La prueba

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Toda la manada duerme sin reparo, pero pronto me doy cuenta que yo no soy la única cuyos ojos no están acostumbrados a la potente luz que se filtra en algunas grietas de la cueva, debe estar haciendo un día esplendoroso allá afuera, y Aureum tampoco puede esperar para salir al exterior.

Él se asegura que todos estén dormidos profundamente, solo entonces podemos salir. Un rayo de sol me golpea el rostro y la cálida brisa me acaricia los brazos.

-¡Te lastimarás la vista!- le hago notar a mi compañero, que mira al sol directamente, y pareciera que sus ojos le roban sus rayos al astro. Estoy muy de acuerdo con su madre.

-¿Celosa?- dice mirándome sonriente.

-¿De que vas a quedarte ciego un día?

-No. De que yo tengo unos ojos preciosos.

Pongo los ojos en blanco, realmente no he pasado mucho tiempo contemplando mis ojos, pero sé que más que bonitos, resultan inquietantes al ser tan negros, con el iris prácticamente inexistente. Me quedo pensando en lo muy importantes que son los ojos para mí, pareciera que, mientras las personas pueden ser olvidadas, sus ojos se quedan eternamente tatuados en mi mente.

Los brillantes ojos verdes de Albrecht, la espantosa e indescifrable mirada marrón de Raul, los burlones y sádicos ojos color miel de Erik y los impresionantes ojos dorados de Aureum.

-Vamos al lago, hace calor.- dice mientras se aparta con la mano una gota de sudor de la frente.

Me doy cuenta que mi cabello y mi nuca están húmedos también, así que lo sigo hasta el mismo lugar donde ayer.

Me introduzco en la refrescante agua y me restriego la cabeza para lavarme el cabello, mi uniforme Lepidoptera está en un estado lamentable, parezco una refugiada, pero no voy a utilizar el uniforme de los Canis Lupus, que tan solo consiste en gruesos pantalones de mezclilla y, en las mujeres un top que deja su vientre al descubierto, los hombres más reservados utilizan camisetas, pero la mayoría deja su pecho y espalda desnudos, confieso que cuando veo uniformes muy reveladores siento toda la sangre de mi cuerpo irse a mis mejillas ¿Cómo demonios voy a usar algo así?

Cuando salgo del agua, Aureum sigue con los ojos clavados en el sol, como si no hubiera nada mejor que pasarse la vida mirándolo, eso explica bastante las pecas que se distribuyen por toda su tez, pareciera que el muchacho no se aleja del sol en cuanto tiene la oportunidad de admirarlo.

-Ehh... ¿Aureum?- Pregunto intentando llamar su atención.

-¿Qué?- despega su vista del sol, me sorprende el notar que no está nada encandilado.

-Anoche, cuando les traje al Scrofa, Velkan mencionó un "pequeño secreto".

-¿Y...?

-Esperaba que me dijeras de qué se trata.- él suelta una carcajada al ver que yo estoy tan desesperada.

-Por lo que me dijiste, apenas ayer estabas en peligro de muerte, unos homo te odian o algo así, tu brazo aún no está curado y estabas arrastrándote del remordimiento por haber matado a Feram ¿en serio quieres comenzar a moverte tan rápido?

-Pues... si, realmente odio esperar a que los demás actúen por mi.- contesto intentado parecer jovial, pero el hecho de que haya mencionado a Feram me duele un poco.

-Lo siento, Velkan y Richard son los únicos que pueden decírtelo, yo no soy nadie en esta manada.- Hay tal rastro de tristeza en su voz que decido abandonar las esperanzas de que me lo diga.

-En una manada es imposible ser nadie, cada quién es una parte única e importante.

-Sin embargo, yo nunca llegaría a ser el Canis Lupus Alpha, ni siquiera el segundo al mando, soy demasiado...

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