Lo que veía en el espejo me gustaba, de cierto modo me hacía sentir diferente. Mis ojos contemplaban el precioso vestido rojo que mi cuerpo portaba. Se veía perfectamente adaptado a mi figura, haciéndome sentir un poco más segura de mí misma de lo que ya era. Mis labios rojo pasión hacían un muy buen juego con el vestido, dándole un toque salvaje al estilo; y era eso lo que justamente necesitaba. Hoy daba inicio a un nuevo plan.
Habían pasado ya varios días e incluso semanas desde que Arek me besó, él había intentado hablar conmigo del tema pero yo simplemente lo interrumpía o intentaba desviar el tema ya que aún no me sentía cómoda hablando sobre aquello, no hasta que mi plan iniciara, y ese día había llegado. Su actitud conmigo había cambiado mucho desde ese día, ahora se esmeraba por ganar mi perdón y tal vez mi corazón. Era como ver una versión mejorada de él mismo.
Pero no podía permitirme comenzar a enamorarme de él, no ahora.
La noche anterior, él mismo se había hecho cargo de invitarme cordialmente a acompañarlo al baile del tratado de paz. En ese baile, se reunían todos los gobernantes de diferentes especies por un acuerdo de paz hace 100 años. Allí me encontraría con lobos, brujas, hadas, dragones y todo lo que uno se podría imaginar.
El gobernante de cada especie tenía derecho de llevar a quién quisiera y a cuántas personas quiera. Arek, sólo había optado por llevarme a mí, lo que me pareció encantador, y a su mano derecha que jamás había conocido, Elliot.
—Estoy segura que al señor Arek le encantará—explicó refiriéndose a mi vestimenta—, pero se volverá loco intentando esfumar a todo aquel que te observe.
Negué con la cabeza divertida.
—No lo creo—murmuré—, no parece ser ese tipo de hombre.
Su sonrisa se extendió aún más, parecía estar burlándose de mí.
—Descúbrelo por ti misma.
No pensé mucho en el tema y me dediqué a hacer unos últimos arreglos. A los pocos minutos, el sonido de unos golpes en la puerta me alertó; era Arek.
—Saca esa parte tuya que no sabía que tenías, Dasha—pensé.
Sonreí internamente y abrí la puerta. Un despreocupado y sonriente Arek se encontraba allí, en el pasillo, con un elegante traje de diseñador negro, una camisa blanca y una corbata negra. Era un traje clásico, pero aún así era difícil que no destacase. Es decir, era hermoso.
Sus ojos me observaron descaradamente recorriendo cada parte de mí, logrando ponerme un poco incómoda, pero no insegura.
—Te ves hermosa, Dasha—habló con sinceridad.
Sonreí.
—Opino lo mismo de ti.
Hoy más que nunca, sus ojos se veían brillantes.
—¿Lista?—asentí y me extendió su brazo que gustosamente lo tomé.
Caminamos en un cómodo silencio hasta llegar a las puertas del Castillo. Afuera, nos esperaba una limusina negra lista para llevarnos al esperado baile. El chófer del auto nos saludó amablemente, nos abrió la puerta y nos adentramos en la limusina.
El trayecto al baile era tranquilo—a mi parecer—, me dedicaba a mirar a través de la ventana lo que había perdido; la libertad. Ansiaba salir a correr por los profundos bosques y perderme en ellos. Extrañaba la compañía de Thomas, mi lobo favorito.
Todo parecía una realidad lejana la cuál había vivido y no podía recordarlo.
La mirada de Arek parecía no querer dejar de observarme, parecía perdido en sus pensamientos o simplemente quería decirme algo.
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Almas Eternas
VampirosEl recuerdo de aquella cálida noche de verano me erizaba la piel, y no es para menos, ese día encontré a mi otra mitad. Pasé cuatro siglos buscando a quién sería mi compañera de eternidad, y cuando finalmente la encontré, huyó de mi. No soy una...
