El auto de Kai.
Comencé a reírme desesperadamente. Si ya se le notaba en la cara. No lo podía creer. Iba a ser mi centro de burlas.
Conduje como loca hasta el hospital y le llevé el desayuno a mi familia.
- Como nos conoces ___, no se te pasaron nuestros gustos. Muchas gracias prima - dijo Carl.
- Preferí omitir alguna queja así que lo tuve que hacer. Ahora, si me dan permiso, me iré a descansar un poco.
- Pero tienes que contarnos como llegaste hasta aquí - dijo papá.
- Ehh.. en casa, ahora estoy muy cansada. Papá, me llevo el audi, luego le digo a Claudio que lo traiga. Mañana nos vemos. ¡ADIÓS FAMILIA! - dije yéndome.
Llegué hasta el coche muy agitada porque corrí. Necesitaba enganchar a Kim con las manos en la masa.
Cuando estaba llegando a el bar, me alivié ya que su coche seguía allí. Bajé del mío y me apoyé en su capó. Esperé unos cuantos minutos hasta que salió de allí.
Estaba despeinado y con una maleta en su mano. Aproveché para tomarle una foto enfocando el nombre del bar con un celular que papá no usaba hace varios años y siempre tenía en el auto, me sorprendía su batería, lo cargaba muy poco y era impecable.
- Buenos días, Kim - dije riéndome a carcajadas.
- ___, ¿que haces aquí? Oh no, borra esa foto.
- No no. Así que no te gustan las vaginas.
- ___, no seas vulgar, por favor.
- Ohhhhh, que tierno.
- Oye, sólo vine a realizar una entrega. No creas cualquier cosa.
- Yo creía que eras todo un Christian Grey.
- Soy Kim Jongin, y me gustan las mujeres, ___.
- Tu pelo parece decir otra cosa, quién te agarró? Tu pelo parece cualquier cosa - estallé en carcajadas.
- No soy gay.
- Eres gay.
- No soy gay.
- Te gustan los hombres.
- Me gustan las mujeres.
- Te gustan los hombres.
- Me gustas tú.
- ¿qué?
- Que me tengo que ir! Maldita sea, ___. Me tengo que ir.
- Ve, mariposón.
- Que irritante eres.
Sin más se retiró de allí en su auto. Lo iba a gastar toda mi vida.
Decidí ir de nuevo a la cafetería para desayunar algo. Tenía mucha hambre. Luego me iría al pueblo.
- Buenos días nuevamente! - dije entrando al lugar, y los camareros me sonrieron.
- Buenos días señorita, qué se le ofrece? - dijo el mismo camarero que me había atendido antes.
- Pues, quiero un submarino y dos cupcakes de chocolate con crema irlandesa, por favor.
- En un ratito se lo alcanzo.
- Bien, gracias.
- A usted.
El camarero, llamado James, por lo que decía en su delantal, anotó el pedido y se lo pasó por un gran ventanal a una chica de cabello rojo.
Me senté en uno de los bancos más apartados que había y me puse a pensar en lo que me había dicho Kai. "Me gustas tú" él creía que lo dejé pasar por alto, pero solo me hice la tonta. Así que le gusto.
Él era guapo, si, moreno de pelo marrón, labios gruesos y una altura que me mataba. Su único defecto era que no tenía tanto trasero. Al menos si éramos pareja tendría algo que amasar, ¿no? Pero pasando de eso, era muy lindo.
Sólo había una cosa. Él era Kim. Hijo de uno de los peores enemigos de papá. No podía haber algo entre nosotros, nunca. Papá me mataría y supongo que sus padres a él también. No niego que el episodio del hospital me molestó mucho, pero no eran celos, solo era molestia.
- Señorita, aquí su pedido, que lo disfrute. - me lo trajo un tipo robusto, pero joven. Muuuuuuuuuy guapo.
- Gracias. - recibí el pedido y vi que en el papel que traía la cuenta venía engrapado un número telefónico con una posdata "Llámame, preciosa. Soy Ron". Cuando levanté mi vista, el joven me guiñó un ojo. Le devolví el gesto. Lo dejaría esperando, ya que no tengo celular y mi padre es muy celoso.
Mmmmmm, creo que vendré a esta cafetería más seguido, pero por la comida. Era deliciosa. Y la atención, por lo que pude ver, era muy buena.
Terminé mi desayuno dejando un solo cupcake, ya que se me hicieron demasiado empalagosos, pero ricos. Al otro lo tomé, se lo llevaría a Tomas. Mi niño.
Pagué y me retiré de allí sin más. Ah, el número telefónico, lo tengo guardado en el bolsillo de mi jean. Lo tendré en cuenta.
Recorrí la larga carretera y por fin llegué a casa. Fido, nuestro perro, vino corriendo hacia mi y comenzó a lamer mi mano. Lo tomé a upa y le di muchos besos. Fido está conmigo desde que tenía 7 años, yo lo encontré abandonado a la orilla del río. Mamá siempre se opuso a la idea de que hubiese un perro en la casa, pero siempre me las ingeniaba para convencerla.
- También te extrañé, campeón.
Desde la casa se oían muchos gritos, provenientes de mis primas. Uff, que pesadas eran.
Cuando abrí la puerta de la entrada, Tomas llegó corriendo hasta mi abrazándome con todas sus fuerzas. Le correspondí.
- Mami, te extrañé mucho mucho.
- Pequeño, yo también te extrañé. No me iré nunca más, ¿vale? Te quiero hasta el cielo.
- Y yo hasta las estrellas, mami.
Me derretía de amor con ese pequeño. A lo lejos, pude ver a mi abuela en la cocina. Me acerqué hasta allí con Tomas a upa, quería saludarla, aunque en verdad no la había extrañado ni un poquito.
- Hola abuela, ¿cómo estas?
- Mi niña, ¿te encuentras bien?
- Sí abuela, estoy muy bien, eso sí, tengo que descansar mucho. Mañana iré a donar sangre para el tío Sam.
- Mi hijo! ¿Que pasó con él?
- Lo balearon, está grave. Si quieres mañana por la mañana vienes conmigo.
- Claro que sí, iré.
- Bien, ¿hay frutas?
- Sí, ¿ quieres que te prepare algo?
- Por favor, tengo que comer bien sano para mañana, puede ser un licuado de multifruta? Te lo agradecería mucho, abuela.
- Claro. Solo dame un momento,
- Está bien, iré a hacer un recado y vuelvo en unos minutos.
- Por favor no te pierdas de nuevo.
- No lo haré.
Me retiré dejando allí al pequeño, que protestaba porque quería venir conmigo. Pero no lo dejaría.
Busqué mi arma y me dirigí a la casa de los Kim, internándome en el bosque.
Cuando llegué a la extensa propiedad, busqué un par de piedras y las aventé a una de las ventanas de la parte de arriba. Necesitaba hablar con Kai, íbamos a tener que prolongar nuestro encuentro en el bar de Bob.
Los vidrios no llegaron a romperse, por suerte. Sólo era cuestión de que esa habitación fuera de Kai.
Hasta que se asomó una cabeza.
ESTÁS LEYENDO
Destructora (Kai y tú)
FanfictionNoralí Yeun pertenecía a una familia narcotraficante. Un día, los Vélez quisieron tomar su territorio y comenzó una gran guerra de familias. ¿Alguna de éstas dos familias ganará? Para los jóvenes de las familias la guerra es casi inexistente.
