—¡Esto es más difícil de lo que pensaba!—exclamaba con frustración Esmeralda mientras intentaba memorizar conceptos que en vez de quedarse en su cerebro viajaban por toda su mente, pero no llegaban siquiera a la memoria a corto plazo.
—¡Esmeralda!—dijo Miguel que hacía rato que había terminado con sus deberes y ahora estaba ayudando a Esmeralda que apenas hacía unas semanas que había comenzado a estudiar—No me gusta que te rindas, está bien que te quejes, venga, di que es un asco tener que estudiar, estás en tu derecho de mostrarte enfadada, pero ¿sabes qué no puedes hacer? ¡Rendirte! Apenas hace unos días desde que has vuelto pero cada vez que algo no sale como tú planeas, o no sacas la nota que esperas, te sientes frustrada y te deprimes. Antes de empezar ya sabías a lo que te enfrentabas. Has querido viajar por otro camino, y está bien que hayas tomado la decisión de estudiar, pero no puedes rendirte al primer error.
Esmeralda sentía que no servía para estudiar. Que había personas que estaban amoldadas para estudiar, para entender aquello que los libros hablaban, pero ella no era así. Cada vez que estaba delante de ejercicios o estudiando para un examen, se sentía terriblemente bloqueada.
Había intentado desconectar yendo a pasear cuando se sentía estresada, escuchando música o hablando cinco minutos con Miguel simplemente... Pero nada resultaba. Continuaba en su estado pusilánime de frustración del que no tenía escapatoria.
—Crees que te has esforzado al máximo, ¿no es así?—dijo Miguel en un tono más calmado—que te has esforzado hasta no poder más, que lo has intentado de mil maneras volver a estudiar como antes, pero tu cabeza no coopera, ¿no?
Esmeralda asintió aún sin despegar la mirada de sus apuntes. Ese, era uno de esos interminables días en los que se sentía totalmente inservible sobre la faz de la tierra, días en los que se sentía hundida, pensando que la vida esperaba más de lo que ella era capaz de ofrecer.
—Pues déjame decirte que no es así. No lo has dado todo de ti, es cierto que te has esforzado y espero que estés orgullosa tú misma de lo que has hecho, pero, a veces no basta con dar el cien por cien de nosotros mismos, a veces tenemos que llegar hasta el límite, y cuando eso sucede, entonces debemos pensar en si de verdad hemos dado hasta lo último de nosotros mismos. Pero no sirven de nada las lágrimas porque algo te cuesta, todo en la vida es difícil, y para luchar a veces hay que aferrarse a las fortalezas que cada cual cree poseer, ¿me entiendes? —Esmeralda le miró y dejó de una vez por todas de compadecerse a sí misma—así que ahora vuelve a estudiar, sabes que te intento ayudar a cada momento, y lo hago feliz con tal de no verte llorar más, sabes que estoy a tu lado, y que si hace falta estaré estudiando contigo hasta las tantas de la noche con tal de ver que cada día eres un poco más fuerte.
Tras aquellas palabras, lo único que necesitaba Esmeralda era un abrazo, uno de aquellos abrazos francos y de confort, y Miguel lo único que anhelaba, era dejar de ver a una chica frustrada por sus sueños y atemorizada por los fracasos.
Y aunque Esmeralda no se diese cuenta, tras cada intento, cada acierto y después, otro error, iba cambiando un poco más. Y todas las lágrimas del principio, con el tiempo, se convirtieron en esfuerzo, hasta llegar a aquel límite del cual Miguel le había hablado, hasta sentir que lo había dado todo de sí misma y lo único que quería era seguir adelante, pero sin ninguna resignación, solamente porque era lo que había descubierto que debía hacer.
Y sabía que aunque ella era quien estudiaba, Miguel, en su propia historia, le había ayudado muchísimo, y gracias a él, a sus palabras y a la perseverancia que había mostrado con la chica, Esmeralda pronto tuvo la suficiente confianza para estudiar más segura de sí misma, y cada vez depender menos de la ayuda de Miguel.
ESTÁS LEYENDO
Número equivocado
RomanceSu historia comenzó con un simple mensaje: "Querida Amelia [...]", enviado al destinatario equivocado. Cuando Esmeralda lee el mensaje de Miguel, una persona desconocida para ella, entenderá cómo a veces, las personas que menos conocemos, pueden pas...
