El médico me ha recetado protector de estómago porque cada noche despierto vomitando tu nombre.
No puedo respirar, te lo juro. Mi inhalador no funciona desde que me robaste el aliento.
Y lo peor de todo, siempre con fiebre, siempre ardiendo desde que me tocaste y eso que eres tan frío. Me resfriaste, creo. No me abrigué por dentro demasiado bien.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Y cada vez que te veo sufro una taquicardia y no es que el corazón me vaya a mil, cariño, sino que lo detienes y me muero y me muero ymemueroymemueroymuero mil veces en un segundo (y yo estúpida creyendo que morimos solo una vez sin saber la de veces que lo hacemos el uno por... No, tan solo yo por ti).
Así que el médico me dijo que no podía ser, que la máquina se había roto, que no podía ser que la línea no ondulara, y hacía oídos sordos al pitido que parecía infinito.
Él sin saber que necesitaba un transplante de corazón médula ósea alma y todo.
Yo sin saber cómo hacerme inmune a esta enfermedad, que me duele(s) tanto.
Y él me preguntó: cuánto, del uno al diez.
Señor, cállese, usted qué va a saber. Si aún no se ha muerto y nadie lo ha hecho por usted.