Parte 35

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Siento haber tardado tanto en publicar, pero sufrí un pequeño bloqueo. Espero que disfruten del capítulo.

Pasado


Alne estaba guapísima, con aquel elegante vestido blanco y aquella tonta sonrisa. Era el día de su boda y, claramente la protagonista del día.

Todos los ojos se clavaron en la hermosa novia cuando entró en la sala, pero dos pares de ojos parecían mirarla con más intensidad de lo normal.

Carlps la observaba con ojos de enamorado, felicidad y ternura. Luio parecía a puno de salir corriendo y llevársela de allí a la fuerza, con una mirada de rabia y deseo. Pero ella no les miraba a ninguno. Nerviosa, solo miraba a la blanca pared del otro extremo de la habitación.

Sentada en el tercer banco se encontraba Rakel, pendiente de su amiga y de las reacciones de su hermano.

La ceremonia se desarrolló sin incidentes, para tranquilidad de los asistentes. Pero aún quedaba el banquete posterior.

-Enhorabuena -les felicitó Rakel al acercarse a ellos junto a su marido.

-Alne, estas preciosa -completó Guelio.

-Gracias -respondió Alne algo colorada.

Mera y Releio también se acercaron a felicitar a la pareja.

-Enhorabuena, hacéis una pareja estupenda -comentó Mera haciendo que Alne enrojeciera.

-Gracias, Mera. Pero ha sido gracias a ti que llegó este día.

-No me las des, Prima. Disfrútalo, hoy es tu día, vuestro día -añadió sonriendo al novio. Él le devolvió la sonrisa.

Los novios se encontraban en un extremo del jardín de la casa de los padres de ella. Entre ellos y la orquesta se extendían varías mesas largas, repletas de comida y bebidas variadas y, rodeadas por los invitados, quienes conversaban animadamente mientras esperaban una oportunidad para felicitar a los novios.

Cerca de la orquesta, los padres de él y ella conversaban animadamente. Un poco más cerca, el hermano mayor de Carlps coqueteaba con una chica de buena familia a quien rondaba desde hacía tiempo, seguramente ser el hijo mayor haría que la familia de ella pasase por alto las vergüenzas de su familia. Él era el único que no se avergonzaba de que su hermana hubiese escogido amar a alguien pobre antes que un matrimonio por conveniencia, pero no era suficiente para que pudiese asistir a la ceremonia. Cuanto le habría gustado que estuviese allí ese día.

Mientras Carlps observaba distraído a los invitados, Luio se acercó hasta ellos.

-Alne, Carlps, felicidades -felicitó a los recién casados con cierto resentimiento al pronunciar el nombre de él. Carlps ni se inmutó, no le estaba pestando atención.



-¿Qué quieres hermano? -preguntó Rakel con tono poco amable.

-Solo dar la enhorabuena a la feliz pareja, y desearles que sean muy felices juntos.

-Pues ya lo has hecho, no eres bien venido.

-No eres tú quien decide quien es bien venido o no, Rakel.

-Pero yo sí -intervino Alne-, y no me apetece mucho halar contigo ahora.

-Entonces nos veremos luego -se despide con una sonrisa maliciosa y, vuelve a perderse entre la multitud.

-Demasiado rápido ha accedido -murmuró Rakel a su amiga.

Carlps parecía ausente, mientras que Releio y Guelio parecían más atentos a su propia conversación que a ellas.

-Eso es porque Mera y Releio estaban cerca -opinó Alne.

-Sobretodo Releio, no creo que a mí me tenga miedo realmente -intervino Mera.

Entonces, tras un breve silencio, Rakel echo un rápido vistazo a su alrededor. Los chicos parecían distraídos, al igual que los demás invitados.

-Tengo algo que deciros -murmuró para que solo ellas la escuchasen-, pero no quería eclipsar tu día, Alne.

Sus amigas la miraron curiosas e impacientes por saber qué clase de noticia podía quitarle protagonismo a una novia el día de su boda.

-Estoy embarazada -anunció en voz baja, pero alegre.

-Enhorabuena -dijeron Alne y Mera al mismo tiempo.

-Tenemos que celebrarlo, vayamos a por una bebida -propuso la novia sin ocultar su alegría.

-Fuiste la primera en casarte y, serás la primera en ser madre. Una vez más, vas un paso por delante -comentó Mera sonriente.

Las tres amigas se perdieron entre los invitados olvidando a sus respectivas parejas atrás.

***

Presente


Necesita un plan para escapar de allí.

Cada día es más improbable que la vengan a rescatar y, hace una semana comenzó a sentirse mal.

Desde que él perdiese el control, parece que sus visitas han disminuido de frecuencia. Tal vez piense que dejarla reflexionar sea un buen método para que hable. Como consecuencia, otra vez la está matando de hambre.

Algo le dice que ese horrible día trajo consigo más que la pérdida de su dignidad.

¿Debería ceder? ¿Realmente puede confiar en él? Desde luego que no, no puede.

Si sus sospechas son ciertas, deberá ceder.

Es cierto que hizo una promesa, pero él entenderá que a veces hay que traicionar a un amigo para salvar una vida y, por mucho que le duela, no dejará morir esa nueva vida por mucho que ese demonio sea el padre.

Pero no puede hablar sin tener preparada una vía de escape. Cuando él sepa lo que ella sabe, ya no la necesitará. Por eso Foren también debe estar allí, solo así podrá escapar.


La huerfanaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora