Los días pasaban de forma agonizante, me sentía ahogada en mi propio cuerpo sin salida alguna. Me agobiada estar aquí sin podes hacer nada, sin poder tener un poco de paz. Todos los días eran monótonos, Arek se dedicaba a ignorarme la mayoría del tiempo y solamente me hablaba para exigirme o obligarme a hacer algo. Cada vez que estaba a su lado sentía la frialdad que emanaba su alma llegando a causarme repulsión; aunque no lo hiciese a propósito.
A diferencia de los demás días, hoy decidí salir a investigar un poco de información sobre él. Siempre solía quedarme en mi habitación hablando con Clarisse, pero hoy debía salir de aquella rutina devastadora.
Me observé en el espejo y vi algo que me gustó. La ropa que llevaba puesta me quedaba bien, el talle era exactamente el mío. Después de todo, había sido hecha especialmente para mí.
Instantáneamente, recordé todas las veces en que arrastré a Tom conmigo para que me acompañase a comprar ropa. Sonreí con el sólo hecho de recordarlo, era inevitable pensar en él.
¿Estará bien? ¿Lo tratarán bien? ¿Estará preocupado por mí?
Sentí preocupación por él, que quizás Arek le haya hecho daño a alguien tan importante para mí. De él se podía esperar cualquier cosa, y no buenas precisamente.
Decidí esfumar aquellos pensamientos de mi mente, luego me encargaría de ese tema con mayor precisión. Salí de mi habitación con la sensación de libertad ya que me encontraba en el Castillo sin la presencia de Arek. Sentí -aunque sea mínima -libertad. Podía circular por el lugar sin el miedo de encontrarme a mi mayor pesadilla por algún rincón. Busqué con precisión algún indicio de su biblioteca privada. Decía "privada" porque él era el único que podía acceder a ella, según me contó Clarisse hace algunos días atrás. Estaba estrictamente prohibida el ingreso de alguien que no fuese él sin su consentimiento.
Me causaba tanta curiosidad que decidí infringir la regla sin pensar en las consecuencias futuras, pero no me importó. Estar aquí era muy malo, ¿Había algo peor?.
Una gran puerta de mármol y cristal se apareció frente a mí dejándome estupefacta. Para ser una "simple" puerta era muy extravagante. Mis manos se dirigieron instantáneamente al picaporte para poder abrirla pero ésta no cedió. Noté que a mi izquierda había un tablero dónde debía marcar la contraseña. Leí detenidamente lo que decía y logré confundirme.
¿Un número de cuatro dígitos?¿podría ser un año?
Medité unos segundos y decidí colocar mi respuesta, debía ser cuidadosa porque tenía solamente tres intentos. Introduje mi suposición y la máquina indicó error.
¡Maldición! Sólo me quedaban dos intentos... ¿Qué más podría ser que el año de su nacimiento?Quizás...¿El año en qué se lo coronó Rey?
Intenté nuevamente con la fecha indicada y me frustré aún más. No había vuelta atrás, si lo dejaba con un sólo intento él lo sabría y quizás culparía a alguno de sus críos. No podía permitir eso,debía terminar lo que comencé.
Tardé algunos segundos y me arriesgué con el código que pensé. Introduje lentamente el año y suspiré. Mis ojos se abrieron de par en par al darme cuenta de que había acertado.
El año en qué nos conocimos.
Raro.
Sinceramente no pensaba que podría acertar, me tomó por sorpresa.Decidí no darle más vueltas al asunto y entré rápidamente al lugar.
Simplemente maravilloso. No había manera para describir la belleza del lugar sin quedarme corta de palabras.Ni siquiera mi biblioteca se asemejaba a la belleza que ésta destellaba.
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Almas Eternas
VampireEl recuerdo de aquella cálida noche de verano me erizaba la piel, y no es para menos, ese día encontré a mi otra mitad. Pasé cuatro siglos buscando a quién sería mi compañera de eternidad, y cuando finalmente la encontré, huyó de mi. No soy una...
