Capítulo 14:"La última vez que lo vi"

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La delicada luna comenzaba a asomarse entre los profundidades del cielo ya no tan celeste. El viento soplaba con majestuosidad haciendo del ambiente un lugar precioso; aunque no todo lo era.

Me sentía traicionada aunque no tuviese razones para hacerlo, porque, en cierto modo yo también había traicionado su confianza. Todo era extraño, sentía un dolor en el pecho, uno muy feo. No sabía siquiera qué sentía, quizás decepción, aunque no lo podía saber con certeza.

Todo esto había sucedido por obra del destino, el lo había deseado de ese modo. Sin embargo, está el lado oscuro de aquello; la parte en que nosotros elegimos el camino correcto en nuestro destino y aceptamos los riesgos de hacerlo.Bueno, yo lo estaba haciendo en aquel momento; me encontraba unida a Arek, pero yo decidí correr el riesgo y construir mi propio destino, lejos de él a pesar de las circunstancias dadas.

Había tomado el riesgo de subir a la montaña rusa más alta, consciente de mis actos. Ahora, era tiempo de tomármelo con calma e intentar bajar de ella, aunque la vida me costase.

Me encontraba en un estado de abatimiento puro, mirando hacia la nada pero pensando en todo.

—¿Dasha?—la voz de Clarisse me regresó a la realidad rápidamente, no podía permitirme dar a conocer mis planes ni cuán afectada estaba—.Te noto extraña...¿estás bien?

Asentí forzosamente.

—Estoy bien,es sólo que...—no sabía que excusa ponerle,¿quizás debía decirle que lo extrañaba a él? patético —lo extraño.

Sonrió complacida y se acercó a mí para acariciar mi cabello suavemente como una madre lo haría con su hija; porque a pesar de todo, ella se había convertido en alguien importante para mí. Aunque no podía evitar pensar si ella sabía todo desde un principio, porque de ser así me llevaría una gran decepción, pero de momentos prefería esfumar esa idea.

—Oh,cariño.Él volverá pronto—ojalá nunca lo haga—.Te contaré algo,¿de acuerdo? pero promete no decirle que yo te lo he dicho—asentí sin ánimos—. Él te ama, me doy cuenta cuando veo sus ojos al hablar de ti. Antes él solía ser alguien muy frío con todos, pero a pesar de eso, te quería muy en el fondo.Sé que te hizo daño y lo comprendo, pero es que él carga con algo que lo hace ser de ese modo.Sólo dale tiempo e ilumínalo con tu luz.

¿Amar? no podía ser cierto, ni tampoco sería capaz de creerle. ¿Quién en su sano juicio pensaría matar a la persona que ama? un psicópata quizás.

Oh, se me olvidaba que él era uno.

—¿A qué te refieres cuando dices "ilumínalo"? No logro comprenderlo.

La noche comenzaba a hacerse presente y la hora de marcharme se acercaba. Ya tenía todo planeado, con la confianza que había ganado en este tiempo fue más que suficiente para poder hacerlo.

—Me refiero a una única y exclusiva palabra; amor.

Amor, una palabra que él jamás conocerá.El amor es aquello que le nace a alguien hacerlo; sentirlo. El amor es genuino, en un estado pleno de pureza. Es como una pequeña flor en medio del desierto; debe ser cuidada con cariño y como si de la vida misma se tratase. Porque eso es el amor, nadie podía decir lo contrario.

—Tal vez lo haga—murmuré.

Tal vez lo haga en otra vida...














La fría noche había caído como plomo entre las espesas profundidades del gran bosque; los búhos cantaban una tierna melodía de un idioma inentendible, la luna resplandecía con mucha intensidad como intentando comunicar algo.

La destreza con la cuál me movía en habilidad humana era estupenda, jamás me había imaginado poder hacerlo con tanta facilidad. Suspiré sonoramente y dejé mi cuerpo caer livianamente sobre el suelo de la entrada principal del Castillo. Me levanté y sacudí mi ropa, no podía permitirme tener aspecto de alguien que se escapó de un manicomio, aunque era algo parecido.

Golpeé la puerta del Castillo hasta que dos guardias aparecieron frente a mí.

—Señorita, ¿Qué hace...?—no le di tiempo de terminar ya que en un veloz movimiento quebré su cuello causándole una muerte temporal. El segundo guardia, intentó atraparme de espaldas pero se lo impedí golpeando su estómago en un rápido movimiento alejándolo de mí, me acerqué a él y lo tomé con fuerza del cuello.

—Lo siento, esto no es culpa tuya.

Y tras finalizar, quebré su cuello.

Debía apurarme ya que no tardarían más de diez minutos en recobrar la vida.

Una pequeña sonrisa se asomaba por mi rostro y claro, tenía motivos para sonreír. Lograría la libertad que tanto había estado anhelando, aquella que en algún momento parecía inalcanzable hasta hoy.

A lo lejos, unas indefinidas figuras en la penumbra comenzaban a tomar forma a media que me acercaba, eran quizás tan sólo cinco guardias. Y es que al haberme ganado la confianza de Arek, él pensó que no querría escaparme y disminuyó guardias a lo más mínimo. Corrí hacia ellos y sin dejarlos reaccionar, quebré el cuello de todo aquel que apareciera en mi camino. Sólo quedaba uno, uno bastante conocido para mí.

—¿Por qué?—soltó simplemente. Sostenía su cuello con una mano y con la otra evitaba que pudiera soltarse. Su cuerpo parecía estar rendido a ganar la lucha. Después de todo,yo era más fuerte que ellos desde que me uní a Arek. Esa era una ventaja, su fuerza se transmitía a mi cuerpo.

—Porque él me mintió—repliqué—. Y desde el momento en que llegué aquí pensé en recuperar mi libertad, Marco. Jamás abandoné ese pensamiento. Y es justo hoy, aquí y ahora, cuando me iré y no miraré atrás. Y si algún día llegase a volver a éste lugar, ten por seguro que será por cuenta propia, será por mí misma—él escuchaba atento cada palabra que decía. Continué rápido sin darle tiempo de contestar—. ¡Oh! Por cierto, entrégale ésta carta a Arek. No lo olvides.

Coloqué la carta que tanto me había costado escribir en su mano, tanto que había pasado la tarde entera buscando las palabras justas. Aunque ninguna le hacía justicia.

Antes de que palabra alguna saliera de su garganta, rompí su cuello y lo maté temporalmente. Abrí un poco las rejas y salí corriendo de aquel lugar con un pequeño dolor en el pecho.

El dolor de la traición. Pero,¿era el dolor de su traición o la mía?

Me alejé sabiendo que tarde o temprano volvería. Porque aunque no quisiera serlo, éramos Almas Eternas y eso era aterrador, en cierto modo me asustaba imaginarme una vida junto a Arek. Aunque claro, jamás pasaría.

Me perdí en los espesos bosques; y aún más importante, me perdí a mi misma. Porque sabía que yo misma había elegido mi destino con un poco de ayuda del mismo, no podía negarlo.

Ese día fue la última vez que lo vi, pasaron meses que parecían ser agonía y no podía aguantar más esa opresión en el pecho, sentía que moriría definitivamente y mis ojos se cerrarían para jamás volverse a abrir.
Eso es lo que sentí hasta hoy, cuando después de bastante tiempo, lo volví a ver.

Y no por su voluntad, sino por la mía.


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