Finalmente Esmeralda había logrado sentirse más tranquila durante el vuelo en avión. Había abierto un poemario y enfrascada en su lectura, evitaba mirar por la ventana.
—Las vistas son preciosas... Pero lo son más porque estoy contigo—le dijo Miguel, y pese a todo el tiempo que hacía desde que ya se conocían, Esmeralda aún no había dejado el rubor que le acompañaba cuando Miguel le decía cosas así, unas pocas palabras que le calaban hondo en ella. —¿Por qué no miras por la ventana?
—Me parece estresante todo esto, nunca había ido en avión y no me ha gustado la experiencia. Saber que de un momento a otro podemos morir me aterroriza.
—Esme, no te preocupes por algo que no ha llegado, ¿vale? Lo único que importa es el presente. —Miró hacia el libro que leía—Me gusta saber que te has traído tus libros.
—Ya te lo dije un día, los libros a veces son buenos amigos—Esmeralda sonrió. —¿Cómo crees que será cuando lleguemos a tu casa?, ¿le caeré bien a tu familia?, ¿les has hablado de mí? ¿Y si no les caigo bien, qué tendría que hacer? —Esmeralda no paraba de hacerle un sinfín de preguntas que Miguel no sabía cómo responder, pero que tampoco encontraba necesaria su respuesta. Lo cierto era que él, no les había hablado de Esmeralda, no les había contado cómo la había conocido, si bien, sus padres habían empezado a sospechar por los últimos viajes que él había hecho, dando el mínimo posible de explicaciones.
—Son demasiadas preguntas, así que no sé por dónde empezar a responder ni siquiera sé si puedo responderlas—intentó quitar un poco de hierro al asunto mientras que Esmeralda cerraba el libro—pero si lo que te preocupa es cuando les veas, estoy seguro que les caerás bien, son mis padres así que supongo que es lo propio, pero déjame decirte que son buena gente, mi madre es muy cariñosa, y cuando conoce a alguno de mis amigos, siempre se muestra hospitalaria, como es ella, y mi padre, es más callado, pero también se puede confiar en él. Así que estoy seguro de que no tienes nada que temer, ¿de acuerdo? Y además, lo más importante es que me caes bien a mí, y no solo eso, sino que también te amo, y eso es lo primordial, lo que digan los demás es secundario.
—Pero... ¿no crees que dirán que hace poco que nos conocemos?—preguntó Esmeralda.
—Nos hemos conocido de otra forma, hemos aprendido antes palabras que emociones, pero qué importa delante del resultado final, y éste, se concentra aquí, en lo que somos nosotros ahora. En que eres la chica que sin saberlo me ha hecho sonreír más veces de las que puedo imaginar, y a quien a su vez, me muero por hacerla sonreír.
Esmeralda miró por la ventanilla con los ojos empañados, sentía que había cometido un error, pero no un error de aquellos imperdonables, sino de aquellos en los que sentía que no estaba haciendo lo que debía hacer. Porque una parte de ella, pensaba que ella no podría amar (aunque a su lado, lo creía posible), una parte casi invisible de ella, creía que no podría ofrecerle todo el amor que él le entregaba en forma de acciones más allá de palabras bonitas. Una parte de su corazón, temía que el amor se esfumara y comenzara la pesadilla.
Temía que llegase el día en el que al despertar olvidase su nombre, o que la situación diera un giro radical. O que él encontrara el amor en alguien más, y entonces, ella sabía que aunque le doliese, le dejaría ir, porque le amaba, y a fin de cuentas, cuando se ama a alguien, lo único que se desea es que la otra persona sea feliz.
Y Esmeralda era feliz a su lado, pero en su vida, había habido tantos momentos de desesperación a tempranas edades..., cuando se suponía que una niña pequeña debía jugar con muñecos y ella miraba hacia las cuentas de un negocio que ni siquiera seguía adelante, de una familia desestructurada en la que no había recogido más que unos pocos pedazos de amor, las sobras que le habían dado a su hermano.
Todo lo que ella había soportado, le había ido llenando de miedos y de inseguridades, que se materializaban en aquel momento.
Detestaba aquello, que el pasado se hiciera dueño de su presente, pero era complicado empezar una historia, cuando habían heridas que aún estaban por sanar.
Así que aquel día, cuando Miguel le miró a los ojos, con aquella mirada de «Eres lo mejor, que hasta el momento le ha pasado a mi vida», Esmeralda supo que algún día, no muy lejos, podría entregarle algo más que su corazón, y eso eran, todos sus pensamientos. Aquellas pesadillas que le habían atormentado cuando ella era pequeña y que le habían afectado en su percepción hacia el mundo.
Porque a su lado, a base de caricias, aquellas heridas dolían menos.
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Número equivocado
RomansaSu historia comenzó con un simple mensaje: "Querida Amelia [...]", enviado al destinatario equivocado. Cuando Esmeralda lee el mensaje de Miguel, una persona desconocida para ella, entenderá cómo a veces, las personas que menos conocemos, pueden pas...
