«XLIX»

1.6K 127 8
                                        

Había pasado una semana desde que había hablado por última vez con Esmeralda. La mayoría de días simplemente le enviaba algún mensaje, pero apenas podía estar por ella porque tenía que entregar trabajos y el tiempo se le echaba encima. 

El calendario de su habitación estaba repleto de recordatorios de fechas de exámenes y entregas de trabajo. Calculaba cuánto le llevaría terminar cuatro trabajos que había empezado hacía algunos días y pasaba las noches preocupado buscando información hasta que sentía que no podía más. 

Estudiar le gustaba, pero había días en los que sentía que nada de aquello le llevaba a ningún lugar. Como la mayoría de estudiantes, Miguel, también pasaba por algunos días en los que todo se resumía a las dudas, y pensaba seriamente en porqué continuaba estudiando. 

Pero cuando aquel fin de semana, ya hubo entregado al fin, todos los trabajos y los había presentado de la mejor forma que había sido capaz, se había sentido realmente en paz y orgulloso. 

Su mejor amigo, David, también estudiaba en su misma universidad, y durante la semana, apenas se habían visto más que en un par de ocasiones en la biblioteca ajetreados estudiando los temarios que no tenían fin. 
Pero cuando todo aquello había terminado, (al menos por unos días), David le propuso ir a una fiesta a Miguel. 

Las fiestas en la universidad eran diferentes a las que se organizaban en la secundaria, pero no dejaban de ser fiestas en las que lo "mejor" que parecía verse eran gente borracha bailando y quedando ridículamente patéticos, formando una estampa no muy digna para recordar. 

Sobra decir que Miguel no era el alma de las fiestas. Cuando llegaba a un lugar que no conocía, o se quedaba con sus amigos, o se quedaba en un rincón haciéndose el "bohemio" que no quería saber nada de nadie. Nunca le había gustado conocer a la gente en el ámbito de las fiestas. 

Pero aquella noche, pensó que le vendría estupendamente poder desconectar de todo el estrés generado durante los últimos días. 

Cuando llegó a la casa de uno de sus amigos que era quien organizaba la fiesta, David se separó de él nada más entrar en la casa, y se fue junto con su novia, con quien no llevaba más que un par de meses. 

Miguel presentía que tendría que pasarse otra noche de plantón sintiéndose apartado de los demás, porque conocía a pocos de los invitados, distinguió a algunos de sus compañeros, pero tampoco eran amigos, así que optó por no decirles nada más que un simple saludo. 
Pero cual fue su sorpresa cuando entre todas las personas, se encontró a una compañera, Ailén. 

Ailén era sin duda, la chica más sexy de toda la facultad. Muchos chicos suspiraban por ella y veían a aquella chica de autoestima alta como a alguien inalcanzable. Se rumoreaba que estaba saliendo con alguien, pero a veces decía que le gustaban las relaciones del poliamor. 

Miguel había hablado algunas veces con ella, pero nunca le había visto como los demás chicos de su edad, para él era una compañera simplemente con quien había tenido que hacer algunos trabajos pero con quien nunca había ido a ningún lugar. 
Mientras que muchos la veían como un objeto de deseo, lo único que Miguel podía notar era que aquella chica era muy inteligente, y quizás por el mismo motivo... manipuladora. 

Sin embargo, en ningún momento esperó que aquella noche Ailén se acercara al lado del chico que no era el más popular, ni de lejos. 

—¿Cómo te han ido los últimos exámenes? Menuda semana que hemos tenido, ¿eh?—le sonrió coquetamente, pero Miguel pasó bastante de la chica. 

—Bien, ¿y a ti?—respondió sin interés. Aquello le sentó muy mal, nadie le ignoraba, y menos el empollón de turno que a decir verdad, era atractivo. 
Sería de ella, estaba segura. Lo que ella no sabía, era que Miguel estaba enamorado de otra chica, y aquella chica no estaba a su lado en aquel momento, pero no por ello, le sería infiel. 

Aunque Miguel no estaba muy cómodo con la conversación, no le quedó otra que seguirle la conversación a Ailén, esperó que se aburriera pronto pero no pareció surgir el efecto, ya que pese a sus vagas respuestas que le ofrecía, la chica aún permanecía interesada en él.
Hasta que Miguel, finalmente le preguntó que porqué estaban hablando si sólo eran compañeros que no eran ni siquiera amigos. 

—Hay algo que nunca te he dicho...—susurró con voz seductora y bajó el tono de voz volviéndolo más íntimo—y eso es que me gustas—cuando lo dijo se acercó más acorralando a Miguel contra la pared, no pudo evitarse sentir intimidado, era una sensación bastante extraña, y para nada agradable. 

—Ailén, creo que te equivocas conmigo, no puede ser...—empezó a decir pero no pudo evitarse sentirse intimidado tras cada mirada. De cabellos rizados y rojizos y un cuerpo bien proporcionado y con las curvas "perfectas" según muchos chicos, Ailén parecía una sirena, de aquellos bellos espejismos que veían los navegantes tras muchos días en el mar, y parecía que aquella sirena emitía dulces melodías imposibles de ignorar por los oídos humanos. 
Pero Miguel debía resistirse. 
En algún momento de su vida, (cuando entró en la universidad), había sentido algo así como un flechazo por Ailén, pero como sabía que no era de fiar, decidió no alimentar más ilusiones, y realmente, no le resultó muy complicado olvidarse de la chica. 
Hasta aquel día. 

—Adiós. Me voy—dijo Miguel cuando vio que aquello podría terminar muy mal. 

Ailén le observó fingiendo su mejor pose de sorpresa, intentando obviar todos los sentimientos encontrados en aquel momento. ¿Le gustaba Miguel? En realidad, no, le parecía guapo, pero para ella, solo era un juego. Un premio que quería poseer, pero nada más. 
Sin embargo, NADIE le rechazaba a ella, así que sabía que sólo sería cuestión de tiempo que Miguel cayera ante ella. 
Se dijo a sí misma, que aquello no quedaría en un simple rechazo. 
Haría cualquier cosa con tal de conseguir su victoria. 

N.A: Solo diré una cosa de este capítulo: Se avecinan problemas. Pronto verán porqué. 

Número equivocadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora