CAPÍTULO FINAL
—Está esperando... ¡gemelos!—exclamó el ecógrafo mientras que Esmeralda y Miguel intercambiaban una mirada de sorpresa.
La primera en reaccionar fue Esmeralda, que a base de bastantes días se había terminado haciendo a la idea de que pronto en la pequeña casa ya no serían dos, sino tres... y ¡cuatro! Según les contaban ahora.
Esmeralda, de la impresión, estuvo a punto de perder el conocimiento, sólo había ido a hacerse la ecografía de los seis meses para saber el sexo del bebé cuando de repente les decían que venía otro en camino.
A Esmeralda aquella noticia no le hacía todo lo feliz que a Miguel, pero con los días había empezado a saber llevar mejor la situación, y gracias al apoyo de Daniela, (ya que cuando le contó a su madre que iba a ser abuela, su madre apenas se inmutó, pues desde la muerte de Javier estaba muy perdida en su vida, y por el lado de su padre, Hugo tampoco manifestó ninguna especie de ilusión), había empezado a entender lentamente que iría a ser madre.
—Es una noticia genial, ¿verdad, cariño?—manifestó Miguel claramente ilusionado.
Esmeralda le miró unos instantes, y al verle tan feliz, ella de inmediato también sonrió.
...
La primera de las gemelas en llegar al mundo fue Daira. La segunda, más pequeña que la primera naciendo prematura motivo por el cual tuvo que estar en las incubadoras, fue Bella.
El parto había resultado ser bastante complicado, y como Esmeralda era madre primeriza y además de gemelos, consideraron más apropiado hacer el parto por cesarea.
Cuando Esmeralda se hubo recuperado de la anestesia, lo primero en lo que pensó fue en sus hijas, necesitaba verlas.
Miguel, mientras que veía que Esmeralda dormía, pudo por primera vez ver a sus pequeñas. Al instante en el que introdujo la mano por una de las rendijas de la incubadora y acarició las diminutas manos de sus hijas sus ojos se inundaron de lágrimas de felicidad. Aquel momento para él fue único, indescriptible... Lo mejor que él jamás hubiera podido llegar a imaginar.
Esmeralda al ver a Daira y Bella, al instante sentía que se enamoraba de nuevo, que aquellos seres pequeños que dormían plácidamente entre los brazos de Miguel, le habían robado el corazón.
—Tenías razón. Apenas han pasado unos instantes, pero ahora que sé que es real, empiezo a darme cuenta de cuánto las quiero.
Aquellos fueron días felices, pero también llenos de dificultades para la pareja. Como ya sabían que ocurriría sus noches fueron inundadas de llantos infantiles, pero a la luz del día, cuando Esmeralda veía a Daira y a Bella dormidas al fin, sentía que todo valía la pena.
Había momentos en los que Esmeralda sentía que aquellos instantes eran impagables, que le revivían, que le hacían sonreír desde lo más hondo en sí misma, se sentía completamente bien cuando pensaba en cómo había transcurrido su vida.
Quizás su pasado no era el mejor, tenía secretos que como todo el mundo, debían permanecer solamente en los corazones de las personas queridas y no irlos proclamando por los cuatro vientos, pero también sabía que no podría cambiar su pasado, solamente preocuparse por vivir al máximo el presente.
Y a veces le gustaba recordar cómo había cambiado su vida desde el momento en el que pudo abrazar a Miguel por primera vez. A partir de entonces, la vida había transcurrido en una burbuja de felicidad, había terminado sus estudios, estaba en un país extranjero, lejos de su familia, pero sentía que ese, al fin era su lugar.
Desgraciadamente, había vivido un viaje en el cual había ido dando tumbos, entre gente que jamás le llegó a apreciar, pero cuando finalmente chocó contra su vida la persona indicada, la persona que quería a Esmeralda con sus errores y aciertos, supo que en la vida, a veces valía esperar para ver el desenlace. Durante tiempo había anhelado algo que creía estar fuera de su alcance, pero en realidad, no estaba lejos, sino que estaba esperando el momento correcto en el que aparecer.
Desde el nacimiento de las niñas, había descubierto pequeños detalles que antes jamás le hubieran inspirado ni la mínima muestra de ternura, pero todo aquello ya era pasado. Después de que llegaran sus vidas, entendió que antes de haberlas tenido, en ella quizás había un vacío que ni siquiera había existido.
Cuando volvió a trabajar, se dio cuenta de que el trabajo, le resultaba tan entretenido como siempre, pero que al mismo tiempo extrañaba sus risas.
Por otra parte, Miguel cuidaba de las niñas, les llevaba al parque a jugar con demás niños, y cuando llegó su primer cumpleaños, Miguel construyó un balancín y unos columpios en la diminuta terraza que había en su piso, con tal de poder ver a las niñas reír sin necesidad de ir al parque. O dicho de otra manera, Miguel hubiera bajado la luna si hiciera falta con tal de saber que las personas a quienes más quería, eran felices.
Porque para él un día perfecto no necesitaba nada más que la sonrisa de tres personas: Daria, Bella, y sobretodo, Esmeralda.
Ambos, a base del tiempo, se dieron cuenta de que a veces en la vida, en los momentos en los que menos nos lo imaginamos, cuando todo parecen ser nubes en el cielo y no se ve ningún haz de luz, esa pequeña chispa, está por llegar. Y cuando llega, es algo simplemente inolvidable.
Quién hubiera podido predecir que un mensaje hacia un número equivocado, giraría sus mundos y les situaría sobre un mismo eje, en aquel en el cual sus miradas se perdían y se fundían en una de sola.
Porque a veces, Esmeralda, le gustaba ver las conversaciones pasadas. Y cuando se encontraba con el mensaje a partir del cual todo comenzó, pensó en que no había sido el número equivocado quien les había enfrentado, simplemente, había sido el mayor acierto de sus vidas.
N.A: ¡El próximo capítulo es el epílogo!
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Número equivocado
RomantikSu historia comenzó con un simple mensaje: "Querida Amelia [...]", enviado al destinatario equivocado. Cuando Esmeralda lee el mensaje de Miguel, una persona desconocida para ella, entenderá cómo a veces, las personas que menos conocemos, pueden pas...
