Parte 20

182 13 0
                                        


Frente al palacio real hay un pequeño parque público formado por fornidos robles y senderos de arena que rodean el camino principal de entrada al edificio preparado para que los carruajes puedan circular cómodamente por él.

Esculturas de reyes pasados delimitan la calle a derecha e izquierda.

Algunos bancos de piedra han sido colocados de forma aleatoria por el recinto bajo la sombra de los árboles. Hay algún que otro rosal cada uno de un color diferente.

Un par de fuentes dan vida al lugar, cada una en una de las dos mitades en las que la calzada central divide el parque. La del lado derecho representa varios delfines de los que les sale agua por la boca. La de la izquierda consiste en varias tortugas echándose agua unas a otras, por lo que los chorros se cruzan en el aire formando arcos de agua.

Daina y Mashel pasean por el parque en absoluto silencio. Es una fresca mañana de principios de verano y el sol brilla en lo alto del cielo, pero parecen estar solos allí.

En su silencioso paseo pasan cerca de uno de los rosales. Las rosas de este son de un intenso rojo sangre, grandes y hermosas. Mashel corta con cuidado una de las flores y se la entrega con una sonrisa cómplice.

-Auch –se queja Daina al pincharse tras intentar cogerla.

-Lo siento –se disculpa él al tiempo que arranca las espinas del tallo con cuidado de no pincharse también. Luego se la devuelve provocando un tenue roce de sus dedos cuando ella vuelve a cogerla.

Él retira la mano rápidamente, como si hubiese hecho algo malo provocando que ella sonría.

Los ojos verdes del muchacho parecen iluminarse ante esa tierna sonrisa y la observan tímidos y pequeños. Daina se siente derretir por dentro, pero no se va a dejar engatusar tan fácilmente.

Por suerte un ruido cercano rompe el momento. Es cierto que es un parque público, pero ambos se ponen tensos al sentir que no están solos.

Una risa dulce se acerca por el sendero que tienen enfrente. Foren llega hasta ellos con Alxa de la mano.

-Hola tortolitos –saluda con tono burlón, mientras su compañera se tapa la boca con la mano conteniendo una risita.

Daina se gira hacia él y le clava una mirada de odio que parece llenar sus ojos con chispas rojas sobre un fondo marrón.

-Que rápido has caído en las redes de Mashel.

-¿Qué? -pregunta ella sorprendida-, no, bueno... -se queda sorprendida de intentar justificarse ante él. Al fin de cuentas, solo es un acosador obsesionado con ella al que ha dado demasiada atención-. ¿Y qué pasa si es así? -responde por fin a su provocación ante la sorprendida mirada de los presentes.

-Oh, que romántico –se burla el muchacho-, la típica historia de la chica pobre que conoce al príncipe, se enamoran y viven felices para siempre –En su voz se nota un cierto retintín que irrita a la muchacha, pero decide pasarlo por alto.

-En realidad empiezo a saber cómo funciona esta corte. Pero creo que aún soy libre de escoger a que rompecorazones le hago caso –le desafía ella.

Alxa que ha pasado desapercibida en toda la conversación, es la única en darse cuenta de que Daina parece a punto de saltar sobre Foren como un gato y que hace un gran esfuerzo por controlarse.

-Foren –llama la atención del chico de ojos oscuros-, ¿no íbamos a ir al río a ver los patos?

No es que ver los patos fuese el plan más romántico del mundo, pero no se le ocurrió nada mejor para arrastrar al chico lejos de allí.

-¿Los patos? –Pregunta él desorientado, pero los ojos azul noche de la joven no parecen dar opción a reproche-, Si, es verdad. Ya nos veremos –se despide con desgana. El río está demasiado lejos del parque para poder vigilar a Daina, pero debe hacer caso a su acompañante, es de mala educación quedar con alguien y luego dejarlo de lado.

Cuando Foren y Alxa se han alejado lo suficiente, Mashel centra su atención de nuevo en Daina.

-¿Lo que dijiste antes es cierto? –pregunta tímidamente. En sus ojos se refleja una inocencia e inseguridad difíciles de resistir.

-Siento decepcionarte, pero no soy tan fácil. Lo dije para fastidiarle. Últimamente no me lo puedo quitar de encima –confiesa-. Por cierto perdona por lo de rompecorazones, en realidad no pienso eso de ti.

Él parece decepcionado. Aun así, acepta sus disculpas y reanuda el paseo.

Ella está algo dispersa. No puede evitar pensar en Foren. Es cierto que parece simpático y, no hay duda de que intenta coquetear con ella, sobre todo si hay gente delante. Pero a la vez e un pesado e irritante acosador. Aun así siente lástima por él. En el fondo de su ser le gustaría poder contarle la verdad. Confesárselo todo, ser sincera con él. Pero no puede, hizo una promesa que no ha de romper. Por el bien de ella, por el de él, por la seguridad de ambos, no puede.

Tan absorta está en sus pensamientos que baja la guardia y ni se da cuenta de que Mashel se ha detenido.

-Desde hace un rato pareces ausente –comenta él devolviéndole a la realidad.

-Me distraje pensando en cosas sin importancia –disimula ella-. En realidad es que se me hizo tarde y debería irme ya. Tengo un negocio que atender.

Dicho esto le da las gracias por la flor y se aleja rápidamente de regreso a la taberna. Él no la detiene, pero parecía decepcionado al recordarle que se tenía que ir. La gente rica se olvida rápido de que no todo el mundo tiene todo el tiempo del mundo para divertirse.

***

-Te gusta Daina –afirma Alxa sonriente cuando se han alejado bastante de Mashel y la muchacha.

-No, no me gusta –se defiende él poniéndose rojo.

-Oh, venga ya, no intentes disimularlo. Se nota desde lejos.

-¿A sí?

-Si, te brillan los ojos solo con oír su nombre. Siempre intentas cruzarte con ella. Y puedo ver tus celos hacia Mashel y mi primo cuando la ves con alguno de ellos.

-No estoy celoso. No me importa con quien pase el rato. Te equivocas en eso –se defiende él deteniéndose y mirándola a los ojos.

-Te conozco bien Foren. Somos amigos desde hace mucho. Ante los ojos de bastante gente, incluso me consideras tu última conquista. No puedes negar que has tonteado con casi todas las chicas de nuestra edad en la corte. Pero nunca he visto brillar tus ojos así.

-No es por eso –miente, en realidad eso es una de las razones-. Solo es que me recuerda a alguien que conocí hace mucho tiempo –murmura.

-Eso solo son excusas. Puedes mentirme a mí, pero no a ti mismo.

Él murmura algo incomprensible y continua caminando.

No añaden nada más hasta llegar al río.

La ciudad de Vertui está situada alrededor del río con el mismo nombre que la atraviesa de este a oeste dividiéndola en dos mitades irregulares. Es un río grande, bastante ancho y caudaloso atravesado por varios puentes que comunican ambas partes de la ciudad. En sus aguas habitan algunos patos a los que los vecinos alimentan con migas de pan desde los puentes o la orilla.

Alxa se detiene en el centro del puente. EL agua corre rápida y peligrosa, pero clara y limpia por el cauce del río.

-Deberías luchar por ella –le comenta mirándole a los ojos.

-¿Qué? –pregunta él algo aturdido.

-Puede que ellos le llenen la cabeza de ideas en tu contra, pero si te gusta, deberías intentar conquistar su corazón.

-Pero a mí no me gusta –recalca Foren desesperado.

-Sí, tu sigue mintiéndote y perderás tu oportunidad –Él le sostiene la mirada unos segundos antes de bajarla incómodo-. Es casi la hora de comer, me voy a casa. Nos vemos pronto –se despide ella cruzando de nuevo el puente y dejándole allí solo con sus pensamientos.

La huerfanaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora