—¿Te encuentras mejor?—le preguntó Esmeralda mientras le daba una taza de tomillo.
Desde que la pasada noche Miguel había tenido fiebre Esmeralda no se había separado de él ni un solo segundo.
Había pasado una noche horrible a causa del delirio de las pesadillas que le producía la fiebre alta así que Esmeralda tampoco había podido dormir, preocupada por su estado.
Miguel no soportaba ir a los hospitales. Decía que cada vez que notaba ese olor a antiséptico aún se encontraba peor. Además, sólo era un simple resfriado, él era bastante propenso a resfriarse ante el mínimo corriente de aire, así que no era de extrañar.
—Gracias por haber estado todo el tiempo a mi lado—sonrió levemente Miguel, mientras que Esmeralda le volvía a poner el termómetro.
—Parece que ahora no tienes fiebre—dijo unos minutos más tarde—aún así hoy no tendrías que ir a la universidad, por un día que no vayas no se acabará el mundo.
—Me recuerdas tanto a mi madre...—Miguel rió ante aquella visión de Esmeralda preocupada por él, la mayoría de veces, era él quien se preocupaba por ella, pero en aquella ocasión fue distinto.
—¿Has podido dormir un poco?—le preguntó Miguel intuyendo que ella tampoco habría descansado.
—No mucho. Cada vez que notaba que despertabas, yo también me despertaba porque pensaba que te encontrabas mal. —Confesó—Me he dado cuenta de que hablas en sueños
—La mayoría de personas hablan mientras duerme, se llama somniloquía.
—Vaya nombre más raro—dijo Esmeralda.
—¿Y puedo saber qué decía?—preguntó divertido.
—A veces murmurabas cosas sin sentido. He escuchado que había un momento en el que gritabas ¡serpientes! Seguramente habrás tenido una pesadilla.
—¿Nada más he dicho eso?—preguntó—¿no he dicho ninguna gilipollez similar a cuando iba borracho?
—Bueno... otras veces... decías te quiero.
—¿Ves? Si hasta en sueños estás conmigo, nunca me abandonas, cariño—aunque Miguel continuaba sin encontrarse bien, al hablar con Esmeralda sentía que sus preocupaciones se desvanecían momentáneamente.—Ahora que estoy despierto, creo que es otro buen momento para decírtelo; te quiero, Esmeralda.
—No te imaginas lo que siento cada vez que me lo dices—y aunque Esmeralda solía ser una persona bastante retraída a quien no le gustaba precisamente hablar de lo que sentía, sabía que tenía que decírselo a su vez, todo lo que significaba para ella—te quiero, Miguel. De verdad que lo hago, ahora miro hacia atrás, hacia las primeras veces que hablamos y me siento tan feliz de haberte conocido... Gracias por haber entrado en mi mundo de la forma más sorpresiva posible. Gracias por formar parte de él.
—Tengo ganas de volver a estar bien, porque quiero llevarte a un lugar...—dijo Miguel mientras tomaba un sorbo del tomillo que se estaba comenzando a enfriar.
—¿Ah sí?—preguntó con curiosidad ella—¿a dónde?
—Quiero que sea una sorpresa, así que no te diré ni una palabra.
—Está bien, de acuerdo... podré esperar—sonrió ella mientras que aquel día fue uno de aquellos días en los que reinaba la calma y la tranquilidad.
...
Era una noche de marzo, pero no una noche cualquiera, de aquellas en las que salen las estrellas para volverse a esconder tras unas horas.
Era el día en que hacía un año desde la primera vez que habían empezado a hablar siendo completos desconocidos, sin poder llegar a predecir todo lo que terminarían suponiendo el uno para el otro.
—¿A dónde me llevas?—Miguel iba conduciendo en su coche, sin pronunciar palabra alguna desde que habían salido de la casa.
—A ver las estrellas—dijo él, finalmente.
—Ahora de verdad, ¿a dónde vamos?
—No te he dicho ninguna mentira, vamos a ver las estrellas. He pensado que estaría bien acampar en el bosque.
Esmeralda no dijo nada, estaba acostumbrada a que Miguel le sorprendiera, así que se había dado cuenta de que lo mejor, simplemente era dejarse llevar por sus a veces, un poco disparatadas pero únicas ideas.
Miguel al lado de Esmeralda había querido cometer de ese tipo de locuras, que se recuerdan con el paso de los días con una gran sonrisa, no quería dejar ningún sueño pendiente por realizar al lado de ella, quería compartir momentos inolvidables, efímeros, pero poderosos.
Y Esmeralda, era feliz dejándose llevar por la magia de aquel chico que le había robado hasta el último milímetro de su corazón.
Cuando llegaron a su destino, Miguel sacó del maletero una tienda de campaña junto con unos sacos de dormir mientras que Esmeralda le ayudaba a descargar el coche. Se había dado cuenta de que también había traído algo de comer.
—Veo que has pensado en todo—comentó alagada por todos los detalles que se iba encontrando.
—Es un día especial, qué menos que celebrarlo, ¿no? —Esmeralda le observó sin saber de qué estaba hablando, ¿era el cumpleaños de él?
—Es... ¿tu cumpleaños?—preguntó sintiéndose avergonzada por haber olvidado algo importante.
—No—dijo él sonriéndole con dulzura—hoy hace el año desde que nos conocimos.
—¿Cómo has podido acordarte?—preguntó Esmeralda, sorprendida.
—Pues porque a veces, sobretodo cuando te echaba de menos, releía nuestras conversaciones, y me gustaba pensar en cómo empezó todo, un día 15 de marzo, un día como hoy, en el que apenas sabíamos quiénes éramos y nunca hubiésemos llegado a imaginar, que el amor, tal vez, se encontraba al otro lado de la línea.
Fue una noche para el recuerdo, de aquellas en las que todo se confabula para generar la velada perfecta, pero todo fue gracias a Miguel que se había propuesto poder recordar desde el primer momento en que había conocido en persona a Esmeralda, todos los momentos que habían vivido.
Y si en aquella noche, la luna no salió y las estrellas quedaron perdidas entre las nubes... fue porque en algún rincón del bosque, todas las estrellas habían sido robadas por aquella joven pareja, donde entre los árboles se encontraban dos personas que se miraban como si en el mundo, todo lo demás a parte de ellos dos, fuera superficial, porque así lo era. No existían más miradas que la de aquellos ojos enamorados que miraban con ilusión hacia la vida.
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Número equivocado
RomantikSu historia comenzó con un simple mensaje: "Querida Amelia [...]", enviado al destinatario equivocado. Cuando Esmeralda lee el mensaje de Miguel, una persona desconocida para ella, entenderá cómo a veces, las personas que menos conocemos, pueden pas...
