«XXVII»

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-27/6/2014-

Sé que ahora mismo pensarás que soy un acosador y entenderé si no me quieres responder, pero ¿podrías decirme la dirección de tu casa? ✓✓

Quieres secuestrarme? xD ✓✓

No, no te diré porqué, pero es algo bueno, ¿confías en mí aunque solo sea un poco? 
De verdad, prometo que no pretendo ni ir a robar, ni secuestrarte o semejantes xD 
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Esta bien ✓✓
C/Wagner nº 67, (San Sebastián) 
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Gracias :* ✓✓

Solo querias decirme esto? ✓✓

Sí, hasta otra :** ✓✓

Estas actuando muuy raro pero bueno, creo q me he acostumbrado :*** ✓✓

-30/6/2014-

Esmeralda había despertado sintiéndose como en un día más. Su madre ya había regresado a casa y se sentía bien por ello, pero al mismo tiempo se sentía entristecida al pensar en que había tenido que cancelar el viaje. 
Pero se dijo que otro día sería, y solo así, consiguió alegrarse porque su madre estaba bien y tener la certeza de que volvería a tener nuevas oportunidades.
Tardó algunos minutos en darse cuenta de que era el día de su cumpleaños número veinte.
Así que a media mañana decidió ir de compras, y al caer la tarde salió con Irene, su amiga, para ir a una fiesta. 

—¿Cómo está yendo tu cumpleaños?—le preguntó 

—Bien, no puedo quejarme—Esmeralda estaba contenta, simplemente contenta, pero sentía que no era completamente feliz en aquel momento. 

—¿Aún sigues hablando con aquel chico?—inquirió y Esmeralda empezó a contarle todas las novedades. 

—¿Ves como estoy en problemas?—dijo Esmeralda pensando en el revés que había dado la situación, cuando había pasado de ser una persona totalmente despreocupada a empezar a plantearse más seriamente lo que sentía respecto a una persona que estaba lejos de donde ella se encontraba. 

—Déjate llevar, a ver cómo acaba todo esto—fue lo único que le dijo Irene—y deja de pensar en ello que es tu cumple, y hay alguien que conoces pero con quien podrías hablar...—sugirió Irene y se llevó a Esmeralda hacia donde estaba un chico de su edad. —Quién sabe si puede llegar a pasar algo...—le susurró antes de dejar a Esmeralda sola en compañía del chico. 

Esmeralda ya conocía a aquel chico, si más no, le había visto algunos días en compañía de Irene, habían hablado algunas veces pero no demasiadas, sabía que se llamaba Fabián y que estaba estudiando arquitectura. 

Empezaron a hablar, Fabián le felicitó pero Esmeralda todo el rato estaba pensando en Miguel, ella le quería, y sentía que todo lo que había buscado, lo había encontrado. 
—Me ha gustado hablar contigo, pero es tarde y tengo que irme—dijo Esmeralda mientras que le enviaba un mensaje diciéndole a Irene que se iba de la fiesta. Durante el rato que habían estado hablando, se había dado cuenta de todas las miradas que él le había lanzado, seguramente lo había malinterpretado pero de todas formas, no quería cometer ninguna estupidez y sabía que lo mejor era volver a casa. 

—Nos volveremos a ver otro día, ¿no?—preguntó Fabián y Esmeralda sin saber qué decirle, se limitó a sonreírle y a decir adiós. 

Cuando Esmeralda llegó a casa pasadas las tres de la madrugada, se dio cuenta de que no había nadie despierto que le hubiese visto llegar, así que se fue hacia su habitación y una vez allí se sorprendió cuando se encontró con un gran ramo de rosas blancas sobre su cama. 
Confundida, se acercó hacia el ramo y se dio cuenta de que había una carta. 

«Espero que no haya llegado tarde mi regalo. 
Solo quería felicitarte, decirte que me hubiera gustado que estuvieses a mi lado, pero que he entendido que hay momentos en los que se debe esperar, y sé que valdrá la pena. 
Todo podría valer la pena con tal de conocerte. 
Sé que los kilómetros parecen algo insalvable, pero me gustaría que por un momento pensases que estoy aquí, porque la distancia no se mide por kilómetros, sino por qué tan cerca están las personas. 
Y yo, aunque no lo creas, siento que estoy cerca de ti. 
Siento que te sé de memoria, solo con mirarte a los ojos y apreciar tus increíbles sonrisas. (Digo que son increíbles porque me he dado cuenta que durante nuestras conversaciones apenas sonríes, pero cuando lo haces siento que daría cualquier cosa con tal de verte sonreír). 

Porque cada día en el que no recibo un mensaje tuyo miro a la pantalla del móvil hasta que veo aparecer tu nombre y con eso, con ese pequeño detalle, siento que me iluminas los días. 
No me preguntes porqué te quiero, porque esta vez no te sabré responder. 
¿Sabes qué dicen del amor? Bueno, probablemente dicen muchas cosas, pero en este caso, dicen que cuando amas a alguien sin saber porqué, entonces estás verdaderamente enamorado. 

Y yo me siento enamorado, de la vida, pero también de ti, sabiendo porqué lo estoy, pero aún pensando mejor todos los motivos por los que cada vez que te escribo siento que es como si los kilómetros fuesen desapareciendo porque un sentimiento más fuerte es capaz de quemar toda la lejanía. 
Felicidades, Esmeralda, espero que a partir de ahora, puedas celebrar muchos más cumpleaños, y creo que mi mayor deseo sería que estuvieses a mi lado. 
Miguel, 

P.D: Saca el ramo de rosas y mira qué más hay. Espero que te guste». 

Esmeralda se tomó algunos minutos para volver a leer la carta, y parpadeó mientras que empezaba a llorar, pero no era exactamente de tristeza, era de una felicidad creciente porque sabía que había encontrado a una persona única y excepcional que sin duda acompañaría sus sueños de noche y de día. 
Cuando finalmente se supo palabra por palabra, hizo lo que le indicaba la carta y se encontró con tres libros. 
El primero, era el libro de las mil y una noches, el segundo Madame Bovary, y el último Cien años de Soledad. 
Miró hacia los libros y sonrió, sabiendo que aquel, había sido uno de los mejores cumpleaños de su vida. 

 

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Número equivocadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora