Parte 25

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La muchacha se siente inquieta. Es consciente que la noticia del beso ya habrá corrido por la corte y, se pregunta quién llamará primero a la puerta, Foren o Gabelt.

No debería habérselo contado a las princesas, en primer lugar porque implicaba a su hermano, y en segundo porque no saben tener la boca cerrada ante un cotilleo. Pero, por otro lado, tampoco confía en que Mashel lo guardase en secreto, y menos ante su mejor amigo.

Por otro lado, no ha recibido aún ninguna carta anónima de Foren. ¿Preferirá echárselo en cara en persona, o simplemente aún no lo sabe?

Y luego está el asunto de Meicel. Hasta ese momento ha demostrado ser de confianza. Pero, como todo hermano mayor, aunque no compartan sangre, se preocupa por ella y por protegerla. ¿Cómo se lo tomará cuando se entere de lo del beso? Ayer consiguió eludir el tema y el interrogatorio de él y Ezla, pero siempre acaba enterándose de todo.

En realidad, ¿qué más le da a ella lo que los demás piensen? No tiene porque dar explicaciones de sus actos a ninguno de ellos, ya vengan, o no, a pedírselas.

Finalmente, para despejarse, decide salir un rato a pasear con los perros. Dar una vuelta la ayudará a pensar mejor.

Al pasar por la fuente de los delfines, una figura solitaria y triste llama su atención.

-Foren -le llama al acercarse.

El muchacho levanta la vista del suelo y clava en ella sus melancólicos ojos marrones.

-Pareces deprimido, ¿ha pasado algo? -pregunta, dejándose llevar una vez más por el instinto protector que siente cuando él está cerca.

-Nada grave. No te preocupes -intenta restarle importancia añadiendo una sonrisa apagada.

-Puedes confiar en mí. Cuéntame qué te pasa.

Ella se sienta a su lado junto a la fuente.

-Solo un mal día en casa, ¿nunca has tenido uno?

-Seguramente un día malo para mí es diferente que para ti.

-Supongo que eso es cierto -comenta él mirándose los zapatos.

-¿Me contarás en qué ha consistido ese mal día?

-No entiendo por qué te interesa. En realidad, se supone que te espío.

-Me interesa porque te he cogido cariño -confiesa ella-, ¿Sabes ese síndrome en el que alguien siente aprecio por su acosador? Creo que lo estoy sufriendo -confiesa ella con una sonrisa.

-¿En serio? - ella mira con curiosidad, lo que devuelve algo de luz a sus ojos.

-Sí, en serio. Por eso deseo ayudarte. Me duele verte tan deprimido. ¿Tienes problemas en casa, o es porque ya te has enterado del último cotilleo?

-Son más cosas de casa -indica, pero tras una corta pausa añade con interés-¿Qué último cotilleo?

-Si me cuentas tu problema, te contaré el cotilleo.

-Está bien -suspira él-. En realidad todo empezó ayer. Encontré un medallón con un retrato de mi tía.

-¿A sí? ¿Puedo verlo? ¿Lo tienes aquí? -pregunta ella con mal disimulada curiosidad.

-Sí, lo llevo conmigo. Lo cierto es que me recuerda a ti -confiesa.

Dicho eso saca la cadena con la medalla de su bolsillo y se lo entrega para que pueda verlo con comodidad. Ella abre el medallón y observa el pequeño retrato, realmente es como mirarse al espejo. Luego lo vuelve a cerrándose y se lo devuelve sin comentar nada.

La huerfanaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora