La fría brisa de invierno azotaba mi rostro con fervor sin causarme dolor alguno, ya que al ser una vampira, mi desértico cuerpo no mostraba signo alguno de vida.
Corrí por horas sin percatarme de mi acompañante. Giré mi rostro hacia él y sonreí. Cada vez que recordaba la forma en que conocí a mi mejor amigo lobo no podía evitar sonreír.
Lo conocí hace unos 100 años atrás, cuando venía huyendo de mi alma gemela. Ese día, quizás, sea uno que jamás olvidaré.
Thomas, un par de semanas antes de mi aparición, había sido Alfa de su manada, pero al parecer su hermano gemelo estaba celoso del respeto que toda la manada tenía por Thomas y decidió idear un malévolo plan para desplazarlo de su lugar y así él poder ocupar el cargo. Hizo cosas horribles, las cuáles no serían buenas de recordar. Y todo para desplazar a su hermano del cargo y de la manada. Tras haber conseguido su objetivo, lo desterró de la comunidad condenándolo así, a vivir una vida solitaria.
Cuando llegué al territorio actual, Thomas ya vivía aquí. Nuestro encuentro casi terminó en muerte, pero antes de que aquello sucediese, hicimos un tratado pacífico que luego se convirtió en amistad.
—¿En qué piensas?—la voz de mi mejor amigo me sacó de mis pensamientos.
Suspiré.
—Recordaba el día en que nos conocimos—él sonrió—fue épico.
—Lo sé, aún no entiendo cómo puedes ser mi mejor amiga.
Lo fulminé con la mirada.
—¡Tienes suerte de tenerme!—se carcajeó—.Jamás alguien se compararía a mí para ocupar el puesto de tu mejor amiga.
Nos detuvimos en un gran lago cristalino alejado de la ciudad.
—Si, claro—bufé ante su respuesta—.Y tú tienes suerte de tenerme.
Y en eso tenía razón. Había sido una persona muy importante en mi vida ya que siempre me ha apoyado.
Ambos teníamos algo en común, estábamos solos en esto.
—Te doy la razón.
Me quedé embobada observando el maravilloso espectáculo que mis ojos presenciaban. El amanecer se asomaba por las montañas dejándome ver los pequeños destellos amarillos.
—¿Hermoso, no crees?—La voz de Thomas me volvió a la realidad.
Asentí sin apartar la mirada.
—Oye... —Lo observé—.¿Qué sucederá con lo que tu familia mencionó?
Lo había olvidado.
—No lo sé—suspiré—Creo que mi hermana hace un buen trabajo suplantándome— expliqué.
—Pero sabes que algún día tendrás que volver— pasé mis manos sobre mi rostro—.Tus padres ya te lo han dicho.
El día en que dejé todo atrás, le otorgué mi cargo a mi hermana menor, Tessa. Yo decidí tomar algo así cómo una "licencia" prolongada de la cual jamás regresé.
—Tú sabes perfectamente por qué no quiero volver...—susurré.
—Lo sé,pero podemos enfrentar esto,¿sí?—asentí.
Lo abracé haciéndolo sentir todo el cariño y agradecimiento que sentía por él. A pesar de ser de diferentes especies, él se había vuelto como un hermano de la misma sangre.
—¿Juntos?
Sonrió.
—Juntos.
Durante años he estado viajando alrededor del mundo junto a Thomas como dos nómadas. Hemos estado en los lugares más recónditos del planeta, teniendo la posibilidad de presenciar la más encantadora naturaleza. En algunos años, solíamos ingresar a "manadas" de lobos; aunque fue difícil hacer que me aceptasen por ser vampira, no fue algo tan imposible teniendo a mi amigo de mi lado.
Pero era hora de volver, de hacerme cargo de mis responsabilidades, de enfrentar a mi alma gemela. No podía ocultarme por siempre.
Miles de preguntas rondaban en mi cabeza,¿Me ha estado buscando?¿Me extrañaba?¿Me amaba?¿Sentía algo por mí?.
Fui realmente ingeniosa a la hora de esconderme ya que me infiltraba en los territorios lobunos, y ellos jamás me buscarían allí.
— Tom, iré a cazar un ciervo, necesito alimentarme— sonreí tímida—Espérame aquí, ¿De acuerdo?
Asintió.
—No tardes mucho,debemos partir pronto.
—No lo haré.
Me adentré en el inmenso bosque con la esperanza de encontrar un ciervo para poder beber de él.
A pesar de ser vampira, nunca me ha gustado matar personas por puro placer; aunque no negaba que la sangre humana era un millón de veces mejor que la de un animal, sin embargo, mi orgullo no me permitía matar a inocentes humanos y eso para mí era suficiente.
Mis sentidos se encontraban al máximo,expectantes de todo ser vivo que allí se encuentre. Mi oído captó el sonido de hojas siendo aplastada por un....ciervo.
¡Bingo!
Caminé sigilosamente ocultándome entre los árboles sin hacer ruido alguno. Me posicioné detrás del animal, y cuando giró su cabeza hacia mi dirección, salté rápidamente sobre él. Bebí de su espeso líquido carmín, hasta quedar satisfecha y sentí como la vida abandonaba su frágil cuerpo. Lo arrojé a lo lejos para que otros animales coman de él.
Tras terminar mi cometido ,me acosté sobre las hojas para descansar unos segundos antes de continuar, pero el sonido de ramas crujiendo me alertó. El olor de vampiro despertó todos mis sentidos, pero había algo extraño. Su aura era poderosa, tanto como la de mi alma gemela, pero oscura al fin y al cabo.
Decidí buscar a quien sea que me haya estado espiando, pero fallé. No había rastro alguno de que siguiera allí.
Por un momento, tuve miedo que Arek Nikolov, mi alma gemela, me haya encontrado; pero no podía serlo porque de ser así, los símbolos de mi muñeca hubiesen brillado.
Mi futuro era incierto, no sabía qué sucedería conmigo misma.
¿Cómo reaccionará Arek luego de haber huido de él por 100 años?
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Almas Eternas
VampirosEl recuerdo de aquella cálida noche de verano me erizaba la piel, y no es para menos, ese día encontré a mi otra mitad. Pasé cuatro siglos buscando a quién sería mi compañera de eternidad, y cuando finalmente la encontré, huyó de mi. No soy una...
