Sett
Todos dimos un respingo al ver que los ojos de la mujer se abrían. Sus ojos eran preciosos: de color azul cielo, que parecían hipnotizar a cualquiera que se atreviera a mirarla directamente. Era bastante guapa para ser ya una mujer entrada en años. Su pelo rubio, caía por sus hombros, enredándose entre sí. Sus perfectos e impecables rizos hacían que tuvieran el aspecto de un muelle, ya que no parecía que se volvieran láceos nunca.
Ella intentó incorporarse, pero no se lo permitimos. No sabíamos si tenía algún que otro daño en cualquier sitio, ni qué era lo que le había sucedido. Ante nuestra acción, se revolvió violentamente entre nuestros brazos. Su mirada expresaba terror. Estaba claro que no íbamos a hacerle ningún daño, pero dábamos por hecho que su expresión nos culpaba a nosotros de haberla sedado.
-¡¡¡¡SOCORROOO!!!! ¡¡¡¡QUE ALGUIEN ME AYUDEEE!!!!!
Su voz sonaba desesperada, cómo si fuésemos matarla en cualquier instante y ella hubiera advertido nuestras expresiones de psicópatas.
-Genial. Y ahora se pone a gritar.-Dijo Gin, rodando los ojos.-¿Puede hacer el favor de callarse de una maldita vez, señora?
Todos miramos a nuestra amiga atónitos por la osadía que acababa de demostrar. Estaba claro que así no trataría de hacer amigos, aunque estaba seguro de que a ella eso ele daba igual. La admiraba por ese tipo de cosas: no le importaba lo que pensaran los demás mientras fuese ella misma, aunque debería cambiar algunas cosas, como en lo de ser borde con gente que ni conoce. Pero bueno, si fuera al contrario, no sería Gin.
-Tranquilícese. No queremos hacerle daño.-Intentó calmarla Iria.
-!¿Y CÓMO PUEDO CREERTE?¡-Siguió gritando la mujer, convencida de que íbamos a acabar con ella de un momento a otro.
Gin se levantó, visiblemente harta de la desconfianza de la mujer y abrió furiosamente la boca.
-Oh, oh...se avecina tormenta-Murmuró Ben con aire divertido, al ver que su compañera se acercaba cada vez más a la desconocida.
-Hágame un favor, señora. ¿¿¿QUIERE DEJAR DE GRITAR????-Exclamó Gin alzando las manos alrededor de su cabeza, presa de la desesperación que estaba conteniéndose(a su manera).-¡¡¡NOS VAN A DESCUBRIR POR SU CULPA!!!!
La mujer la miró perpleja, pero parte de su miedo se disipó. Parecía haberle quedado claro que no queríamos hacerle daño.
-Ya vale, Gin.-Dije, alejándola de ella.
-Estamos aquí para ayudarla, no tiene que temer de nosotros. Cuéntanos lo que te ha pasado y quizá podremos solucionar algo.-La invitó Iria con tranquilidad.
-No me acuerdo de mucho...-Contestó la mujer, ya más calmada.
-No se precipite, empezaremos poco a poco. ¿Cómo se llama?
-Me llamo Claire.
-Ellos son Sett, Ben y Gin, y yo soy Iria. Un placer.-Dijo la chica de fuego indicando con un dedo a cada uno de nosotros.
Me sorprendió el hecho de que me dijera a mi primero. Habrá sido casualidad, tal vez, aunque no estaba muy seguro. Yo también decía su nombre primero cuando tenía que dar información sobre el grupo, suelo ordenarlos de mayor a menor aprecio, y a ella siempre la tengo la primera.
-¿Y qué queréis de mí?
Gin volvió a poner los ojos en blanco al escuchar las palabras de la mujer.
-Sólo queremos ayudarla. La encontramos tirada en el suelo, sumida en una especie de...coma o sueño. No sabíamos que iba a despertar, y cuando lo hiciste, estaba demasiado nerviosa y asustada. Cuénteme, ¿Qué te ha pasado?-La volvió a incitar mi chica.
-¿Vosotros sois... cómo los otros?
-¿Qué quiere decir con ''otros''?-Le pregunté yo.
-Pues...diferentes.
Nos miramos los unos a los otros todos a la vez. Estaba claro que quería decir que teníamos poderes. Lo que nos daba la opción de que se debió de cruzar con uno de los nuestros.
-Sí, somos diferentes, como los otros.-Contestó Ben.
Claire se revolvió una vez más en su sitio e hizo el amago de agarrar el pomo de la puerta para escapar de nosotros. Iria y yo nos miramos con expresión de interrogación, preguntándonos a que se debería su extraña acción, hasta que finalmente nos tiramos sobre ella para impedir que huyera.
-¡¡¡NO!!!!¡¡¡¡DEJÁDME!!!!
-¡Tranquilízate, Claire! Ya te hemos dicho que no queremos hacerte daño de ninguna manera. ¡Para de moverte y siéntate a hablar con nosotros!
Ella siguió gritando, hasta supo que no tendría ninguna posibilidad de salirse con la suya. Se obligó a calmarse y se sentó en medio de todos nosotros, como lo estaba anteriormente.
-¿Nos vas a contar que rayos te pasó, o qué?-Le reprochó Gin.
-Está bien. Está bien. Os lo contaré.-Cedió ella, después de estar un rato contradeciéndose en hacerlo o no.
-¡¡Por fin!!!-Se burló nuestra amiga del llamativo pelo verde.
Le echamos una mirada de reproche , que ella ignoró. Debíamos haberlo supuesto, era Gin.
-Estaba...no sé que estaba haciendo, pero no me encontraba en esta sala. Un hombre aparentemente mayor entró por la puerta y se dirigió a mi. Me dijo...me dijo que necesitaba algo de mí.-Suspiró, por lo que iba a decir a continuación.-Yo misma vi...
Se detuvo. Probablemente no se creía ni ella misma lo que vio.
-¿Qué viste?-La incitó Iria.
-Yo misma vi...como se metía en mi propio cuerpo...después, todo se volvió negro y perdí la consciencia.
Todos nos quedamos dubitativos. No encontrábamos ninguna respuesta que encajara con aquel hecho. A lo mejor sólo se lo había imaginado.
-¿Estás segura de lo que viste?-Pregunté.
-Sí. Nunca estuve más segura de algo.-Contestó Claire.
Solo quedaba una sola pregunta:
-¿Puedes describirnos el aspecto de ese hombre?
-Su pelo era de color blanco, por el efecto de las canas por el paso del tiempo. Bajito y un poco regordete. Ojos marrones...
No seguimos escuchándola, nos volvimos a mirar todos a la vez, seguramente pensando lo mismo.
-¿Estoy pensando lo que creo que estáis pensando?-Preguntó Iria.
-No puede ser. Él nunca tuvo poderes.-Afirmó Gin.
-Entonces es...-Intentó completar Ben la frase.
-No hay duda. Es Pat.-Completé yo,incrédulo.
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¿Esa Soy Yo?
Ciencia FicciónElla era una chica normal, incapaz de manejar su furia. La buscan, pero ella se esconde. Le hablan, pero ella calla. La encuentran, pero ella escapa. Él era un chico normal, capaz de enfrentarse a la ira de ella. Lo manejan, pero él corta las cuerd...
