Su historia comenzó con un simple mensaje: "Querida Amelia [...]", enviado al destinatario equivocado. Cuando Esmeralda lee el mensaje de Miguel, una persona desconocida para ella, entenderá cómo a veces, las personas que menos conocemos, pueden pas...
—Te quiero—susurró Esmeralda con lágrimas en los ojos, aún sin dejarle de abrazar, una parte de ella, temía que si le dejaba ir, le perdería para siempre, y en aquel instante quiso fundirse con el tiempo, para evitar su partida.
—Y yo a ti—Miguel le dio un beso en la frente y Esmeralda pensó que nunca le habían tratado con aquel cariño, o al menos, no lo recordaba.
Ni él mismo se reconocía. Había avanzado tanto desde que había conocido a Esmeralda, que a veces, le gustaba mirar las primeras conversaciones y no se reconocía en sus propias palabras. Esmeralda le había ayudado a aflorar una parte de él que era más alegre y espontánea, y además, también había aprendido algo muy importante: El valor de ayudar a los demás con unas palabras. Y su recompensa, eran las sonrisas de Esmeralda que para él, tenían un precio tan ilimitado como el amor.
—No te vayas nunca—dijo en voz baja Esmeralda llevada por impulsos, pero realmente era la verdad, quería estar con él, a su lado, como en aquel momento, y saber que no sería como un espejismo. Simplemente, quería algo bastante complicado, y eso era acortar las distancias de una vez por todas.
—Lo siento, pero no puedo prometerte nada—Miguel no quería romper la magia del nuevo encuentro, pero sentía que debía ser realista; cuando vio la expresión ligeramente entristecida de Esmeralda se apresuró a decir:—Pero ahora no nos preocuparemos para eso, ¿de acuerdo? ¿Puedo entrar en casa? Tengo frío—Esmeralda entonces se dio cuenta de que aún seguían en la calle y hacía un frío glacial, así que ligeramente avergonzada le invitó a pasar.
—Pues yo no tengo frío—añadió Esmeralda—me basta con tener tus abrazos para dejar de sentir todo el frío que hace fuera. Todo el mundo frío que hay tras unas puertas. Miguel la comprendía a la perfección, aunque a veces no coincidían en los puntos de vista, se complementaban sin lugar a dudas.
Al entrar, Miguel se dio cuenta de que había un perro durmiendo, y sonrió entristecido al recordar a Bigotitos. —Perdona el desorden—se excusó Esmeralda cuando miró a su alrededor y se dio cuenta de que en medio del drama que había vivido durante aquel día, causado por la tristeza, no había ordenado la casa y no estaba en las mejores condiciones.
—No te preocupes—sonrió—tú estás igual de hermosa que siempre, bueno, ahora con tu cambio de estilo, pienso que te sienta genial el color azul—Esmeralda se sonrojó ante el halago y le devolvió la sonrisa.
Una parte de ella, quería lanzarse y besarle porque a fin de cuentas, era aquello que había deseado desde la última vez que le había visto, pero sabía que tenía que ir despacio si no quería echar a perder aquello tan valioso.
—Te he traído esto—le dijo Miguel mientras le entregaba una pequeña caja. Cuando Esmeralda la abrió se quedó sorprendida al ver un hermoso collar de plata que llevaba la piedra de la esmeralda.
—Es precioso...—se sintió ligeramente abrumada por todas las atenciones de las cuales le colmaba Miguel, ella nunca había tenido el privilegio de tener muchos regalos, y en aquel momento no sabía qué decir—Muchas gracias—sonrió aún mirando hacia el collar—pero continúo insistiendo en que no tenías porqué, de verdad, el mejor regalo que podía tener era saber que volverías, y ese, sin duda ha sido la mayor sorpresa que esperaba recibir.
Miguel le ayudó a ponerse el collar, y vio que tal y como había imaginado, le quedaba perfecto. Esmeralda, aún continuaba incrédula ante su presencia y se sentía colapsada por todas las emociones que se libraban en su interior.
—Sé que puede sonar una locura lo que ahora mismo diré, pero...—Miguel carraspeó, ligeramente indeciso mientras que Esmeralda le miraba intentando adivinar sus palabras—pero me gustaría que vinieras conmigo. No quiero tener que esperar meses hasta volver a verte, siento que la forma en que nos conocimos fue totalmente imprevista y espontánea, y jamás llegamos a creer que desembocaría en más sentimientos, pero creo que es indudable que ha pasado. Siento que te quiero, que solo necesito volverte a ver aunque sea a través de la webcam, para sentir porqué espero y cuento las horas hasta volver a hablar contigo. Las personas nos dedicamos a dejar escapar oportunidades, y a veces sin saberlo, pero yo ya me he cansado de tomar decisiones que son "correctas", pero que a fin de cuentas no me hacen feliz. Y ahora que ya sé qué es lo que me hace feliz, quería compartirlo contigo. Yo estoy a punto de terminar mis estudios, pero no quiero tener que cambiarme a mitad de curso, y tampoco quiero esperar más tiempo para estar contigo, así que ya que ahora no trabajas, ¿por qué no te vienes a vivir conmigo? Podrías estudiar, y estaríamos juntos, así que te podría ayudar a estudiar.
Ante todas aquellas palabras, Esmeralda se sentía incapaz de responder. ¡Claro que quería irse con él! No le faltaban ganas de hacer las maletas e irse de allí, comenzar una nueva vida. Pero sabía que aquello era un sueño.
—¿Lo has pensado bien?—preguntó indecisa y Miguel se mostró sorprendido por su reacción.
—Después de todo, creo que lo he pensado más que bien, y estoy bastante seguro de qué es lo que quiero—le acarició la palma de la mano mientras que Esmeralda miraba hacia sus dedos entrelazados.
—Y... ¿mi familia?—no podía evitar pensar en aquello.
—Siento decírtelo, cariño, pero sabiendo como es tu hermano, y tus padres... Me temo que no les provocará simpatía conocerme, pero decidas lo que decidas, tendrías que decírselo.
—Es una locura—sonrió Esmeralda intentando imaginar todo lo que se podía avecinar de la noche al día.
—Pero las locuras a veces dan esa chispa de magia que necesita la vida, y a mí me gustaría cometer locuras que poder recordar el resto de mi vida. —Esmeralda aún sonreía, pero aquella sonrisa estaba cargada de emociones que no solamente implicaban la alegría, sus gestos mostraban más que todas las palabras que sentía que tenía por decir—No necesito que respondas ahora, piénsalo, intentaré quedarme aquí el mayor tiempo posible, ¿te parece bien?
¿Que si le parecía bien? Sin duda, para Esmeralda, tenerle a su lado en aquel momento, era mejor de lo que podía imaginar.
—Yo también lo he estado pensando, y aunque sea una locura, me he dado cuenta de la increíble persona que eres, y tengo la certeza de que sí, de que quiero estar a tu lado, y no me importa todos los sacrificios que tenga que hacer... por amor.
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N.A: Me ha encantado escribir este capítulo, me gusta sentirme parte de la conexión que tienen, y creo que la forma en la que están avanzando es especial. ¿El final está cerca? No lo sé, porque puede que un día diga que sí, pero después se me ocurran nuevas ideas, así que no prometo nada xD Espero que les haya gustado :)