31 diciembre
Miguel y Esmeralda habían ido a un pub a celebrar fin de año. Querían estar solos pero al mismo tiempo salir un poco de fiesta, así que en ese instante se encontraban en una sala reservada.
—Nunca me imaginé poder llegar a pasar las navidades a tu lado... Sin duda, han sido las mejores—la mirada de Esmeralda agradecía de corazón todo lo que Miguel había hecho por ella.
La primera vez que habían hablado, el día 15 de marzo, ninguno de los dos sabía cuánto valor sería capaz de albergar la otra persona que se encontraba al otro lado de la pantalla del móvil.
Y sin embargo, allí estaban, dos personas prácticamente desconocidas, celebrando el fin de año, sabiendo que habían terminado el fin de año estando juntas, y deseando que llegaran muchos más años en los que permanecer juntas.
Habían estado hablando en la sala reservada hasta que faltaban cinco minutos para llegar las doce de la noche.
—Vayámonos hacia el bar—dijo Miguel, así que se fueron hacia donde estaba la pista de baile.
Miguel le abrazó incapaz de creer cómo lo sueños, a veces también se materializan.
—No puedo creer que mañana nos vayamos, y que por fin, pueda irme de España llevándote conmigo.
Llegaría el gran día, en apenas unas horas empezaría el 2015, y para ellos, una nueva vida.
—Sabes que tenemos bastante en que pensar y que es bastante complicado, ¿no? —Esmeralda pensaba en que había tantas cosas que podían salir mal... ¿Les gustaría a los padres de él? ¿Podrían llevar una convivencia como pareja? ¿No eran demasiado jóvenes y podrían cansarse con pocos días del uno del otro?
Pero cuando miraba a Miguel, todas las dudas le eran despejadas. Y sabía que no importaban todas aquellas incógnitas, sino el saber que estaban bien, que en el momento presente, eran felices, y más no podían pedir.
—No te preocupes por ello, ¿de acuerdo?—Miguel también tenía cosas en las que preocuparse, sabía que se había ido y no había dicho nada a casa, sus padres estarían preocupados, pero también desconcertados, y una vez de nuevo en Caracas, ¿qué haría?, ¿les presentaría Esmeralda y les diría que ella había sido el motivo por el que había recorrido medio mundo, dos veces? Sí, quizás decir la verdad, sería la mejor forma de aceptar los hechos.
Faltaban tan solo diez segundos para terminar el año, la gente a su alrededor, empezaba la cuenta atrás emocionada. Miguel sólo era capaz de mirar a Esmeralda, a aquella chica que con sus palabras había eclipsado su mundo, aquella persona que representaba tanto. Ambos se miraron fijamente, como en un breve duelo de miradas, uno de los cuales ninguno de los dos eran capaces de hablar, porque tampoco hacía falta.
—Sé que la respuesta es innegable, pero aún así me gustaría preguntártelo: ¿Quieres ser mi novia?
Miguel necesitaba escucharlo, saber que no era un sueño del que despertaría.
Sólo necesitó uno de aquellos besos en los que se detiene el tiempo, para saberlo del cierto.
Y mientras la gente celebraba la llegada del nuevo año, aquella pareja de conocidos que habían pasado a serlo todo en la vida del otro..., celebraban una nueva vida en la que ambos estaban juntos.
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Número equivocado
RomanceSu historia comenzó con un simple mensaje: "Querida Amelia [...]", enviado al destinatario equivocado. Cuando Esmeralda lee el mensaje de Miguel, una persona desconocida para ella, entenderá cómo a veces, las personas que menos conocemos, pueden pas...
