«LXXV»

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Cuando sonó el despertador, Esmeralda despertó al instante, inquieta por la conversación que tendrían. No quería problemas entre ellos, aquello era lo último que necesitaba en aquel momento. Nunca habían tenido desavenencias, sus discusiones apenas duraban más que un día... no quería que todo lo que durante tanto tiempo habían construido se echase a perder en unos segundos y con apenas unas palabras.

Fue a la cocina, y allí, se topó con un papel doblado sobre la mesa de la cocina. «Esmeralda» se podía leer en el papel. Al instante, tomó asiento y empezó a leer.

«Esmeralda, después de lo que ha pasado, creo que tengo bastantes cosas por decirte. Como sé que a veces las palabras no son la ayuda que necesitamos, he pensado en escribirte, y así, aprovechar para poner mis pensamientos en orden.
Lo primero, es que quiero que sepas, que estoy enamorado de ti, sé que no es ninguna novedad, pero me gustaría que cada día lo supieses al abrir los ojos. Porque es la verdad. Cuando te encontré, supe que ni todas las distancias tenían importancia, porque lo que había encontrado, era mucho más que una amistad. Sin planearlo, te había encontrado a ti, y tardé bastantes días en darme cuenta de que cada vez que hablaba contigo por mensajes inevitablemente le sonreía a la pantalla, como si pudieses verme.
Con todo esto, quiero que sepas, que a veces las mejores cosas que nos pueden pasar en la vida, surgen de forma fortuita, sin pensarse, sin calcular cuándo algo ocurrirá. El amor es impredecible, y la convivencia en una pareja, aún lo es más.
Yo no estaba buscando a nadie cuando te encontré, simplemente apareciste en mi vida por alguna razón, que cada vez que te miro, entiendo un poco más.
Sé que nunca te habías planteado tener hijos, y también sé que tampoco te gustaba hablar de aquel tema. Sé que cuando paseábamos por el parque un día te dije: ¿Te imaginas algún día llevar a un niño pequeño de tu mano? Entonces, tú cambiaste de tema. Supe que no querías volver a hablar, así que lo respeté.
Nunca me dijiste directamente que no te gustaban los niños, pero no hace falta ser un genio para darse cuenta.
¿Crees que eso, ahora podría cambiar? Sé que tu respuesta será un rotundo NO mientras leas la carta. Pero piénsalo bien, piensa en tu pasado, en todo lo que has vivido, ¿quieres repetir la historia? ¿Quieres tratar a las personas como te trataron a ti? Quizás sea un buen momento para cambiar, para demostrarte a ti misma que ya no eres la de antes. Que donde antes veían a una chica joven e indecisa y tímida, ahora veo a una mujer segura de sí misma.
Estoy seguro que ahora mismo pasaremos días de confusión. Tendremos dudas, y no será para nada fácil lo que esté por venir ahora. Pero también te prometo que podremos seguir adelante. Conseguimos esquivar todas las distancias, y a cada pequeño obstáculo que superamos, solamente es una muestra más de nuestro amor.
Sé que es un tema bastante delicado, y que en estos instantes has reaccionado como temía que hicieras, pero también sé que tienes un gran corazón aunque a veces no te lo creas.
Y aunque no lo puedo asegurar, estoy seguro que en el momento en el que un pequeño abra los ojos y te mire, con esos ojos más brillantes que las estrellas, y sepas que tú le has dado la vida... entonces llorarás, pero de emoción. Serás feliz por lo que has conseguido y serás una estupenda madre, estoy seguro de ello.
Si te dijese que nunca me había imaginado en esta situación te mentiría... Una noche soñé que alguien me decía papá, y ¿sabes qué? Tenía el mismo color de cabello que yo y los mismos ojos, pero también tenía la sonrisa más luminosa que hubiese visto, la misma que se encuentra en tu rostro.
Cariño, te amo, y no me importa cuántas dificultades más tengamos que pasar. No es misterio que la vida es complicada, pero de nosotros depende cuánto más difícil queremos que sea.
Espero que con los días vayas cambiando tu opinión, o si más no, que recapacites sobre lo que nos tiene preparado la vida, porque si es un gran paso, también es cierto, que en todo momento estaré a tu lado, nunca sería capaz de desentenderme de algo que también me incumbe a mí, Esmeralda.
Debemos dejar de una vez por todas de soñar como adolescentes, y encarar la vida con todos sus problemas. Empezar a pensar en problemas "reales" como son ocuparse de la casa, del trabajo, y también de los hijos... pero aunque a veces parezca que están por llegar noches de vigilia por las preocupaciones, intentaré que sea lo mínimo posible. Quiero que cuando lo desees vuelvas a trabajar, porque sé que allí, eres feliz. Por ahora, tómatelo con calma, pero cuando puedas, sabes que puedes contar conmigo para lo que hace falta.
No me importa quedarme todos los días en casa cuidando de otra personita, con tal de verte feliz como siempre.
Te quiero,
M.»

Esmeralda no podía parar de llorar, sentía una gran bola de emociones que le ahogaban que le ilusionaban y al mismo tiempo le hacían sentirse por el suelo por el hecho de tener a alguien tan comprensible como lo era él.
Volvió a la habitación, y sin pensarlo, le abrazó.


Número equivocadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora