Harry
El dolor atravesó mi cabeza casi como una bala llevándose todos mis sesos y dejándome el cerebro completamente vacío. Punzada tras punzada atacaban mi cráneo, tan fuertes e insoportables que me hacían quejar duramente y lamentar el haber bebido tanto la noche anterior. Sentía que el vomito se trepaba por mi garganta, dándome ese sabor ácido y amargo que me desagradaba de sobremanera. Todo yo era un gran y completo desastre, sumándole los lloriqueos y las muecas que incrementaban el dolor de cabeza que casi me carcomía vivo.
Me tomó verdaderamente mucho tiempo poder abrir mis ojos, escuchando inmediatamente el fastidioso y para nada calmado canto de los pájaros que se posaban en el árbol que había afuera de mi habitación. Maldije una y otra vez a la persona que hubiese dejado la ventana de mi cuarto abierta, mientras que me revolcaba como un gusano en la cama, buscando tranquilizar el dolor que se extendía por todo mi cuerpo y no me dejaba respirar siquiera en paz.
-Oh, maldito sea el alcohol y su llamativo sabor que me invitan a pecar –Me tallé los ojos con pereza y luego sobé con suavidad mis sienes, cuidando no aumentar el dolor que estaba a punto de hacer explotar mi cabeza por los aires. Bostecé con algo de cansancio, sin pararme a pensar porqué razón me sentía de esa manera, ya que era obvio que debido a todo el trago ingerido por mi débil cuerpo la noche de ayer, claramente estaría para morirme el día de hoy.
Mi ceño se frunció considerablemente al notar las sabanas que curiosamente cubrían mi cuerpo, identificando que aquellos llamativos colores nunca antes habían vestido mi cama. Me encogí de hombros sin darle mucha importancia, acordándome de ocasiones pasadas donde a Ana se le daba por hacer cambios en la casa e incluso mi cuarto y yo ni enterado.
Lo primero que hice cuando me vi de pie y bien parado sobre el suelo fue cerrar la maldita ventana, la cual, casualmente, captó mi mayor atención en unos simples segundos, y es que la diferente forma que esta tenía a la que ayer recordaba como mi ventana era gigante. Podía casi asegurar que su color era más opaco y su tamaño muy diferente a la mía, pero no podía siquiera creerme a mí mismo cuando me tambaleaba de un lado a otro y mis cinco sentidos no estaban trabajando en su mayor esplendor esta mañana.
-Quizás sea solo la resaca –Me rasqué el cabello, cerrando la ventaba que minutos antes me puso en conflicto conmigo mismo. Le saqué infantilmente el dedo de en medio a los pájaros que minutos antes atormentaron mi sueño, mientras que me despedía triunfantemente del sol que cegaba mis ojos cerrando las cortinas también. Suspiré con alivio y tranquilidad al verme en la oscuridad de mi cuarto, encaminándome al baño en cuanto pude mantenerme estable y con las suficientes fuerzas como para mover siquiera un músculo.
Tomé una toalla de un cajón que había en el armario, notando raro el hecho de que tuviese una toalla color azul con lunas y muñequitos animados por todos lados. Muy poco me importó ponerle la atención necesaria a los sucesos tan extraño que había estado presenciando desde que me levanté, bien sabía que en mi vida pasaban cosas extrañas y que no podía confiar en mi descabellada mente.
-¡Joder, que frío! –Me quejé en voz alta, reprochándome de alguna manera el hecho de no haber probado el agua antes de meterme como loco a bañarme solo para quitarme la sensación tan terrible que sentía al verme tan jodidamente desorientado y todavía un poco borracho. A duras penas conseguí que el agua estuviese templada, disfrutando así de mi rápido el baño, el cual no duró ni 10 minutos.
Enrollé la toalla alrededor de mi cuerpo y luego busqué una ropa cómoda para ponerme, frunciendo el ceño al ver aquella broma que se presentaba frente a mí. ¿Desde cuándo mi ropa se encogió? Además, ¿de dónde había sacado yo aquellas prendas que nunca en mi vida había visto? Ahora sí me encontraba mucho más confundido que de costumbre, y no es para menos, todo esto me tiene desconcertado.
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Juego de venganzas -Narry
Fan-FictionQuien iba a pensar que la vida de estos dos chicos se encontraría y que de juego en juego ambos terminarían enamorados. Niall Horan, chico abiertamente gay, temperamental, impulsivo y con un gran carácter, dispuesto a no dejarse de quien quiera pis...
