El vuelo había tenido tantos problemas, porque uno de los motores del avión se había estropeado, por suerte, los aviones, pueden continuar con el trayecto, aunque solo tengan un motor que funcione.
Lástima que sólo tenemos un corazón, que cuando funciona, deja de latir por siempre, y no nos queda otra oportunidad.
Esmeralda al bajar del avión quiso besar el suelo (de manera literal), porque se sentía tan afortunada de haber sobrevivido a su primer vuelo en avión que sentía que ojalá no tuviera que subir a un avión en mucho tiempo.
Su llegada, fue como ella había esperado, sabía que debía de dejarse de remilgos y de tonterías, y sabía que estaba en otro país en el que la vida no sería exactamente igual a la de España, pero nada de aquello le importaba, toda comodidad era superficial, porque lo único que le importaba, lo tenía a su lado, y lo quería guardar como si fuera un tesoro.
Pasaron algunas horas más hasta llegar al piso en el que vivía Miguel, Esmeralda se sentía molida, como si hubiese andado durante horas por el desierto, porque nunca le habían gustado los viajes y sentía que lo único que quería era poder descansar un poco.
Cuando finalmente llegaron a la casa de él, Miguel se detuvo delante de la puerta y le dijo:
—Siento no poderte ofrecer más que un piso que está bastante hecho pedazos, mereces más pero quiero que sepas, que cuanto empiece a trabajar, intentaré encontrar algo mejor.
Esmeralda, vio tanta sinceridad en su mirada que se derritió con la forma en que él le trataba y se apresuró a decir:—¿Olvidas el piso de alquiler en el que he vivido?—sonrió—podré vivir perfectamente aunque no sea un castillo, porque ni mucho menos, necesito que lo sea. Lo único que quiero es estar a tu lado, y no me importaría vivir bajo un puente, siempre que fuera a tu lado. En la vida, debemos adaptarnos a las situaciones que se nos interponen, así que no me preocupa hacer un pequeño sacrificio, por estar contigo. El precio, es bastante bajo por toda la recompensa.
Miguel suspiró aliviado al ver la reacción de Esmeralda, sabía que era comprensiva y que no era una de esas personas que iba montando escenitas cuando algo no era como quería. Aquel, era otro de los aspectos que más le gustaban de ella, saber que con tal de estar a su lado, no había dudado antes de recoger las maletas e irse. Aunque, es cierto, que en su misma situación, Miguel, también habría hecho lo mismo.
Lo único que le retenía en Venezuela eran sus estudios y también su familia. A diferencia de ella, Miguel sí que estaba unido con su familia, para él, la familia era lo más importante..., pero había llegado ella, por quien haría cualquier cosa con tal de saber que estaría bien.
Esmeralda a través de la webcam ya había visto el piso, pero cuando le vio le siguió sorprendiendo el cuidado orden que mantenía, desde la repisa sobre la cual se amontonaban algunos libros, hasta la cama hecha y el escritorio sin papeles de por medio. Era un sitio bastante acogedor, no había más de lo necesario, pero tampoco hacía falta. Miguel no necesitaba ni un gran armario ni grandes lujos, le gustaba llevar un estilo de vida modesta. Y Esmeralda tampoco apreciaba la ostentación, así que tal vez por eso, se sintió cómoda nada más entrar al piso.
Esmeralda tomó asiento en una silla al lado de la cama de Miguel.
—Puedes quedarte aquí, yo iré al sofá—propuso él.
—No... quédate aquí—sabía que no había espacio en la cama y Miguel entre el ajetreo de preparar el viaje apenas lo había tenido en cuenta, pero a Esmeralda no le parecía importar. Miguel tomó asiento a su lado, él también se sentía exhausto y lo único que quería era dormir, pero hubiera preferido ir al sofá con tal de que ella estuviera cómoda. —Abrázame—susurró Esmeralda mientras cerraba los ojos, Miguel no tuvo que oírlo dos veces para tumbarse y rodearla con los brazos. Escuchó que ella suspiraba ligeramente, y saber que ella era real, que la persona a quien amaba estaba allí en ese momento, hizo que se le escapara una lágrima.
Esmeralda aún no se había quedado dormida cuando notó algo:—¿Estás bien?—le preguntó con preocupación.
—Sí—respondió rápidamente.—Es solo que lo había imaginado tantas veces... No puedes creer en la de veces que imaginé que estuviéramos tu y yo, como en este momento, pudiéndote abrazar y salvando todas las distancias que había entre nosotros... Te quiero, cariño.
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Número equivocado
RomanceSu historia comenzó con un simple mensaje: "Querida Amelia [...]", enviado al destinatario equivocado. Cuando Esmeralda lee el mensaje de Miguel, una persona desconocida para ella, entenderá cómo a veces, las personas que menos conocemos, pueden pas...
