La última vez que nos vimos se me olvidó decirte que mi cabeza tiene la habilidad de encajar siempre -siempre- en el hombro de las personas que quiero.
Mis manos con las tuyas reconozco que son la excepción. Es decir, míranos. Por favor. Si tú con ellas marcas el ritmo de tu propia canción y yo mientras escribo nuestra historia. -Que de veras rezo porque no sea corta-.
Ya que rezo de paso te confieso que si aparto la mirada es porque me asusta la tuya. Deberías saber, amor, que hay ojos ventanas del alma y ojos espejo del mundo.
Aún no me he atrevido a averiguar cuáles son los tuyos. A ver si en vez de ventana tienes puerta abierta y -Dios mío- me dejas entrar.
A ver si tienes el espejo roto en mil pedazos y cada uno reflejando un tú y yo.
A ver si en vez de acabar con amén cada vez que me confieso susurro siempre un yo te quiero también.
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