Pasaron días desde el funeral de Tomas, y no está demás decir que todos lloramos como si estuviésemos viendo el final de la película Titanic. Luego de ese despido eterno... finalmente lo llevaron a un parque privado y según me contó papá, logró camuflar una foto mía y de Tomas en su ataúd, donde estábamos jugando con masa de pastel, y estábamos todos sucios. Tuve la tranquilidad de que por lo menos, estaría de algún modo, siempre conmigo.
Hace unas horas me habían dado de alta, tras dos semanas en este lugar malditamente horrible. Kai venía a visitarme de vez en cuando por la noche. Un día llegó vestido de enfermera, sí, con a al final. Prefiero no acordarme de esa vez, hizo el rídiculo enfrente mío con sus piernas peludas y sus brazos musculosos, y yo, dejando mis rencores a un lado por eternos segundos, me reí de eso, aunque no tanto, ya que la maldita herida me dolía como la hostia.
Voy sentada de copiloto en la chatarra de Carl, si. Los demás estaban tramitando cosas del trabajo en Durango porque papá decidió que nos mudaríamos allí. Lo que significaba buscar nuevos clientes y abandonar los del pueblo, eliminar las marcas de agua en los empaques de la mercadería, mejorar la mercadería para dar mejor impresión, y aumentar el precio, ya que de entrada nos íbamos a mover en nuestro barrio, que bastantes mafiosos y drogadictos tiene, y con mucho dinero.
Yo, aún hundida en mis rencores contra Spencer, sus hombres y Kai también, tomé una decisión. Y no cualquier decisión. Eliminaré a Kai, luego buscaré a Spencer por cielo y tierra y si encuentro a algunos de sus cachorritos, bienvenidos sean.
En la radio suena Hotel California, y nos íbamos aproximando al bosque, a nuestro bosque.
-Detente. -pedí a mi primo. Él lo hizo y me miró.
-¿Qué sucede? ¿Necesitas cambiar el vendaje o te estás meando? -preguntó.
-Dejé una cosa pendiente por aquí. Dame cinco minutos. Por favor. -supliqué.
-No puedo dejarte ir sola, ¿sabías que hay policías vigilando la casa? No es un buen momento, _____. Sube.
-Espera un momento, se me despegó una de las vendas, siento húmedo. ¡Busca vendas rápido! -le ordené. Aprovechando su preocupación, robé su arma y salí corriendo.
Me interné en el bosque, rumbo a la casa de Kai. El camino estaba muy pantanoso, debe haber llovido con una buena intensidad por la zona. Una vez llegué a esa jodida mansión escondida, aventé una piedra en la ventana donde según Kai me dijo que era su habitación. Se percató de eso ya que se asomó por la ventana y me dedicó una sonrisa.
Inesperadamente, cruzó la puerta lanzándose hasta mi. Lo detuve apoyando mis manos en su pecho. Oh no, estaba comenzando a arrepentirme.
-Nena, ¿qué pasa?
-Sh. -y me dediqué por unos minutos, a observarlo. Aprecié su flequillo partido a la mitad, como dos olas, sus largas pestañas, las cual toda mujer envidiaría, eran absolutamente prolijas y largas. Pasé a su nariz. Me encantaba tocar el hueso que había en ella, como un pequeño relieve. Y sus labios. Tan gordos que te provocaba morderlos, hacerles de todo. Volví a escanearlo de arriba a abajo varias veces.
-Ey. -dijo acariciándome el mentón mientras posaba una de sus manos en mi cintura. -¿Te encuentras bien? No sabes cuánto me alegro de verte. Estás muy linda hoy.
-Cállate. -dije enojada. La decisión que tomé me fue extremadamente difícil de asimilar, por lo que empeoraba la situación si se ponía a decir esas cosas. -Tengo un trabajo para ti.
-¿Qué puedo hacer por ti, amor de mi vida? -dijo riendo.
-Basta, ya. -maldije internamente. Saqué del bolsillo de mi jean el último dibujo que Tomas me había hecho. -¿Puedes enterrar esto? Aún no tengo el valor suficiente, y quiero dejarlo ir. - dije entregándoselo con delicadeza.
-____, ¿estás segura de hacerlo? -preguntó.
-Sí. Por allá. -señalé unos árboles cerca del río. -Me quedaré aquí. Te veo.
-Está bien, pero me das un beso primero? -dijo haciendo un pico con sus labios. Toda una tentación, pero me negué.
-Después de que termines. Lo prometo.
Sabía que eso no iba a suceder. Lo vi irse resignado. Ni siquiera se molestó en buscar alguna pala o algo, simplemente excavó con sus manos, poco a poco. Y ese era el momento ideal. El no tenía la más mínima idea de lo que iba a suceder.... Y así minimizaría un poco el dolor. Saqué el arma, comprobé que estaba cargada y apunté a mi objetivo. Me temblaban las manos. Tuve la sensación de que yo moriría primero por el nudo en la garganta que tenía, y realmente era una maldita molestia. Me concentre, rememorando la escena de la muerte del pequeño. De todo lo que su maldita comodidad desprendió.
Un ruido seco hizo eco en el bosque, era la pequeña bala, que no disparó a mi objetivo.
John llegó en el momento justo, e hizo que mi puntería desviara dándole a un joven árbol.
Kai se giró alarmado buscando la proveniencia de el disparo. Hasta que se encontró con mi mirada. Suavemente se fue levantando mientras se dirigía a mi con una mirada completamente atónita.
John me rodeó con sus brazos y me sacó del lugar. No me resistí.
-Perdón. -murmuré mientras mi cuerpo se iba alejando. Conciente de la maldita cagada que iba a cometer, cedi paso a mis lágrimas.
Kai paró en seco sin quitarme la mirada de encima.
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Destructora (Kai y tú)
Fiksi PenggemarNoralí Yeun pertenecía a una familia narcotraficante. Un día, los Vélez quisieron tomar su territorio y comenzó una gran guerra de familias. ¿Alguna de éstas dos familias ganará? Para los jóvenes de las familias la guerra es casi inexistente.
