Recosté mi cabeza sobre la cabecera de la bañera permitiéndole tanto a mi mente como mi cuerpo descansar. Eliminé todo rastro de suciedad sobre mi cuerpo y traté de limpiar las heridas que anteriormente estaban allí. Luego de varios minutos salí de la bañera y sequé cada parte de mi cuerpo, deteniéndome en mi pequeño vientre. No se notaba a leguas mi embarazo, era imposible saberlo a menos que usara alguna clase de vestido ajustado; y por el momento, no lo haría.
Reposé mis manos sobre ese lugar y lo acaricié con ternura, sea como sea, lo protegería con mi vida. Deseaba que todo saliera bien y se arreglara para poder disfrutar mi embarazo, pero por el momento no era posible y debía conformarme con saber que mi bebé estaba bien.
Me vestí con un simple vestido blanco largo con caída de princesa e intenté peinar mi cabello torpemente. Salí de allí y me encontré con Clarisse sentada en un sofá de la habitación con la mirada perdida en algún punto de la ventana.
—¡Clarisse!—exclamé feliz de volver a verla.
Ella se giró ni bien oyó mi voz y me regaló una radiante sonrisa. Corrí y la abracé con fuerza, la había extrañado mucho.
—Señorita Dasha...—me separé al oír lo que dijo y la observé reprobatoriamente—, digo, Dasha. Lo siento, es la costumbre.
Reí y la guíe al sofá más cercano para poder conversar.
—¿Sabes? Ha sido difícil para todos nosotros enterarnos de tu secuestro... pero aquí estás, sana y salva, con esa aura llena de valentía que te caracteriza.
—Yo he extrañado a cada una de las personas que aquí conocí, incluyéndote obviamente, para mí te has convertido más en una amiga que otra cosa, y me gustaría que lo sepas.
Ella sonrió melancólica al oír mis palabras, quizás recordando algo.
—Tú también, Dasha.
Sonreí.
—Dejando de lado el momento cursi... —curvé mis labios—,¿Podrías hacerme una linda trenza? Ya sabes, las mías son pésimas.
Ella río y asintió. Me acomodé en mi lugar y ella se paró detrás mío, comenzando a hacer magia con mi cabello.
—Creo que deberías considerar aprender a hacerlas—comentó distraída—, ¿Quién sabe? Quizás tengas una niña.
Asentí levemente dándole la razón.
—Quizás...
Luego de que Clarisse hiciera maravillas con mi cabello, llegó un doctor a controlar que mi embarazado estuviese progresando correctamente, y como lo esperé, lo hacía. Sólo me recomendó aumentar las raciones de sangre diarias pero nada complicado.
En aquellos momentos estaba recostada sobre la cama—como me había indicado el doctor—, esperando a que Arek tuviese todo listo para marcharnos. Sí, nos iríamos del castillo y no, no sabía a dónde,aún. Horas antes él y yo habíamos tomado la decisión de irnos, pese a que extrañaríamos el lugar que fue testigo de nuestro amor, debíamos dejarlo ir, por nuestra seguridad. Nuestro único consuelo era saber que volveríamos en un tiempo no muy lejano, hasta que todo se resolviera.
Acaricié mi vientre deseando saber qué sería mi bebé, pero para eso debía esperar un poco más. Era impresionante como todo había cambiando en tan poco tiempo, en como todo se había convertido en un huracán amenazante con ganas de destruir todo. Mis ilusiones se habían visto destruidas por todo lo que estaba sucediendo, causando una gran angustia en mí.
Observé con detenimiento cada parte de la habitación, recordando cada momento que aquí viví. Las veces en que sus besos me enternecieron el alma, las veces en que sus manos encendieron mi piel con un simple roce, y como sus palabras lograban cautivarme en su corazón. Todo aquello que mi alma y cuerpo habían presenciado alguna vez, se quedarían allí, y en mi mente, por siempre.
ESTÁS LEYENDO
Almas Eternas
VampirosEl recuerdo de aquella cálida noche de verano me erizaba la piel, y no es para menos, ese día encontré a mi otra mitad. Pasé cuatro siglos buscando a quién sería mi compañera de eternidad, y cuando finalmente la encontré, huyó de mi. No soy una...
