El día estaba hermoso, el sol radiaba más que nunca y las nubes cubrían el hermoso cielo azul.
Me levanté del suelo repleto de flores y comencé a correr en búsqueda de mi hermana pequeña, Tessa. Mientras corría por el hermoso prado, las criadas de mi hogar me saludaban con una sonrisa pidiéndome por favor que tuviera cuidado.
Mi largo cabello blanquecino parecía flotar por los aires gracias al viento, y eso me provocaba cosquillas en la nuca.
Mi pequeña hermana de 10 años y yo, estábamos jugando al escondite. Era simple, yo contaba hasta cien con los párpados cerrados y ella se escondía. El problema era que ella para la edad que tenía, era demasiado inteligente. Yo tenía, tal vez, media hora buscándola y no tenía éxito.
Decidí adentrarme en el bosque que estaba al otro extremo de mi hogar con cuidado de no encontrarme con nadie, si mis padres se enteraban de en dónde me encontraba, estarían demasiado enfadados.
Divagué por el lugar un largo rato y cuando comenzaba a desesperarme, oí dos voces muy cerca de mí. Me giré hacia los lados buscando de dónde provenían las voces y finalmente las encontré. Me acerqué a ellos con cuidado.
Su cabello rubio demasiado conocido para mí, se encontraba a mis espaldas, mientras que estaba enfrentada a un niño de mi edad, quizás, de cabello castaño y ojos azules. Era lindo.
—¡Oye!—llamé su atención y ambos se giraron hacia mí—, ¿Quién eres?
El niño sonrió amable.
—Nathan.
—¿Qué intenciones tienes con mi hermanita, Nathan?
El río deslumbrando su sonrisa.
—¡Ninguna! Sólo la encontré aquí sola, y según me dijo, se escondía de su hermana que debes ser tú, pequeña.
Me acerqué a él y le extendi mi mano.
—Lo soy—sonreí—, Dasha. ¡Mucho gusto!—hice una mueca—, aunque no soy pequeña, ¿sabes?
Tomó mi mano y volvió a sonreír. ¿No se cansaba de sonreír tanto? Al parecer no.
Tessa rápidamente soltó la mano de Nathan y la mía observando a el niño de una forma extraña.
—No deberías, no lo conoces— exclamó ella con una mueca.
La miré extrañada. ¿A caso ella no hablaba con él momentos atrás?
—Y tú tampoco. Sin embargo, entablaste una conversación con él, así que supongo que tan desconocido no es, ¿no?
—No...
A partir de aquel momento, entablé una gran amistad con Nathan. Era un niño encantador, tanto, que se convirtió en mi mejor amigo. Aunque con Tessa no logró lo mismo.
Era rara su relación. Siempre se enviaban miradas extrañas. Aún recordaba la primera vez que lo conocimos, en el bosque, ella y él se habían quedado observando por largos minutos, perdidos en algo que no supe descifrar.
La forma en que se miraron fue extraña, pero decidí ignorarlo.
Había algo distinto en él, podía notarlo con facilidad; sus ojos que solían reflejar emociones positivas tan sólo eran valles oscuros.
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Almas Eternas
VampireEl recuerdo de aquella cálida noche de verano me erizaba la piel, y no es para menos, ese día encontré a mi otra mitad. Pasé cuatro siglos buscando a quién sería mi compañera de eternidad, y cuando finalmente la encontré, huyó de mi. No soy una...
