Por qué soy tan malditamente trágico por odiar al mundo entero por odiarme él primero, cobijándome en mí mismo destruyéndome por dentro.
Por qué tan imbécil de no dejar de hablar cuando sé que debo. Dime qué hay de bello en eso, en mí.
¿Habrá algún día en el que escriba no tan sólo con la esperanza de que me leas? Con la esperanza de que alguien me comprenda cuando ni yo mismo soy capaz de hacerlo.
Tal vez ese sea mi epílogo, mi frase final, el epitafio de mi vida: "El chico que se destruyó a sí mismo en busca de algo bello."
Y por qué esa obsesión de rendirme ante la belleza. Tal vez sea esa la pregunta que responda a mi existencia.
Malditas respuestas, dónde estáis, siempre escondidas. Si es que eso no lo enseñan en la escuela.
Supongo que hay personas que simplemente nacen con tragedia; en su sangre, en sus huesos, dentro de ellas.
Y supongo que siempre esperé que alguien se diese cuenta y me sacase de ella, que alguien me mirase a los ojos y viese algo que no fuera el negro que hay en ellos.
Y mientras esperaba, vagaba a ciegas, tanteando la gente a mi alrededor. "Este quizás", pensaba. "Este quizás lo logre."
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