El despertar

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Desperté.

¿Qué ocurrió? ¿Dónde estoy? Apenas abro los ojos éstas y otras mil preguntas invaden mi cabeza, pero pronto llegan todas las respuestas.

Estoy en una cápsula de transformación. Soy una frágil y débil Lepidóptera. Los Homo mataron a la mitad de mi familia. Odio a los Homo. Odio a mi familia. Mis hermanos murieron por mi culpa. No sé si este será el despertar o si seré anormal en esto también.

Antes de que siquiera pueda preocuparme porque algo pudiera haber salido mal, mi cápsula comienza a abrirse. ¡Demonios! la luz del sol me ciega, me cubro los ojos con las manos y me protejo del sol como puedo, me siento en el borde de la cápsula, siento muy poco equilibrio en las piernas, cuando me doy cuenta de que mis gordas y grasosas piernas están delgadas y largas ¿Qué ocurre?

Intento ponerme en equilibrio sobre mis dos nuevas piernas, pero pierdo el control y caigo, por suerte alguien me sujeta de la cintura justo a tiempo.

-Gracias- murmuro, y al girarme no reconozco al chico que me sujetó: es muy atractivo, con la piel apiñonada, exactamente del mismo tono que yo, el pelo oscuro y muy rizado, me saca media cabeza de altura, es muy delgado y a pesar de ello, más fuerte que yo. Me mira con incredulidad, antes de que yo pueda hacer alguna especulación, pregunta con una voz conocida:

-¿Vanessa?

-¡William!- exclamo sorprendida al reconocer a mi hermano ¿Qué le sucedió? ¿La transformación trae cambios tan extremos y radicales? Intento liberarme de su brazo pero casi vuelvo a caer, sigo enojada con él por lo que sucedió en la Selección.

-Cuidado- me dice- tienes que acostumbrarte primero a tu nuevo cuerpo, has perdido mucha grasa.

-¿Qué?- Miro mi cuerpo completo por primera vez, estoy extremadamente delgada, mis bracitos antes tan voluminosos ahora son débiles y anoréxicos, mis piernas delgadas y muy largas, mi cintura es tan pequeña que William me la puede sujetar a más de la mitad con una mano, también estoy más alta.

-Casi no te reconozco- comenta mientras vuleve a levantarme- si no fuera por tu voz.

Tiene el pelo húmedo, me pregunto con asco si será el sudor de no se cuánto tiempo que duró la transformación, cuando me doy cuenta de que yo también tengo el cabello empapado, me lo examino, me ha crecido, me llega a la cintura y está muy ondulado, es de color negro azulado, mucho más oscuro que el castaño de antes que no le favorecía nada a mi tono de piel.

En eso llega otro chico, algo más alto que él, con el mismo tono de piel y cabello que nosotros, esta vez, no es tan difícil reconocer a Azael, ya que mis hermanos se parecen mucho.

-Wow, William- exclama- tan pronto te conseguiste una chica, las que yo he visto no se me quieren acercar- me mira con detenimiento- wow, que envidia, es la más buena que he visto hasta ahora, de hecho está muchísimo más que buena.

-¡¿Quieres hacer el favor de dejar de hablar como un estúpido?!- le grito enojada, abre la boca impresionado.

-¿Vanessa? Pero... ¿Eres tú?

-¿A quién esperabas?

-A nadie, es sólo que... cambiaste demasiado.

Me libero del brazo de William, al fin comienzo a acostumbrarme a mi cuerpo, intento dar unos pasos, mi cuerpo es tan anormalmente ligero que vuelvo a perder el equilibrio, ésta vez es Azael quién me sujeta.

-Tranquila- dice conciliador ante su previo comportamiento- no tardarás en acostumbrarte.

Escuchamos a alguien gritando nuestros nombres, divisamos a mamá entre los demás adultos ¿Cuándo llegaron? yo no quiero hablarle todavía, pero tengo que mantenerme sujeta a alguien por mi drástico cambio, todos los chicos caminamos hacia nuestros padres, entre caídas, tropezones y empujones, llegamos hasta ellos, mis padres nos abrazan a todos y caminamos a casa, por el camino, me acostumbro a mi cuerpo y mis pasos ligeros y puedo andar sola, llegando a nuestra casa, soy la primera en meterse a la ducha, cuando me veo al espejo por primera vez, me quedo paralizada. Modestia aparte; estoy hermosa, mi rostro y mi cuerpo se complementan a la perfección y me veo bellísima, tanto como mi madre, por alguna razón esto me abruma tanto que no quiero seguir mirándome: salgo del baño envuelta en la toalla.

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