—Vete, Kai. —dije. Lo que menos quería en este momento era pelear con él.
—Necesito hablar contigo, prometo que luego me iré.
—No.
—Joder, ____. Es necesario hablar, ven. —dijo mientras tomaba mi mano y me empujaba a medida que avanzaba. Llegamos a un largo pasillo con paredes rojas y sólo una luz blanca muy fuerte iluminándolo. Miró una de mis manos, la que él sostenía y luego elevó la otra. Acarició mis nudillos con la yema de sus dedos y me miró. — Lo lamento, ____. Lo lamento.
—¿Sabes qué es lo que más me dolió, Kai? Que hayas defendido a esa maldita zorra.
—Hay una explicación. Mira, esa chica. Clarissa. Es mi ex novia.
—Entonces estás diciendo que aún sigues enganchado. Ya me parecía rara tu actitud.
—No, ____. Estoy enamorado de ti.
—Ve al grano, Kim.
—No dejé que la mataras porque es una chica muy humilde. Sus padres ya son muy viejos y necesitan medicarse. No hay nadie que la ayude con los gastos. Además, tiene un hermano con Síndrome de Down, y necesita atención. Sólo pensé en su familia, ____. Todos dependen de ella.
—Me sorprende que sabiendo sus raíces, le haga eso a una niña, Kai. Podrá ser el sostén de la familia pero es una bruja. Y no creas que lo dejaré pasar.
—¿Pensaste en su familia?
—¿Pensaste en Anne?
Quedó callado por unos minutos. Me di cuenta de que no, él no se había preocupado por Anne. Me dio rabia y me retiré del lugar para volver a aplastar el culo en la silla de espera que había fuera de terapia.
Alguien me abrazaba. Pero alguien con un peso muy ligero. Sentía frío, más de lo normal. Me di cuenta de que seguía en el mismo lugar, la silla del hospital.
—Te quiere de verdad. —susurró una voz bastante conocida, pero que no podía recordar de quién provenía. Con mucha curiosidad, volteé. No podía creer lo que veía.
Mi madre. Y en perfecto estado. No se veían sus puñaladas, o su cara pálida y descompuesta. Estaba perfecta, como si nunca los Kim hubiesen clavado navajas en su estómago. Me sonreía mientras acariciaba mi cabello, tan suave que hasta casi no lo sentía.
—¿Quién eres? —pregunté temerosa. Estaba cagada de miedo, literal.
—Lucha por él, cielo. Por un momento llegué a pensar que eras lesbiana. —dijo sonriendo. Me asusté mucho, demasiado. Y la odié, la odié como nunca. Por aparecerse en este momento. Y para decirme que creía que yo era lesbiana. ¿Que clase de persona muerta dice eso? Pero bueno, si ella estaba muerta, y lógicamente no podía hablar. Mi cabeza se rompía pensando en lo que estaba pasando. —Tu padre y yo, nos encontrábamos en una situación casi igual a la tuya.
—Te prohíbo hablar de mi padre.
—¿Por qué? Oh, espera. No digas nada. Por mi amante.
—Vete. Arruinaste mi vida. No te importamos.
—Tu padre no me daba la atención que necesitaba.
—A mi y a mis hermanos tampoco, y no fuimos corriendo a los brazos de otro hombre para que nos de el amor que a nuestro padre le faltaba darnos. Sólo era cuestión de tiempo. —noté como mis lágrimas resbalaban por mi mejilla estacionando en mis labios.
—Lo sé. Y vengo a hacerte un pedido.
—No haré nada que venga de parte tuya.
—Cariño, es importante. Tengo una hija, probablemente de tu edad.
—¿Qué? ¿Engañabas a papá desde que yo era pequeña? Eres una zorra.
—Lo sé. Y esa niña que está allí internada, es tu... —fue interrumpida.
—____, nena. Despierta. ¿Estás bien? —preguntó Kai.
Fregué mis ojos y había rastros de lágrimas. O sea que había llorado de verdad. Estaba apoyada contra el hombro de Kai e inmediatamente me levanté.
—¿Qué, qué paso? —pregunté aún con el miedo en mi cuerpo. Estaba justo en ese momento en el que no sabes si lo que pasó fue un sueño o fue real. Porque lo sentí real. La sentí acariciando mi cabello, la vi sonriendo y la oí hablar.
—Te quedaste dormida sobre mi, y comenzaste a hablar sola. Me preocupé cuando empezaste a llorar. Creí que lo que mojaba mi hombro era tu baba, pero sólo se trataban de tus lágrimas.
—¿Escuchaste todo? —pregunté. Esa última oración de mi madre me había hecho delirar. ¿Se refería a Anne? ¿Qué parentesco tenía conmigo la niña de la que me hablaba?
—Sí, escuché todo. —dijo rascándose la parte de atrás de su cabeza preguntando indirectamente si estaba mal haber escuchado.
—¿Hay noticias de Anne? —pregunté, pero luego recordé que a él no le importaba Anne. —Para que te pregunto.
Entré a la sala de terapia y no encontré a la bebé. La cama en la que debía estar, estaba delicadamente tendida. Me alarmé y fui en busca del doctor.
Kai aún estaba allí y cuando pasé de él, me frenó.
—La pasaron a sala normal, habitación 7.
—Gracias.
Y fui a la habitación 7. Entré y allí estaba. Tenía su pie entre sus manos y muy cercano a su boca.
—Buenos días campeona —le dije. Me sonrió y opté por sentarme en la camilla. La tomé a upa y nos echamos un ratito. Al rato llega el doctor y me comenta que por lo que dicen los estudios que le realizó, está totalmente recuperada. Pero me recomendó total reposo.
—Esta niña me me dejó muy sorprendido. De un día a otro pasó de estar al borde de la muerte a estar completamente recuperada. Espero volver a verte, preciosa. —dijo dirigiéndose a la niña mientras la saludaba con un beso en su cabecita.
El doctor vino acompañado de unas enfermeras que se encargaron de sacarle el suero y de tender las camas.Me había ofrecido para hacer la cama yo misma, pero se negaron rotundamente. Aproveché el tiempo para vestirla. Una vez terminé de alistarla, tomé los bolsos y fui hasta la recepción para firmar algunos papeles.
Salimos del hospital y casi vuelvo a entrar debido al tremendo frío que hacía. Divisé el coche justo en la otra calle y fui casi corriendo hasta él. Coloqué a la niña en su silla y até su cinturón. Guardé los bolsos y subí. Apenas encendí el coche, prendí la calefacción.
Mi reloj indicaba que eran las 8:22 de la mañana. Muy temprano. Decidí ir al mercado para comprar algo para el desayuno.
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Destructora (Kai y tú)
FanfictionNoralí Yeun pertenecía a una familia narcotraficante. Un día, los Vélez quisieron tomar su territorio y comenzó una gran guerra de familias. ¿Alguna de éstas dos familias ganará? Para los jóvenes de las familias la guerra es casi inexistente.
