Con el desgarrador dolor de mi alma, saqué fuerzas de donde no las tenía y me levanté del frío metal. Mi garganta quemaba por la falta de alimento, y es que al parecer, no me habían alimentado las últimas horas.Eso me preocupaba demasiado, mi bebé debía crecer sanamente. Luego, noté una jeringa intravenosa inyectada en mi brazo derecho, pero estaba vacía. La sangre que parecía proveerme, se había acabado.
Oí un ruido al otro lado de los barrotes e inmediatamente identifiqué a un elfo guardián, y según había oído, su sangre era exquisita, y yo estaba a punto de descubrirlo. Necesitaba alimentarme para ganar energías y poder actuar eficientemente, debía beber de él, no tenía otra opción.
Intenté no pensar en las cosas que me atormentaban y me concentré en mi próxima misión. Debía ser rápida y calculadora, de lo contrario me descubrirían. Volví a la posición anterior-acostada sobre la cama-y comencé la actuación, no sin haber hecho una pequeña abertura en mi brazo antes de comenzar.
-Ayúdame...-susurré fingiendo voz de dolor-, por favor. No siento mi cuerpo.
El hombre se giró en mi dirección con el ceño fruncido, y pude ver detalladamente su rostro. Su piel parecía ser tersa y sus orejas eran bastante largas y puntiagudas, sus rasgos faciales eran definidos y suaves, pero su mirada era desafiante y penetrante.
-¿Qué?-se limitó a preguntar.
-No puedo sentir mi cuerpo...-volví a explicar-, y el borde de la cama metálica hace que mi brazo sangre aunque no lo sienta, puede hacerle mal a mi bebé e incluso a mí.
Era obvio que eso era mentira, no moriría pero sí me debilitaría más de de que ya lo estaba. Pero pronto recuperaría, lo sabía perfectamente.
Si me habían dejado vivir todo éste tiempo era por alguna razón, por lo que estaba segura que no me dejarían morir.
El elfo reaccionó e ingresó a la celda apresuradamente luego de abrirla con una extraña llave.
-¿Dónde?-preguntó-, si te dejo morir, me matarán...-murmuró, y contestó mi hipótesis.
-Aquí... -señalé mi brazo. En cuanto su cabeza descendió a mi brazo bañado en sangre y se despistó, lo tomé por su cuello haciendo presión impidiendo el ingreso de oxígeno y lo mordí. El poco aire que recibía hacía torpe sus movimientos por lo que se me facilitaba el trabajo. Cuando sentí su dulce sangre ingresar a mi sistema, me sentí en el cielo. Hacía mucho tiempo no bebía directamente sangre, y había olvidado lo bien que se sentía. Aunque su sangre era mucho mejor que la de otros vampiros, no se comparaba con la de mi amor.
Bebí hasta la última gota de su sangre para recobrar energías y solté su inerte cuerpo. Me levanté de la camilla sosteniendo mi barriga e ignorando la cortadura que mi brazo tenía para caminar sigilosamente hacia la salida. A medida que caminaba por el pasillo, sólo podía sentir mis pasos; parecía no haber nadie. Me sorprendí al borde de llorar cuando vi rastros de sangre por el piso. Sabía a quién le pertenecía, pero tenía la esperanza de que estuviese con vida. Fui a su celda, pero ésta estaba completamente vacía, salí de allí y continúe caminando por el pasillo hasta que llegué a una habitación pequeña con una silla de madera en el centro sostenida por docenas de cadenas de plata.
Un gemido de dolor salió de mis labios al notar un charco de sangre seca alrededor de la silla, lo que me confirmaba que lo habían torturado. No pude contener más las lágrimas por lo que comencé a llorar sin retorno. Quizás él estaba muerto, y por mi; todo por mi. Me sentía más miserable que nunca, y era con obvia razón.
Debía hacer algo, pero tampoco podía tardar tanto porque de lo contrario me descubrirían. Mi mente no funcionaba en su totalidad, mis penas no me dejaban pensar con claridad.
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Almas Eternas
VampirosEl recuerdo de aquella cálida noche de verano me erizaba la piel, y no es para menos, ese día encontré a mi otra mitad. Pasé cuatro siglos buscando a quién sería mi compañera de eternidad, y cuando finalmente la encontré, huyó de mi. No soy una...
