En cuanto estuve con Abdel, noté que estaba solo. Y eso podía significar una sola cosa; Analeigh había escapado.
Intenté mantener la calma, quizás había alguna razón. Quizás la tenía en el sótano.
—¿Y Analeigh?—pregunté—¿Dónde está ella?
Mi hermano frotó sus manos ejerciendo fuerza y se dignó a responder.
—Ella se escapó...—lo interrumpí.
—¡¿Qué?!—pregunté elevando la voz-¿Cómo pudiste dejarla ir?
Cuando llamé a Abdel para que me ayudara pensé que su presencia daría resultados pero...
—Arek, debes tranquilizarte y pensar con la mente en frío—replicó frustrado.
Caminé hacia él y lo tomé de los bordes de su camisa elevando su cuerpo en el aire y estampándolo contra la pared.
—¡¿Cómo quieres que me calme si dejaste ir a la única persona que sabe donde está Dasha y mi hija?!¡Dime cómo!
El sonrió de lado lo que no me causó ni una pizca de gracia y se soltó de mi agarre ejerciendo la misma fuerza que yo había utilizado.
—Sí tan sólo me dejaras terminar te evitarías esa reacción—informó fulminándome con la mirada—. Ella logró escaparse ya que utilizó una especie de hechizo que me paralizó... pero antes de irse me dijo algo.
Se calló repentinamente y tuve ganas de golpearlo.
—¿Qué?
Rodó los ojos.
—Me dijo su ubicación exacta y que nos esperaba allí para realizar un acuerdo.
Bien. Había muchos riesgos pero no me importaba, haría todo por los amores de mi vida.
—¿Dónde?
— Al norte de la ciudad, bosque Gievenwood. Mencionó algo de una única cabaña...
Me dirigí hacia la puerta con destino al lugar antes mencionado pero su fastidiosa voz me detuvo abruptamente.
—¿En serio piensas ir?¿Y sólo? ¿Eres consciente de que no es seguro que esté allí?
Me encogí de hombros sin importancia.
—Sí, y vale la pena arriesgar. Haría todo por recuperarla.
El negó con la cabeza.
—Sé cuanto la amas, pero, ¿Ir solo y sin refuerzos?—exclamó irónico—,Por si no lo has notado, y estoy seguro de que se te olvidó, eres el Rey de todos los vampiros. ¿Por qué ir solo?
—Porque esto empezó por mi culpa y debe terminar de la misma forma.
—Siempre tan impulsivo...eso no es un argumento válido pero...—explicó—, pensaré como tú e iré contigo.
Una pequeña sonrisa temporal se esbozó de mis labios y le hice una seña para que me siguiera.
—¿Entonces, qué esperamos?
Salimos de allí y el cálido viento de la ciudad nos golpeó el rostro, como si a diferencia de mi, estuviera con ánimos.
Nos subimos al auto clásico y bien valuado de Abdel y comenzamos comenzamos dirigirnos al lugar. Obviamente, yo iba manejando y era claro que a Abdel no le gustaba. Yo tenía una manera peculiar de manejar, y ella incluía velocidad, mucha velocidad.
En el trayecto no cruzamos palabras y me pareció bien. Tan sólo me dediqué a pensar en lo mucho que extraña y necesitaba a Dasha y a mi hija.
Mi pequeña...
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Almas Eternas
VampirEl recuerdo de aquella cálida noche de verano me erizaba la piel, y no es para menos, ese día encontré a mi otra mitad. Pasé cuatro siglos buscando a quién sería mi compañera de eternidad, y cuando finalmente la encontré, huyó de mi. No soy una...
