Capítulo 27:"felicidad"

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Sentía una sensación indescriptible, mágica pero a la vez extraña. El sentimiento era tan grande que no podía evitar pensar que había alguien creciendo en mi vientre. No podía evitar que una gran sonrisa se extendiera por mi rostro.

Mi alma se sentía plena y en paz, deseosa de estar presente en cada paso que mi bebé diese.No sabía si era yo, o el día parecía tornarse de colores instantáneamente. Todo parecía más pacífico y alegre, o al menos eso yo sentía.

Jamás pensé que justo en este momento pudiese suceder algo así, pero no me arrepentía de nada. Siempre había deseado tener un bebé fruto de mi amor por él, cuidarlo y ayudarlo en cada decisión que su vida presentase, aconsejarlo en cada oportunidad y sobre todas las cosas, amarlo más que a mi existencia.

Eran tiempos difíciles, sí, pero había decidido llegar en el tiempo exacto para tornar la tristeza en felicidad. Sentía unas potentes ganas contárselo a Arek, no sabía cómo se lo tomaría, pero sabía que de buena manera.

Mamá...

El sólo imaginarme que mi bebé me llamase de esa manera, me hacía sentir plena.

Cuando volví a la realidad, nuevamente, noté que Analeigh aún se encontraba frente a mí observando todo con sumo cuidado.

-Felicidades-exclamó, sin ningún poco de humor. Forzó una sonrisa y luego prosiguió-. Creo que necesitas un tiempo contigo misma, así que me iré... pero volveré, y cuando lo haga, todo será distinto. Recuérdalo.

Y antes de que contestara, desapareció. Le resté importancia a sus palabras, mi mente estaba en un lugar muy lejano de la realidad.

Observé como el sol comenzaba a caer y decidí que era hora de volver, de tener una feliz charla con mi amor eterno. Ya quería ver su expresión al enterarse, estaba completamente segura que se sentiría igual de feliz que yo, lo sentía.

Corrí en dirección al castillo, con cuidado de no hacer movimientos extraños, recordando aquella conversación que había tenido con Arek sobre tener hijos algún día. Ese sueño que parecía tan lejano, comenzaba a tornarse realidad, y yo, no podía ser más feliz de lo que ya era.

Tendría nueve largos meses para que ese pequeño ser parte de mi alma creciera dentro mío, porque sí, que yo fuese vampira no significaba que él bebé tendría menos tiempo de gestación como dan a entender muchos libros sobre el vampirismo, no, mi bebé crecería como cualquier otro. Tampoco cumpliría años cada seis meses, lo haría tal como lo hacía un humano. Tendría una infancia como cualquier otra, una pubertad como cualquier otra, una adolescencia como cualquier otra. Obviamente, sus genes vampíricos siempre estarían allí, pero no harían aparición hasta después de que decidieran despertarse. Por lo general, el vampirismo heredado, aparecía entre los veinte y veintiséis años, aunque en algunos casos aparecía antes, y su apariencia física quedaba de ese modo por siempre.

Es decir, mi bebé tendría una infancia sana y normal.

Cuando llegué a mi hogar, busqué a Arek en la biblioteca y no lo encontré. De casualidad, me encontré a Clarisse rondando por el lugar y decidí preguntarle por él.

-Clarisse-le hablé-¿sabes dónde está Arek?

Ella sonrió.

-Está en la habitación que comparten.

Asentí fugazmente y reanudé mi camino.

Lo había estado evitando por varios días, ya que al no saber qué me sucedía no quería que él se preocupara. Fui una tonta, sí, quizás debí ser clara desde un principio. También me había dolido alejarlo, pero todo era debido a que no sabía cómo reaccionar exactamente. Pero ahora que tenía la oportunidad, le explicaría todo.

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