. 

  —Todo se puede arreglar.  —dijo. En ese preciso momento colocó la palma de su mano sobre mi rodilla y comenzó a hacer movimientos circulares en ella. Era muy común que él hiciese eso. Y me perdía en el movimiento de sus dedos. 

Sin darme cuenta, sentí que el asiento en el que me encontraba se había tumbado hacia atrás. A los segundos siento que Kai se sube encima mío. Se recostó suavemente sobre mí y chocó su frente con la mía. 

  —¿Me puedes sentir?  —dijo apretándose un poco contra mi abdomen bajo. Se frotaba. Y sí, debería estar con el cuerpo inmóvil como para no sentir semejante cosa. Hasta llegó a generarme un pequeño dolor. 

  —Kai, levántat... —fui interrumpida por sus labios. No pude negarle ese beso. Ya había logrado calentarme. Dejé atrás todo rastro de odio que le haya tenido y la cosa se puso más intensa. Kai se movía sobre mí haciéndome sentir su bulto. Sin romper el beso, bajó una de sus manos hasta el cierre de mi jean. Lo abrió lentamente y comenzó a mover sus dedos sobre mi ropa interior. 

Comencé a agitarme un poco ya que no aguantaba. Con su ayuda, deslicé mi pantalón sobre mis piernas hasta que me deshice de él. Kai aprovechó para apretarse aún más contra mí. La situación era verdaderamente buena. En el interior del coche solo  se oían nuestros jadeos. Bueno, más que nada los míos. 

Cuando colapsé, tumbé a Kai en el otro asiento. Me senté sobre él y regresé a sus labios. Hice el mismo procedimiento que él. Bajé lentamente una de mis manos, remarcando su abdomen con mis dedos, hasta llegar a su pantalón. Lo desabroché lentamente y lo bajé sólo hasta la parte baja de sus rodillas. Y ahora sí. 

  —Oh, ___.. —dijo gimiendo incapaz de decir mi nombre completo. Sonreí. 

Me coloqué sobre él aún con nuestras prendas interiores puestas. Una vez me senté sobre su bulto, comencé a moverme dando movimientos circulares sobre él. No pude evitar los gemidos. Ya estaba mojada, y él también. 

  —El helicóptero.   —dije en su oído. Elevé mi cabeza y lo miré.  —Una de las mejores poses del kamasutra, ¿sabías? 

  —Sólo sé que en el kamasutra hay penetración, nena. Y necesito eso en este preciso momento... oh, joder ____.

  —Veamos  —dije. Me retiré lentamente de encima suyo y me agaché tanto como el volante del coche me dejó. Toqué el paquete, contorneándolo con la yema de mis dedos. Apreté y enseguida oí su grito. Noté como su bóxer se humedecía de a poco. —Estás a punto. —dije finalmente.

Me pasé al asiento anterior y me coloqué mi jean. Abrí la puerta del coche y me fui. Debía irme de este lugar, como sea. O por lo menos llegar a algún lugar, si pasaba la noche en ese carro probablemente moriría de hipotermia. Me fui por un costado del bosque y comencé mi recorrido. 

  —Del otro lado vi una cabaña.  —dijo Kai apareciéndose de la nada. Corroboré que lo que me dijo fuera cierto, y efectivamente, lo era. —Toma. —dijo extendiéndome su abrigo. 

  —No lo necesito, gracias.  

  —Vamos, se nota que te mueres de frío. Yo no lo necesito, estoy muy caliente, en ambos sentidos. De veras.

 —Entonces mueve el culo y vamos a esa cabaña! —dije apresurándome. 

El lugar que Kai había señalado estaba con las luces encendidas. Supuse que había alguien, así que pegué la vuelta en busca de algún otro lugar. 

  —Espera, no hay nadie.  —dijo Kai espiando por la cerradura. Mágicamente abrió la puerta y me invitó a pasar primero. No podía creer lo que veía en su interior. La casa estaba muy bien decorada en su interior. Tenía velas aromáticas encendidas en cada punta de los muebles que la completaban. Y una mesa con utensilios puestos perfectamente para dos personas. —Sorpresa.

  —¿Tú hiciste esto?  —pregunté. 

  —Sarah ayudó. —contestó lanzando una sonrisa ladeada. Sonreí. 

  —Con que era un plan, eh. ¿Mi hermano sabía?  

  —Con lujo de detalles.  

No podía creerlo. ¿Cómo no me di cuenta antes? 

  —¿Pretendes que pase la noche aquí, ricachón?

 —Compruébalo tú misma. —dijo señalando a una habitación. 

Fui hasta allí y abrí la puerta. Las luces estaban apagadas por lo que tuve que encenderlas. Y cuando lo hice, me sorprendí aún más. Una cama matrimonial con pétalos de rosa por encima, sí. Pétalos de rosa. Luché por no reírme. Me parecía muy cursi. Aunque valoraba que lo hubiesen hecho. Observé la habitación con más determinación hasta que mi mirada se estanco en una mesa de luz pintada de blanco. Me acerqué lentamente y miré sobre ella. 

Tres preservativos con sabor y uno sin. Preservativos con sabor a frutilla, esta vez no aguanté y me meé de la risa. 

Tomé los preservativos y los llevé a la cocina, donde Kai estaba cortando unos trozos de carne. 

  —Soy alérgica. —dije elevando un paquete y estallé de risa. 

Destructora (Kai y tú)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora