«XXII»

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-6/6/2014-

M, te estoy llamando por Skype, espero q aceptes la llamada pq por fin he encontrado valor para llamarte, no es facil para mi, pero me gustaria dejar de sentir q le estoy hablando a alguien y pensar q puede q esa persona me este mintiendo ✓✓

¿Mintiendo? ✓✓

Es decir, solo nos hemos visto x fotos, pero he visto demasiadas veces CatFish* para saber q hay muchas personas q no son quien dicen ser ✓✓

Okey, ya te entiendo ✓✓

[Conversación Skype]

Esmeralda estaba nerviosa. Desde la vez que hablaron por teléfono había querido conocer un poco más del chico desconocido con quien hablaba, pero también le faltaba atreverse para hablar. 
Para ella, escribir era muy simple, escribía sin más y enviaba el mensaje, pero lanzarse a hacer una videollamada por Skype era diferente. 
Cuando aquel día, a través de la pantalla vio a Miguel y le recordó exactamente igual que en las fotos, sintió que le invadía la vergüenza y durante unos segundos se escondió. 

—¿Dónde estás? Solo veo un escritorio

Esmeralda se había quedado paralizada, no sabía qué decirle y se sentía idiota por estar hablando con alguien como él. 
Era real. Aquel pensamiento un tanto absurdo pero cierto le martilleó durante unos instantes. 
La persona con quien había hablado durante días era real. 
Y era más guapo que en fotos, según recordaba, pero aquello no le importó. Era la situación en general la que le impidió reaccionar. 

Sabía que era mala idea. Volvió a pensar, pero entonces supo que en la vida pasaban oportunidades para ser feliz, y que estas a veces no se veían, así que si ella había tenido esa oportunidad, debía aprovecharla. 

Se levantó del suelo y miró a la pantalla. Miguel no preguntó nada, solo le sonrió. En aquel momento, las palabras quedaban un poco fuera de lugar. 
Y era irónico, después de lo mucho que habían hablado, pero a través de mensajes se habían ido conociendo cada vez un poco más. 
Quizás después de todo, se les habían agotado las palabras y ya se sabían de memoria la vida del otro. 

—Hola—Esmeralda había perdido el aliento y en aquel momento no sabía qué decir. 

—¿Cómo estás?

—Bien, ¿y tú?

—Estoy mejor ahora que te he visto. 

Esmeralda fijó la vista en el teclado, no sabía qué responderle y se había quedado muda por segunda vez. No lo sabía, pero al lado de Miguel todas las palabras desaparecían. 
Cuando Miguel se dio cuenta de la situación y de que Esmeralda parecía estar totalmente distraída intentó sacar algún tema de conversación, cualquiera bastaba para romper el silencio. 

—¿Ese es Bigotitos?—exclamó y le sonrió, mientras que vio que la chica se dirigía hasta donde estaba Bigotitos, y una vez que Esmeralda no le vio Miguel se tomó unos segundos para observarle con más detenimiento, ¿por qué se empeñaba en sentirse una persona del montón cuando era preciosa tanto exterior como interiormente? 

Esmeralda volvió a sentarse delante del ordenador, llevaba en brazos a Bigotitos y le acariciaba con cuidado, aunque quería mucho a su gato, muchas veces solía ser arisco. 

—Creo que verte a ti junto con Bigotitos es lo más hermoso que podré ver durante el día, y la semana como mínimo—por toda respuesta, Esmeralda se sonrojó a más no poder. —Creo que ya no somos desconocidos, es decir, no nos hemos visto en persona, pero sí que conocemos un poco nuestras personalidades, creo que te habrás podido dar cuenta de que no te mentí y que simplemente soy un estudiante. 

Número equivocadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora