«LXIII»

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Pasaron diez horas durmiendo, y cuando finalmente despertaron, Miguel aún continuaba abrazado a Esmeralda en el más hermoso sueño que hubiese podido imaginar.
Con cuidado de no hacer ruido, Miguel se levantó de la cama y fue a preparar el desayuno, una hora más tarde, cuando Esmeralda despertó, aún sin creer dónde estaba, Miguel le recibió con una amplia sonrisa y una bandeja con el desayuno.
—¡Buenos días!—Esmeralda sonrió sintiéndose alagada por aquel gesto. No sabía cómo acostumbrarse a aquella consideración por su parte.
—¿Huele a quemado?—preguntó ella y vio que Miguel se sonrojaba ligeramente.
—Resulta que he intentado preparar tostadas, pero... como no soy muy buen cocinero, digamos que el resultado es más que obvio.—Esmeralda le dio un beso en la mejilla y le sonrió, aquel chico, sabía cómo hacer que sonriera con tan solo unas palabras. Y aquel privilegio, no lo había tenido siempre, así que ahora que estaba en aquel momento, lo único que quería era aprovecharlo al máximo.
—Si fuera por mí hoy mismo iríamos a mil lugares—dijo Miguel—pero entiendo que estés cansada así que lo mejor será quedarnos a casa y mañana ya será otro día.
—¿Qué hora es?—preguntó mientras tomaba un sorbo de café.
—La una del mediodía.
Iba a continuar hablando cuando escuchó el sonido del teléfono.

—Hola, mamá. Sí, ya he llegado, ha sido un viaje bastante largo pero estamos bien—al decir "estamos", la madre de Miguel permaneció al otro lado del teléfono ligeramente sorprendida.

Minutos más tarde, Miguel sonrió y se dirigió hacia Esmeralda que le observaba con atención. Llevaba el cabello enmarañado pero sus ligeras mejillas sonrojadas y sus ojos brillantes a la luz de los rayos de sol le parecieron ver un espejismo.
—Quizás es muy precipitado, pero no quiero ocultar más el motivo de los viajes, así que he quedado con mis padres en que mañana iremos a comer con ellos, ¿te parece bien? Sé que te lo tendría que haber preguntado antes de aceptar, pero me gustaría que te conocieran.
—Está bien—sonrió y pensó en que no estaría mal conocer a sus "suegros", realmente nunca lo había llegado a imaginar que algún día conocería a la familia de él. En las pocas relaciones en las que había estado, nunca le habían presentado la familia, había actuado de novia "fantasma", pero al lado de él, todo aquello parecía ser diferente.
Él quería que sus padres la conocieran, porque le parecía una persona increíble, y de la misma forma en que él le había conocido, también quería que sus padres pudieran saber quién era Esmeralda.

Al día siguiente, Esmeralda había estado un buen rato para escoger qué vestido se pondría, ella no era de preocuparse en exceso por su aspecto físico, pero en aquel momento en el que se miró al espejo, se dio cuenta de que quizás los padres de él, no tendría la impresión más acertada de una chica con el cabello azul, y se sintió un poco avergonzada.
Cuando Miguel volvió a la habitación, vio que sobre la cama había dos vestidos, uno negro, el otro de un rosa pastel.
—¿Es una decisión complicada porque ambos te sientan de maravilla?—dijo rodeándola por la cintura, sin embargo, Esmeralda estaba tan distraída que ni siquiera se dio cuenta del piropo.
—A veces temo qué pensarán de mí..., no soy la típica novia con imagen de niña buena, y me causa un poco de nerviosismo pensar en que les caiga mal...
—¿Otra vez con eso? Estoy seguro que les caerás genial..., no te preocupes. Sé tú misma, como siempre. Yo me enamoré de ti, de nuestras bromas, de nuestras conversaciones en las que eras tú misma, pero siento que me enamoraría de cualquier versión de ti.

Finalmente, Esmeralda optó por el vestido rosa pastel.
A la puerta de la casa de los padres, Esmeralda pensó en qué cara pondrían cuando la vieran llegar teniendo en cuenta que su hijo no les había avisado.
Miguel llamó al timbre, y le dio la mano a Esmeralda, le miró y le dio un corto beso.

Cuando la puerta se abrió, apareció una mujer hermosa, de unos rizos rubios brillantes que llevaba un vestido floreado junto con un delantal de color blanco, Daniela, la madre de Miguel, observó a la desconocida con extrañeza, después, reparó en que le daba la mano a su hijo. No necesitó palabras para comprenderlo, y de inmediato sonrió. Todos los viajes encajaban, pues todo había sido por amor.

En el salón, Alejandro, leía el diario, pero cuando vio que llegaba su hijo, cerró el diario. ¿Quién era aquella chica? Él también supo al instante que no se trataba de una amiga.

—Mamá, papá—anunció Miguel con cierto nerviosismo—ella es Esmeralda, mi novia—delante de aquellas palabras, Esmeralda miró al suelo, notando que ambos le miraban fijamente. No le gustaba ser el centro de atención. —Vive en España, pero a partir de hoy, vivirá conmigo.
Aquellas palabras no fueron fáciles de decir, es decir, Miguel se iba dos veces hacia España, no le contaba nada a sus padres de que estaba viéndose con alguien, y cuando volvía, decía como si fuese lo más normal, que la chica viviría con él.
Sin embargo, ninguno de los dos pudo objetar nada. Si su hijo era feliz, ¿quiénes eran ellos para interponerse entre lo que quería el chico?

—Encantada de conocerte, me llamo Daniela—dijo la madre cuando hubo dejado atrás la primera impresión de la chica del cabello azul que según pensó desde el primer instante, era una chica tímida, y al mismo tiempo, hermosa, y no se daba cuenta de ello.

La comida familiar, fue mejor de lo que Esmeralda hubiese pensado. Los padres, hicieron todo lo posible para que Esmeralda se sintiera cómoda, no le hicieron preguntas personales, hablaron de temas bastantes comunes, aquello no era un interrogatorio, simplemente era una comida con la familia de él. Y después de mucho tiempo, ella supo que las palabras que en su día le dijo a Miguel sobre la familia, eran ciertas.
Miguel tenía suerte de tener unos padres que le querían con locura. Esmeralda sabía que sus padres le querían también, pero lo mostraban de otra forma.
Y sabía que estaba lejos de dónde había nacido, pero también comprendió que se podía considerar hogar, al lugar en el que verdaderamente te sintieras feliz. Y allí, aunque salía de su zona de confort, lejos de las murallas que ella siempre había conocido, feliz, era la palabra con la que podría describirse su vida actual. 

N.A: Siento muchísimo haber escrito tan poco estos días, culpen a mis profesores de ello xD, pero intentaré hacer todo lo posible por que tengan que esperar lo mínimo posible para seguir leyendo. 
¡Espero que les haya gustado! <3

Número equivocadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora