Cap. 25

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Me desperté ante el llanto de la niña. Miré la hora y el reloj estaba por marcar las 7 a.m en punto. De seguro debía tener hambre, como yo. Me senté en la cama y fregué un poco mis ojos. Tomé a la niña en brazos e intenté calmarla un poco meciéndola entre mis brazos, pero no funcionaba. Opté por bajar a la cocina con ella en brazos. Tal vez podría encontrar su leche, o su comida. Revisé estantería por estantería, el comedor, la sala de estar y varios rincones de la casa, pero no hallé nada. Bueno, sí. Hallé algo. John durmiendo en el sofá de la sala de estar echo bolita.

Aproveché que como el refrigerador estaba vacío, decidí hacer una compra grande en el mercado. 

Volví a la habitación y vestí a la niña, la abrigué mucho, ya que afuera hacía demasiado frío. Luego me vestí también hasta que alguien me habló.

  — Mami, ¿te vas?  —preguntó Tomas, tratando de abrir sus ojos. 

  — Buen día cielo. Sí, tengo que hacer unas compras.  —contesté girándome hacia él mientras terminaba de abrocharme el abrigo. 

  —¿Puedo pasarme a tu cama? La mía está muy fría—

  —Venga, ven. ¿Quieres que John venga a dormir contigo? Está solo allí abajo y tiene mucho frío. 

 —¡Si! Que venga, que venga! —contestó saltando en mi cama. Sonreí y bajé con la bebé en busca de mi hermano. Lo hallé justo a punto de caer al suelo. Lo moví y se despertó exaltado, quedando finalmente desparramado en el piso. 

  — Mierda, ___. ¿Adónde vas?  —preguntó asustado, mientras se reincorporaba en el sofá. 

  —No hay una puta mierda para comer, y la niña tiene hambre. 

 —Parece que la única que tiene hambre eres tú. 

  —También. Oye, Tomas te está esperando en la habitación para que duermas con él. Estarás más cómodo así. 

 —Oh, claro que sí. Ya me está doliendo el cuello por dormir en mala posición. —dijo levantándose mientras posaba una de sus manos en su cuello. —Ey, acuérdate de traer Froot Loops y mucha leche. 

Claro, como olvidarlo. John era un fiel fan de esos cereales. Si de niños lo único que ingería era eso, o de lo contrario no desayunaba. 

  —Que maniático eres. Adiós.  —me despedí y busqué las llaves del auto de papá, que tenía calefacción, lo que mi auto no tenía. Lógicamente, ya que es un auto muy viejo. De paso, recordé que en el baúl de la camioneta estaba la silla para auto, que Tobias había comprado por adelantado. No creo que se enoje si la uso. Tal vez cuando llegue a Chihuahua compre otra para la bebé. La saqué del baúl y la coloqué en el asiento delantero, justo a mi lado, como esa silla era de máxima seguridad, en caso de accidente no le pasaría nada a la niña ya que iba de espaldas al vidrio delantero. Una vez listas, encendí la calefacción y conduje hasta Walmart, que por suerte ya había abierto. 

Bajé y tomé un carro con asiento para bebés. Comencé a recolectar todo lo necesario. Jugos, verduras, frutas, pastas, salsas, algunos snacks, aderezos, carne y pescado, leche para la bebé y algunos accesorios para ella también, leche normal para los demás, gaseosas ya que en casa se tomaba mucho y como ley, algunos packs de cervezas, harinas y cosas de repostería para mi abuela, que de seguro se aburriría sin eso. Y los infaltables cereales de John. Justo cuando estaba buscando lugar en las cajas, recordé que Tomas me había pedido helado y unos calzones. Los busqué y llegué a una caja. Pagué y retomé camino a casa del abuelo. Se habían hecho las 11 de la mañana, ya que aproveché a desayunar algo y recorrí un poco la ciudad. 

Destructora (Kai y tú)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora