Un trágico destino para un pobre corazón muerto en vida, uno devastador para cualquier humano; pero no para mí. Sacrificio, algo que pocos conocen y más aún si uno debe hacerlo.
¿Sería capaz de sacrificar mi propia eternidad? No lo sabía realmente. Estaba distante de aquella sofocante realidad, sumergida en un inhóspito trance temporal del cuál deseaba no salir por un tiempo. Pero nada era de ese modo.
—¿Es la única opción?
Una gran duda surgía de mi interior, deseaba saber la respuesta.
—Supongo, aunque aún no la he hallado — bien, eso no me motivaba del todo—No necesitas darle tantas vueltas al asunto, Dasha. No sería capaz de hacerte algo así, ya no más. Sólo quiero que sepas la verdad porque lo mereces.
Sí, en eso acertaba. Merecía saber la verdad porque yo también era una parte de él, y cualquier cosa que le sucediese a uno, afectaba a el otro. Claro, después de encontrarse. Aunque, debía admitir, me sorprendió la sinceridad con la que se expresó.
Sí, dolía saber que en un pasado él sólo me hubiese utilizado para alcanzar sus objetivos, pero¿quién era yo para juzgarlo?Si lo primero que pensé al llegar aquí fue en escapar. Y lo más importante, se arrepintió. Y lo perdonaría, claro, porque sabía que si no lo hacía mi alma no sanaría completamente.
—Yo...no sé qué decir.
—Podrías comenzar diciéndome cómo te sientes.
Y allí estaba yo, intentando formar una oración coherente.
—Me siento extraña—murmuré—, me dolió que hayas pensando en hacerme eso, pero te arrepentiste, y eso es importante...—expliqué—. Arek, hay algo que debo decirte.
Me observó con cuidado, repasando cada movimiento que pudiera hacer. Sus ojos jamás dejarían de sorprenderme.
—¿Sí?
—Quizás un par días después de que yo estuve aquí, apareció una nota en el balcón. Y también sentí una presencia extraña... ¿Crees que sea ella?
Me observó extrañando un par de segundos hasta que luego reaccionó y pareció divagar en viejos recuerdos.
—Por qué no me lo dijiste, Dasha? —me reprochó, pero no era tiempo de hacerlo, no en esa situación.
Suspiré frustrada y caminé por la habitación libremente.
—No lo encontré importante...
—¿Fue la única que recibiste? —asentí con la cabeza —, ¿La conservas?
Busqué en mis bolsillos la tan exasperante nota hasta que di con ella y la extraje al interior. Se la extendí cuidadosamente y él se dedicó a leerla con paciencia.
—Sólo la conservé por curiosidad... —expliqué —aunque no parecía ser escrita por una bruja.
—No conozco la caligrafía, aunque hay posibilidades de que sí sea ella,suele ser bastante impredecible...—dudó antes de hablar—, ¿Cuándo la recibiste?
Me transporté a ese horrible día.
—Después de que me liberaste del calabozo... —No podía evitar mirarlo a los ojos, sabía que me decepcionarían al no saber la razón por la cuál me castigó —. ¿Por qué lo hiciste?
Levanté mi rostro para notar confusión en él.
—Tú habías roto ese jarrón que le perteneció a mi familia por generaciones, el mismo contenía la esencia de los Nikolov — se acercó a mi hasta quedar frente a frente —Yo realmente lo siento, Dasha. Fue lo más estúpido que pude hacer, se que nada remediará el dolor que sentiste y la decepción que floreció en tu interior hacia mí.
Sonreí tristemente. A pesar de todo, lo perdonaba.
—Yo te perdono, Arek —expliqué —. Pero yo no rompí eso.
Sus cejas se fruncieron en confusión.
—¿No?
—Claro que no, grandísimo idiota. Sólo sé que sentí un aura demasiado poderosa y luego en el momento que noté el objeto roto tú llegaste y lo demás ya conoces...
—¿En serio?
—Sí, pero estabas demasiado ocupado enojándote conmigo para notarlo.
Su mirada reflejaba aflicción, y me dolía. No quería que se trastorne con cosas que sucedieron en el pasado. En un segundo, me abalancé sobre él fundiendo nuestros cuerpos en un cálido abrazo. Se sentía como flotar en cielo, un sentimiento puro y noble.
—Lo siento... —murmuró con su mentón apoyado en mi cabeza.
—Todo está bien,Arek —susurré embriagándome de su dulce aroma —. Por cierto, la primera vez que sentí esa presencia fue unos días antes de que encontraras, en el bosque. Lo extraño fue que era un aura poderosa, pero no de bruja sino que de un vampiro.
Tomamos un poco de distancia sin perder el contacto.
—Debemos ser cuidadosos con cada paso que demos, ¿Está bien?. Mandaré a mi gente a rastrear su paradero y también a recolectar información útil. Sé que hay otra salida, debe haberla. No permitiré que nadie jamás te haga daño porque tú Dasha, te has convertido en mi razón de estar aquí, en éste vida.
No podía evitar derretirme ante sus palabras, eran tan puras y dulces, podía sentirlo. Y sí, había caído rendida ante él, había perdido mi propio juego. Lo amaba, y no podía revertir la situación. Se que cualquier obstáculo que nos apareciera lo superaríamos, juntos. Porque después de todo ya no quería a nadie más, sólo a él.
Lo besé tomando la iniciativa. Un beso cargado de promesas eternas e inquebrantables. Era un beso distinto, era cómo un pacto el cuál era sellado en muchos sentidos. Estaba dispuesta a entregarle mi corazón. Aunque estaba un poco equivocada porque mi corazón ya era suyo de antemano.
Al finalizar el eterno beso, permanecimos con nuestras frentes apoyadas, transmitiendo cada sentimiento con nuestros ojos.
—Entonces... —susurró —, ¿Me darías el honor de ser tuyo, por siempre?
Sonreí.
—Mío... —murmuré —, suena bien. Supongo que yo también soy tuya.
Sonreí sincera notando el brillo que se hacía presente en sus ojos, eran dos perlas brillantes infinitas.
—Te amo, Dasha Nikolov. ¿Lo sabes,cierto?
Esas palabras eran caricias a mi muerto corazón que gracias a él, volvía a vivir. Y quizás nunca se esperó las palabras que dije a continuación, por lo que lo dejó sorprendido.
—También te amo, Arek Nikolov.
Juntos, de ese modo, superaríamos cualquier obstáculo que se nos presentara porque después de todo, sus brazos eran el lugar tranquilo donde quería estar.
ESTÁS LEYENDO
Almas Eternas
VampireEl recuerdo de aquella cálida noche de verano me erizaba la piel, y no es para menos, ese día encontré a mi otra mitad. Pasé cuatro siglos buscando a quién sería mi compañera de eternidad, y cuando finalmente la encontré, huyó de mi. No soy una...
