—No existe el mañana para empezar a ser feliz, a veces hoy es el día perfecto para empezar a soñar en grande, a ser feliz, porque a menudo la felicidad no aparece cuando esperamos, y sólo está presente hoy, quizás mañana ya no estará, así que mientras esté con nosotros no podemos hacer más que aprovechar hasta el último segundo. —Dijo Miguel en algún momento de la noche, no sabían ni la hora que era, porque habían hablado tanto desde que se habían visto, parecía que aunque prácticamente a diario hablasen a través del móvil, los temas eran ilimitados, y sus ganas de conocerse aún más, también.
Estaban sentados en el sofá del comedor, mientras que escuchaban música de fondo, música que estaba a medio camino de los gustos de él y los de ella. Aquel era uno de esos momentos para capturar para siempre. Esmeralda había cerrado los ojos mientras que le escuchaba hablar, su voz era como una dulce melodía que conseguía apaciguar todos sus pensamientos.
Miguel le rodeó con los brazos y Esmeralda apoyó su cabeza en el pecho, en aquel momento, se sentía tan cómoda, tan bien con el momento en general... Se sentía en un oasis de paz y tranquilidad. ¿Cómo era posible sentirse así? Pensó ella, cuando había conocido a alguien, había encontrado buenos momentos, pero al lado de Miguel, aquellos instantes eran indescriptibles, no podía pensar en qué podía haber mejor que estar al lado de la persona a quien de verdad quería, y por quien era correspondida.
—Será que encontré algo en tu forma de ser, en la manera en que me hablabas..., en general, en la forma en la que me tratas, que hace que sienta que cada día me enamoro más de ti, y ahora... ahora, no me importa decir cómo me siento, porque aunque he tenido momentos en los que he sido increíblemente feliz, en estos instantes, la felicidad es mi segundo nombre. —Esmeralda sentía que su corazón latía con más fuerza, con más vida y más intensidad. Volvía a sentirse viva de nuevo, y la gran parte de aquella causa, se la debía al chico que en aquellos momentos aún le estaba abrazando.
Se sorprendió de no obtener respuesta, y entonces, fue cuando se dio cuenta de que Miguel había caído dormido entre sus brazos.
Al instante se enterneció, y aquellos momentos en los cuales sus pensamientos volvieron a estar en calma, empezó a rebobinar y a pensar en el transcurso de las últimas horas.
Miguel había cruzado medio mundo por segunda vez, por estar a su lado, por no dejarle sola. Nunca nadie había hecho algo así por ella, ni siquiera su propia familia.
Miguel le había entregado muchas muestras de amor, guardadas en cartas y bañadas en sentimientos. Pero lo más importante era la forma en la que se había portado con ella.
Le hablaba muchísimo del amor, siempre que podía le decía cuánto la quería, pero a diferencia de muchas personas, Miguel se preocupaba por algo más, y eso era por demostrarle con hechos que le quería.
Y si subirse a un avión en la búsqueda de la persona amada no era la mejor demostración de amor que podía imaginar... Esmeralda no sabía qué podía significar el amor.
Sonrió aún observándole dormir. Le acarició el cabello con un profundo cariño que ni ella misma sabía que guardaba. Esmeralda no sabía que todo el amor que no le habían otorgado, lo había ido guardando, reprimiendo y almacenando en algún lugar.
Pero a su lado, todo aquel amor que tenía en su interior, iba saliendo a flote y le estaba transformando en una mejor versión de quien fue en su pasado.
Hubo un momento en el que Miguel despertó, y entonces, Esmeralda le dijo:—Te quiero, cariño, gracias por darme la posibilidad de volver a creer en el amor y en la felicidad.
Miguel sonrió, y volvió a dormirse.
Esmeralda pensó en la noche del concierto, cuando todo se había derrumbado, para demostrarle que Miguel le había acompañado hasta en aquellos momentos, y ahora, era ella quien deseaba imaginar en qué estaría soñando él.
El sol ya empezaba a despuntar a través de la ventana, pero Esmeralda aún continuaba sonriendo.
ESTÁS LEYENDO
Número equivocado
RomanceSu historia comenzó con un simple mensaje: "Querida Amelia [...]", enviado al destinatario equivocado. Cuando Esmeralda lee el mensaje de Miguel, una persona desconocida para ella, entenderá cómo a veces, las personas que menos conocemos, pueden pas...
