«XXXIX»

2.4K 168 7
                                        

Esmeralda sentía que todo aquello que estaba ocurriendo en aquel momento exacto, era fruto de una ensoñación. No podía ser posible, estar allí, abrazando a la persona con quien había hablado durante tantos días, pero que a fin de cuentas nunca había visto. 

Tenía miedo de abrir los ojos, porque pensaba que era un sueño que terminaría al despertar. 

Sin embargo, para su suerte, aquel no era ningún sueño. Y durante unos instantes parecía que el mundo se hubiese quedado detenido, hasta la calle que usualmente estaba transitada había pasado a permanecer en una poco frecuente calma..., parecía que el mundo entero estuviese esperando aquel encuentro. 

Ninguno de los dos sabía cuánto había durado aquel abrazo, quizás apenas habían sido algunos segundos, pero el paso de aquellos segundos se había sentido casi como minutos. 
Y en aquel instante, todas las conversaciones, todas las distancias... absolutamente todo era pagable con aquel breve momento en el que las distancias habían desaparecido. 

Cuando finalmente Esmeralda salió de aquel oasis, miró a Miguel, tenía las mejillas ligeramente sonrojadas y Esmeralda sonrió. 
Después de todo lo que habían hablado, resultaba increíble que no tuviesen nada para decirse, pero era verdad, en aquella ocasión, la mejor comunicación viajaba entre sus miradas, ilusionadas, esperanzadas, pero también un poco temerosas por un futuro tal vez demasiado inestable. Pero qué más daba el futuro, teniendo aquel presente que deseaban que fuese eterno. 

Miguel tenía muy claro que quería ir despacio con Esmeralda, había ido a visitarla, no a proponerle ser su novia, porque estaba claro que aquel no era el momento. Pero sí que habían dado algún paso, y ese había empezado por verse en persona. Finalmente habían visto que la persona con quien hablaban era tal y como la imaginaban. 
En el caso de Esmeralda se dio cuenta de que era una visión aún mejorada de quien le veía a través de la pantalla. En su imaginación, Miguel era más bajo y su cabello de color castaño tenía ligeros destellos dorados, pero lo único que de ninguna de las maneras cambiaba, eran sus ojos, Esmeralda sintió que aquella mirada le robaba la respiración, y, como tantas otras veces, le impedía pensar con claridad. Se dijo a sí misma que no podía fastidiar de ninguna manera aquel momento, así que a falta de decir ninguna estupidez, permanecieron en silencio disfrutando ese instante que tanto habían esperado. 
Sabían que no volverían a aquel momento, así que querían recordar cada segundo de los pasados minutos, aquellas sensaciones cuando se habían conocido, simplemente eran únicas e inefables. 

Desde que Miguel el había visto, no había parado de pensar en un "te quiero", unas palabras que se habían quedado atoradas antes siquiera de poderlas decir. No quería intimidarla aunque estaba desesperado por poderle decir todo aquello que había callado durante tanto tiempo. Pero no pudo pensar nada más porque le sorprendió cuando ella rompió el silencio, escuchó su voz, y sintió que escuchaba a una nueva persona, a una chica que estaba ilusionada a quien también le brillaban los ojos, feliz, y por un momento despreocupada. 
—¿Sabes a todos los lugares a los que podríamos ir?—dijo de forma retórica—pero creo que ahora que te he conocido, tendría suficiente con estar a tu lado, a veces sin decir nada, sin necesidad de palabras, porque siento que por fin, todo lo que soñé y sin saberlo llegué a querer con todas mis fuerzas, está aquí, justo a mi lado—su sonrisa se tornó aún más luminosa y Miguel no pudo evitar poner un mechón suelto que se había escapado de su trenza tras su oreja. 
Le miraba y sentía que todas las locuras que había hecho, tenían razón de ser. No podía ser más feliz en aquel momento. Había logrado conocer a aquella chica y conocía sus errores, y su forma de ser aquellos días en los que la tristeza eran todas sus palabras, pero en aquel día en el que no había lugar a las nubes, Miguel se dio cuenta de que las sonrisas de aquella chica brillaban como la más brillante estrella, o así lo sentía él. 

Número equivocadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora