¿Alguna vez sintieron esa sensación de estar metido en algo y saber que jamás podrán liberarse? Eso es lo que sentía yo. Estaba atrapada en algo que jamás podría evitar, el destino.
En ocasiones el destino podía ser realmente cruel. Siempre pensé que todos teníamos destinos diferentes, algunos tenían suerte en el camino y otros simplemente no. Yo era un claro ejemplo de aquellos que no tenían un destino alentador.
Me dolía el cuerpo, pero aún más me dolía el alma. Pensar en que alguien sea capaz de hacerle lo que me hicieron a mi era desgarrador. Nunca pensé que él fuese capaz de dañar a la persona que se supone que amaría como si de su propia vida se tratase.
Habían pasado agonizantes días en los cuales no hacía más que querer irme de este mundo y no volver jamás. Estar donde debería estar y cumplir de una buena vez mi condena por tener vida eterna,en el infierno. No podía hacer otra cosa más que pensar en ello, mi mente divagaba en los lugares más recónditos.
Arek me ha mantenido cautiva en éste horrible lugar por siete largos días, sin siquiera dignarse a aparecer. Estaba tan cegada por la sed de sangre que era capaz de beber de un humano sin abstenerme a las consecuencias. Cada día que pasaba me debilitaba aún más a tal punto de no poder distinguir la realidad. El monstruo que llevaba adentro quería tomar el mando de mi cuerpo hasta conseguir lo que ha anhelado por días, sangre. Tampoco podía moverme, hacerlo significaba perder alguna extremidad y no me encontraba en condiciones de quererlo.
Estar tanto tiempo encerrada me daba tiempo de reflexionar y pensar en muchas cosas.
¿Hubiese sido mejor que jamás haya regresado? Quizás sí, pero luego pensaba y sabía que era imposible evitar lo inevitable. El destino jugaba con nosotros a su antojo, alterando cada una de nuestras emociones.
Oí el sonido de cadenas golpeando el suelo secamente y mis sentidos se pusieron alerta. Las oxidadas rejas golpearon las sucias paredes ensordeciéndome temporalmente. Sus pasos se acercaban aún más a mí hasta darme a conocer su figura completa. Su aspecto era el mismo de siempre, su aura no había cambiado en nada. Eso me daba a entender que no sentía siquiera una pizca de remordimiento.
Sus emociones se encontraban ocultas en una máscara de hierro sin dejarme verlas.
Comenzó a caminar aún más cerca de mí y me sonrío torcidamente.
- ¿Cómo te sientes, Dasha? - su estúpida pregunta no era más que irónica.
No dejaría que me humille más de ya lo que lo había hecho. En mis largos años de vida nunca nadie me había humillado de esa forma.
Sonreí cínica.
- Eres despreciable - escupí furiosa.
De él me podía esperar cualquier cosa. Cada paso que daba era aún más oscuridad, algo injusto.
- Lo sé - respondió simplemente -, pero no sabes cuánto disfruto verte sufrir.
La ira crecía aún más en mí, eliminando cualquier sensación de lástima por él. No merecía mi compasión, la de nadie.
- Simplemente, ¿Por qué no me matas de una vez por todas? -repliqué en un tono tranquilo.
Se podía notar a kilómetros el brillo malicioso que cargaban su mirada. Sus ojos eran demasiado bellos para soportar tanta maldad.
-Porque tu sufrimiento es mi fuente de poder.
Era tan cruel que disfrutaba el sufrimiento de los demás, era como su alimento.
-Si no me quieres siquiera un poco, déjame libre -susurré aguantando el dolor que sentía -, hazlo por nosotros.
Una momentánea carcajada salió de su garganta.
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Almas Eternas
VampireEl recuerdo de aquella cálida noche de verano me erizaba la piel, y no es para menos, ese día encontré a mi otra mitad. Pasé cuatro siglos buscando a quién sería mi compañera de eternidad, y cuando finalmente la encontré, huyó de mi. No soy una...
