Vi como el amor de mi vida corría sin mirar atrás, y lo agradecí. Sólo quería que ella y mi hija estuviesen bien.
Volví la vista al frente y vi como una gran cantidad de vampiros se acercaban a gran velocidad hacia mí. Rodé los ojos, me saqué el saco y lo arrojé a alguna parte del jardín.
Ellos no eran un problema para mí, ventajas de no tener alma. No sentía remordimiento al matar y mis instintos me consumían. Lo único que me hacía dudar de a momentos era la parte del alma de Dasha que poseía, pero no era nada que no pudiese controlar.
Le cedí el mando a mis instintos asesinos y todo comenzó. Sentía la adrenalina correr por cada parte de mi cuerpo y comencé a ver sangre por todos lados.
Arranqué cabezas sin piedad, estrujé corazones, y mutilé cuerpos. Uno tras otro, seguían apareciendo vampiros pero mi fuerza era superior.
Ellos no podían conmigo y lo veía reflejado en sus ojos, sabían que perderían.
Sonreí fríamente antes de introducir mi mano en el pecho de un vampiro y tomar su corazón con mis manos.
Se sentía bien.
Dejé que su inerte cuerpo cayera al suelo y salté al otro extremo para esquivar a un vampiro que intentaba atravesarme con una estaca, se la quité hábilmente y la introduje salvajemente en su pecho.
Ya había perdido la cuenta de a cuántos vampiros había asesinado, pero realmente no me importaba. Me divertía hacerlo.
Sabía que mi lado oscuro lo estaba disfrutando, y mucho.
Cuando maté al último vampiro de su ejército que quedaba, busqué con la mirada a mi objetivo. Y lo encontré.
Su rostro adoptaba una expresión de preocupación mientras me observaba desde lo más alto del techo de mi casa. Sonreí al percibir su temor.
Con una media sonrisa corrí hacia él y en menos de un segundo lo tuve acorralado. Lo empujé al piso y me subí encima de él sosteniendo sus muñecas, lastimándolo.
—Creo que tu ejército es bastante inepto,¿No crees?—hablé con burla—. No pudieron contra uno, eso es...triste.
Sus ojos rojos y sus colmillos relucientes intentaron intimidarme, pero lograron el efecto contrario. Ni siquiera logré inmutarme de ello.
—Y tú eres lo bastante inepto como para dejar a tu esposa sola contra muchos vampiros, en especial Tessa—sonrío malévolo—.En este momento debe estar sintiendo miedo como no te imaginas...
Inevitablemente golpeé su rostro para borrar la estúpida sonrisa que tenía en los labios.
¡Maldición!
La ira se hizo presente en mi sistema y no pude hacer otra cosa más que maldecir.
—¡Maldito!—grité furioso sobre su rostro —,¡Juro que te mataré!
Él sonrió aunque su miedo era palpitante.
—Quiero verte intentarlo...Si lo haces, ella morirá y la arrastraré al infierno junto conmigo.
En un efectivo movimiento quebré su cuello y lo cargué en mi hombro. Bajé del techo y me encaminé a la sala principal. En cuanto estuve allí, la atravesé y me dirigí al sótano que estaba oculto detrás de un estante de libros. Bajé las escaleras, encendí las luces y lo ubiqué en la silla que había en el centro del lugar. Amarré sus extremidades con unas gruesas cadenas impidiendo su escape.
Cuando compré la casa, me encargué de que tuviese un sótano pensando en que si algún día tocase una situación de éste tipo, tendría donde someter a las personas. Por supuesto, Dasha no tenía la menor idea sobre la existencia de este lugar. De cierto modo, no quería preocuparla sobre futuros acontecimientos que no sabía si llegarían a suceder.
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Almas Eternas
Про вампировEl recuerdo de aquella cálida noche de verano me erizaba la piel, y no es para menos, ese día encontré a mi otra mitad. Pasé cuatro siglos buscando a quién sería mi compañera de eternidad, y cuando finalmente la encontré, huyó de mi. No soy una...
