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Todos buscando unas alas para poder volar olvidando que también necesitan un cielo para lograrlo.
Y dime cómo demonios sentí que lo hacía con los pies en la tierra y además contigo abrazándome amarrándome a ella.
Vaya. Tal vez sea por eso.
Y qué contradicción, eh. Eso de encontrar cielo alas viento aeropuerto paracaídas (y pista de emergencia si hace falta) en una misma persona.
Y mira que yo nunca he tenido facilidad para eso. Mi cabeza nunca ha estado en las nubes, y aún menos en la luna de Valencia. Como mucho -si eso- a veces me inspiraba en ella.
Pero para qué la necesito si ya lo haces tú.
Inspirar, digo. Que eso de hacer vuelo de plena caída libertad del terror corriente de la ventisca (mis alas de tus brazos mi cielo en tu pecho) es, joder. Diría que un milagro, pero las estrellas fugaces son parte del firmamento y eso es lo que está claro que eres por dentro.
Tan profundo. Tan jodidamente profundo. Con tantos mundos por dentro.