1 enero
Aquel primer día de año, de un frío enero, de camino hacia el aeropuerto, Esmeralda y Miguel llevaban sus maletas. En la mano izquierda, Esmeralda llevaba la maleta con ropa, y sobretodo, con algunos libros, no podrían faltar nunca sus compañeros silenciosos.
En la mano derecha, llevaba la jaula con su perro, Goku.
A su lado, iba Miguel, con sus propias maletas, pero sintiéndose que en el regreso a casa, se había llevado el tesoro más importante que jamás hubiese podido llegar a imaginar.
En realidad, Miguel sólo había ido a pasar a su lado la Navidad, pero una vez había visto a Esmeralda, todo deseo de separarse de ella había desaparecido, y quería más que nunca estar a su lado.
Lo que en un principio pasaba como unas vacaciones, se habían convertido en una decisión un poco precipitada, pero que a fin de cuentas era acertada.
Porque estaba con la persona idónea. Ambos estaban a las puertas de aquello que durante tantos meses se había empezado a gestar entre ellos.
A las puertas de un amor que había surgido de la nada, que sin saberlo, había comenzado con un mensaje cuyo destinatario estaba equivocado. O tal vez no, en su caso, debían encontrarse en aquel momento, y el destino había querido que el móvil que recibiera aquel peculiar mensaje, fuera el de Esmeralda.
La persona que decía no creer en más que las tragedias, una persona que antes de conocerle sonreía la mitad.
Pero Miguel a medida que le iba conociendo, se enamoraba más de ella.
Le encantaba descubrir pequeños gestos que le enternecían el corazón.
Sentados en las butacas del avión, miraba cómo se pasaba un mechón de cabello tras la oreja, distraídamente, mirando por la ventanilla, balanceando las piernas en un inquieto vaivén, tan incrédula de lo que estaba haciendo, porque sabía que aquella era la persona que le complementaba. Ella no creía en medias naranjas ni todas esas fábulas que se contaban a los niños pequeños, ella creía que el amor era más simple, que habían personas que no lo encontraban, y después, había otro grupo de personas que eran capaces de encontrarlo, cuando menos lo esperaban.
Y en su caso, había pasado de la forma más espontánea que hubieran podido llegar a imaginar.
—¿Habías ido alguna vez en avión?—preguntó Miguel cuando se dio cuenta de que era la cuarta vez que Esmeralda comprobaba que llevaba el cinturón. La chica negó con cierto nerviosismo. Y Miguel le dio la mano.
—Yo tampoco había ido hasta que tuve que viajar por primera vez para encontrarte. Iba solo, y jamás hubiera imaginado que en uno de esos viajes, ahora, estaría acompañado. Y no podría ser más feliz.
Esmeralda sonrió, hasta que notó que algo no iba bien. Creía que solo ella había notado una ligera sacudida, pero miró hacia Miguel esperando encontrarse en que sólo habían sido imaginaciones suyas, pero se dio cuenta de que habían problemas.
—Yo también lo he notado, tranquila. No pasa nada. Es bastante frecuente, que yendo en avión hayan algunos accidentes, a causa de los rayos, por ejemplo, pero no te preocupes, estaremos bien.
Esmeralda quería creer sus palabras, pero le costaba mucho pensar en ello cuando veía que a su alrededor, la gente había empezado a estar cada vez más nerviosa.
Escucharon una voz que anunciaba que había surgido un problema con los motores, pero que no había motivo por los que preocuparse.
—No quiero morir—dijo asustada Esmeralda.
—No moriremos—sonrió intentando esconder su nerviosismo.—Será que en los vuelos no ha habido fallos a lo largo de los años, pero no hay nada que temer. Estamos juntos.
—¡Es un gran consuelo saber que podemos morir pero estamos juntos!—exclamó Esmeralda al ver que la gente se empezaba a desesperar ligeramente.
—Te diré algo: Si ahora mismo tuviéramos que morir, sería feliz. ¿Sabes por qué? Pues porque he conocido a la persona a quien seguramente querré más. Porque aunque solo tenga veinte años, he aprendido a salvar las distancias, a luchar por quien quiero. Y lo que nos espere más adelante no me importa. Puedes morir tranquilo cuando sabes que a tu lado, tienes lo más valioso y ese es el amor.
—Pero si morimos no podremos seguir queriéndonos.
—Esme, no sé si crees en las almas, pero yo sí que creo, que ni las distancias más largas son capaces de destruir el amor. Así que te quiero aquí, pero una parte de mí también sabe que te querré en el cielo o a donde sea que vayamos.
Esmeralda tenía los ojos anegados en lágrimas, ver tanto amor en los ojos de Miguel le rompía el corazón. Y lo más mágico de todo aquello, era que podía verse reflejada a través de sus ojos y sabía que la causa de aquel brillo, era ella.
Y él la quería, y ella aún más le quería, o eso creía.
Era imposible medir el amor que se tenían.
Por eso, lo único que en aquel momento quería Esmeralda era salir sana y salva del avión, porque necesitaba por fin, empezar a vivir el sueño que durante toda la vida había esperado a que llegase.
Sólo cuando había visto a Miguel había abierto los ojos hacia la vida.
N.A: Había pensado en hacer una segunda parte. Es decir hacer dos o tres capítulos más y empezar la siguiente parte. Sino lo hiciera escribiría más capítulos pero no haría ninguna continuación.
A mí no me importa hacer segunda parte, o más capítulos así que me gustaría que me dijeran si leerían la segunda parte.
¿Les gustaría una continuación? :)
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Número equivocado
RomanceSu historia comenzó con un simple mensaje: "Querida Amelia [...]", enviado al destinatario equivocado. Cuando Esmeralda lee el mensaje de Miguel, una persona desconocida para ella, entenderá cómo a veces, las personas que menos conocemos, pueden pas...
