El golpe nunca llegó al rostro de Miguel..., pero sí al de Esmeralda.
La chica se había interpuesto entre ambos, y había empujado a Miguel para que estuviera a salvo.
Qué ironía que Esmeralda se hubiera preocupado más por él, que por ella misma.
En aquel momento no había reaccionado, simplemente se había dejado llevar por aquello que sentía que debía hacer, sabía que de lo único de lo que se arrepentiría sería de que le hicieran daño a una persona que tanto importaba.
Cuando Javier se dio cuenta de a quien había pegado, sintió que se arrepintió un poco. Vio sus nudillos manchados de sangre y antes de que pudieran echarle del local decidió irse de nuevo en busca de aquella chica, que ya no sabía si aún le seguiría esperando.
—¡Esmeralda!—Miguel le miró con ojos suplicantes. No podía creerse que hubiese hecho aquello por él. Le ayudó a salir de aquel lugar y cuando salieron, el aire fresco de la noche pareció despejar un poco la cabeza aturdida de Esmeralda.
—¿Q-qué ha pa-sado?—preguntó débilmente Esmeralda. Miguel le ayudó a sentarse en un banco y entonces se dio cuenta de que una pequeña hilera de sangre recorría su nariz. Rápidamente, con un pañuelo limpió la sangre con suavidad para no hacerle daño y rezó para que no se hubiera roto la nariz, quería pensar que el impacto no había sido tan grave.
Lo único que quería era que estuviera bien, que fuese feliz, no se hacía la idea de cómo ni porqué aquella noche que podía ser genial, había desembocado en aquella catástrofe. Tampoco quería recordar cómo aquel animal había aparecido de la nada para arruinar su felicidad.
Esmeralda se iba recuperando poco a poco, cerraba los ojos en fuerza. No podía llorar. Sentía que le dolía mucho la cara, especialmente la parte derecha, y se sentía realmente aturdida. Por un momento, había dejado de saber dónde estaba, y ni siquiera sabía de quién estaba acompañada. Lo único que quería era dormir, dormir y pensar mañana o quizás en unos días lo que había pasado.
Pero cuando se dio cuenta de que a su lado estaba Miguel, susurrándole algo que ella no escuchaba bien debido a su estado alterado pero que le conseguía calmarle, se sintió a salvo.
—Lo siento, Esme, lo siento mucho...—dijo él y después le dio un beso en la mejilla. Esmeralda aún no había dicho nada, pero se sentía cómoda a su lado, no le importaba nada de lo que hubiera pasado. Estaba segura que por él, hubiera hecho cualquier cosa, el resultado, no le importaba.
—Tranquilo, estoy bien—dijo ella rompiendo el silencio e hizo un esfuerzo para sonreírle.
—¿Estás segura?—preguntó él, y Esmeralda cuando pasaron unos minutos más, se levantó del banco y tambaleándose un poco empezó a andar hacia el coche.
Esmeralda se encontraba muy mal, le dolía demasiado la cabeza y después del impacto, se sentía mareada como si se fuese a desmayar de un momento a otro.
Miguel sabía que estaría bien, pero lo último que quería era dejarla sola, así que cuando llegaron a casa, vio cómo Esmeralda se tumbaba en la cama y prácticamente a los pocos minutos se abandonaba al sueño, y Miguel tomó asiento a su lado, mientras que le observaba y pensaba: «es lo mejor que me ha pasado».
Pasó toda la noche velando por sus sueños, mirando a la chica de quien ya había confirmado por fin que amaba, y deseó saber qué estaba soñando, si en sus sueños aparecían cosas agradables, y si eran pesadillas..., lo único que él deseaba era poder ahuyentarlas.
N.A: Espero que les haya gustado y si es así comenten :3
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Número equivocado
RomanceSu historia comenzó con un simple mensaje: "Querida Amelia [...]", enviado al destinatario equivocado. Cuando Esmeralda lee el mensaje de Miguel, una persona desconocida para ella, entenderá cómo a veces, las personas que menos conocemos, pueden pas...
