Su historia comenzó con un simple mensaje: "Querida Amelia [...]", enviado al destinatario equivocado. Cuando Esmeralda lee el mensaje de Miguel, una persona desconocida para ella, entenderá cómo a veces, las personas que menos conocemos, pueden pas...
Esmeralda había llamado a sus amigas, esperando que alguien no tuviese ningún plan para pasar la Navidad, pero todo el mundo ya tenía planes, todos... menos ella. Después del cierre de la fábrica, aún se habían distanciado más (si eso era posible), así que las opciones que tenía eran muy reducidas.
Así que finalmente, se resignó a pasar la Navidad sola.
Al otro lado del mundo, Miguel había tenido que guardarse el pequeño secreto que aún no había contado a nadie de su familia. No había pedido permiso, él creía ya ser independiente, y por lo tanto, nadie tendría que tomar las decisiones por él.
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25 de diciembre
Feliz navidad!!!! ✓
Le escribió Esmeralda, pero Miguel no le respondió.
Se sentía realmente sola, vacía, como si le faltase algo, y ese, era un poco de compañía, alguien con quien poder hablar simplemente. Y en aquel momento, lo estaba pidiendo a gritos, pero nadie le escuchaba.
No entendía ni siquiera porqué Miguel no le respondía. Lo único que quería era llorar, por todas las distancias, por todos los obstáculos que había entre ellos, lo único que necesitaba era ordenar todo el barullo de emociones que tenía encontradas. Recoger los pedazos de sus ilusiones, de todo aquello en lo que ella había soñado, pero no había llegado.
A menudo se preguntaba porqué el amor no se encontraba a la vuelta de la esquina, nunca hubiera imaginado, que lo encontraría a tantos kilómetros de su vida. La persona indicada, la distancia equivocada, pensaba cada vez que recordaba a Miguel. Ambos veían el sol salir cada día, pero a diferentes horas, pues cada cual tenía su propia vida. Cuando ella dormía, el día para él empezaba. Cada día, Esmeralda leía un mensaje de buenos días. Unas pocas palabras, un saludo simplemente, un «Buenos días, ¿cómo estás?», palabras sinceras que llegaban al corazón, que le devolvían la sonrisa, que le hacían pensar que los días tenían algo especial, una débil luz, pero que cada día era mayor.
Pero aquel día de diciembre, todo se oscureció, aquellas fechas, ya de por sí, para ella no demasiado dignas de memorar, le envolvían de tristeza, y saber que estaba sola, que nadie estaba a su lado, le hacía preguntarse cómo había conseguido acabar así. Con veinte años, y sintiéndose totalmente prescindible.
A veces pensaba en salir a dar una vuelta, en un viaje que nunca acabase, perderse en algún lugar del mundo donde hiciera más falta que en su propia casa, pero después, pensaba en que habían tantos momentos por venir que la alegría volvía momentáneamente a su vida.
Había intentado ser fuerte, pero aquel día, aunque lo intentó evitar, no pudo evitar llorar. Porque todos los sueños de pequeña, no habían llegado y la soledad era su única compañera.
Esmeralda miraba a su alrededor, sentía que hasta el piso en el que vivía, estaba más vacío que nunca. Goku estaba durmiendo, hasta él pasaba de ella, y Esmeralda extrañaba profundamente a su gato.
Aquel era uno de esos días en los que mirabas por la ventana, para toparte con la vida de los demás y así, poder ignorar un poco más tu vida.
Eran las once de la noche, el día había pasado en una maratón de series de televisión, cualquier cosa con la que distraerse de todo aquello, y ella ya tenía la sensación de que aquella navidad querría volver a olvidarla. Cuando llamaron al timbre.
Extrañada, pensó que a las once solo podían significar malas noticias, aún así, salió a la calle, y cuando le vio, se quedó congelada. Volvió a llorar, pero como siempre que le veía, era de felicidad.
—¿Pensabas que dejaría que pasaras la navidad sola? —P-pero y tu... ¿familia?—Esmeralda estaba atónita cuando le vio, y tardó unos segundos en reaccionar. —Tenías razón cuando decías que tengo suerte de tenerles, pero también tengo suerte de tenerte a ti, y a diferencia de a ellos, a ti no te puedo ver tantas veces como quisiera.
Solo cuando Esmeralda había recibido su llegada, aprendió a saber lo mucho que le había echado de menos. Nunca un abrazo, había sido tan valioso.
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Siento haber tardado tanto en actualizar, el día es demasiado corto para poder escribir todo lo que me gustaría D':